2022 Julio De encuentros y sincretismos

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De encuentros y sincretismos Tiempo de lectura: 22 minutos
En la era virreinal tuvo lugar uno de los mestizajes étnicos, religiosos y culturales de mayor riqueza en la historia de Occidente. El revestimiento simbólico de este sincretismo entre las realidades europea, indígena, asiática y africana se exalta en buena parte de las pinturas de castas. Pero es precisamente en el reino de las alegorías donde el discurso se torna plenamente simbólico. Nuestra Señora de Tonantzin-Guadalupe, la máxima figura de la devoción novohispana y mexicana, acompaña su rostro moreno con el resplandor solar de las vírgenes apocalípticas. La Trinidad, símbolo devocional de la Orden de los Caballeros de Malta, generó diálogos entre los ámbitos religioso y civil ante la comprensión tripartita del mundo que devino de los descubrimientos ultramarinos de españoles y portugueses. Pero será la era ilustrada y científica la que echará mano de poderosos símbolos de mestizaje para dar lugar a esa identidad criolla que mirará de reojo los albores del México independiente.


San Pedro y San Francisco en éxtasis En el mundo mesoamericano las plumas fueron objetos apreciados en el más alto rango, junto con la jadeíta y la turquesa: portarlas era crear un vínculo con la divinidad. Aunque la palabra «amanteca» hace referencia al obrero, también se designaba de esta forma a aquellos oficiales artífices de la pluma que elaboraban artículos suntuarios reservados a la aristocracia. Tras la Conquista, los primeros frailes embellecieron imágenes cristianas al solicitar a los plumajeros, mexicas y purépechas, que realizaran mosaicos con esta rica tradición.

Los diseños creados sobre amate, el papel de los códices o metal, fueron recubiertos por plumas de colibrí, gorrión y pato, con aplicación de óleo y oro.

El estilo del Occidente se caracterizó por crear marcos falsos con diseños florales y roleos que daban contención a escenas al aire libre. Piezas que sin lugar a dudas, muestran el sincretismo cultural que las manifestaciones artísticas tuvieron en estas tierras.

AM



Cristo de la expiración El Concilio de Trento (1545-1563) propagó la imagen del último aliento del Hijo de Dios en la Cruz. Los escultores emigrados de China que se habían avecindado en Filipinas y los llamados «sangleyes» –de las voces sang-lui o senng-loi, que significan «mercader» o «comerciante»– ofertaron tallas desde la zona de Fuijián. El pliegue epicántico y los párpados superiores de doble curva contrastan con las anatomías exageradas de mayor musculatura. El ensamblaje de los brazos a la altura de las axilas permitía que se aprovechara la materia de los incisivos de los elefantes asiáticos que, a diferencia de los africanos, eran más blanquecinos y de mayor facilidad para su talla.

Las obras compitieron en calidad con los trabajos lusos que nutrieron grandes colecciones desde Cochín, Calicut y Goa.

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Cristo muerto El padre Bernardino de Sahagún apuntaba: así como un médico debía conocer las enfermedades corporales para poder atacarlas, era necesario que el religioso conociera las enfermedades espirituales para sanarlas. De acuerdo con los conceptos misioneros del papa Gregorio XV (1621-1623) sobre el carácter sagrado de la religión, expresados en la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, lo hispánico y lo prehispánico forman una anastomosis, explica el investigador Antonio Rubial. Este Cristo procesional siguió la técnica tarasca tatzíngueni. Luego de cortar las cañas de maíz se hervían y tras su secado, se descortezaban para aprovechar la médula, que se trituraba con la goma de una begonia u orquídea, llamada en tarasco «tatsiqui» y finalmente se modelaban las figuras

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Alegoría de la Santísima Trinidad Esta obra muestra a san Pedro como primer pontífice, con la silla apostólica a sus espaldas, las llaves en una mano y la mitra a sus pies. Viste alba, estola y capa pluvial bordadas, y sostiene entre las manos un diagrama didáctico que explica el misterio de la Santísima Trinidad como fundamento de la Iglesia: el Padre Eterno engendra al Hijo; el Hijo fue concebido por el Padre; el Padre y el Hijo producen al Espíritu Santo; el Espíritu procede de ambos; ninguno es igual al otro, pero todos son consustanciales. En lo alto, dirigen rayos de luz las tres Sagradas Personas: Cristo con la Cruz y los signos de la Pasión, el Padre con el orbe y el cetro, el Espíritu Santo como una paloma. Por último, un par de serafines pronuncian alabanzas: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.

LR



Santísima Trinidad En 1745, el papa Benedicto XIV prohibió la representación de la Santísima Trinidad, porque negaba la esencia inmaterial del Espíritu Santo. Con aquellos pinceles que sellarían el Tránsito al Neoclasicismo, Cabrera expresó la complejidad del dogma a través de la misma anatomía facial con la distinción de los colores.

En el centro se encuentra Dios Padre con túnica blanca, símbolo de la revelación y con el Sol en el plexo. Jesucristo, a la diestra del Creador, viste de azul, color que evoca a su identidad divina; los estigmas en sus manos y pies, así como el Cordero místico en su pecho, recuerdan el sacrificio salvífico. El rojo y rosa de la vestidura del Espíritu Santo representan el amor y el fuego del Pentecostés de llama viva.

FC



Nuestra Señora de la Luz La devoción sincrética novohispana hizo permisibles ciertos cultos que fueron severamente censurados por el Santo Oficio de la Inquisición en Italia. Mucho se discutió sobre el papel corredentor mariano y el culto a Nuestra Señora de la Luz, que fue alentado por la Compañía de Jesús sobre todo en el Camino Real de Tierra Adentro.

Los centros argentíferos abrazaron especialmente esta devoción a María, quien con la fuerza de su diestra saca de las fauces demoníacas al alma del purgatorio, mientras que Jesús rescata el corazón inflamado para reunirlo en una rebosante cesta de amor sostenida por un ángel.

El modelo iconográfico nació en los albores del siglo XVIII y se extendió más allá de la era virreinal. Exploración del Tránsito al Neoclasicismo, los sepias, rosados, azules y grises ya corresponden con un gusto moderno y afrancesado dictado por los borbones.

AM



Traslado de la Casa de la Virgen de Loreto De acuerdo con la tradición, en 1291 la casa de la Madre de Dios fue levantada por ángeles, quienes la cruzaron sobre el mar de Nazaret a Dalmacia, para ser protegida de las invasiones de los mamelucos. Tres años después, el 10 de diciembre, la Santa Casa fue llevada más allá del Adriático a un bosque de laureles (Lauretum), Loreto, hoy Italia.

Esta advocación de la Virgen de Loreto dio lugar a una especial devoción en las ciudades del Camino Real de Tierra Adentro y sus ramales, donde se levantaron monumentales capillas en su honor, entre ellas la del Colegio Jesuita de Tepotzotlán, San Miguel de Allende, Tamaulipas y Zacatecas.

Este luneto fue donado al Colegio de Guadalupe, Zacatecas, por unos mecenas de las minas de Chihuahua. Símbolo del patriotismo criollo, cualquier latitud puede recibir favores y dones de la familia extendida del Redentor en el cielo y en la tierra.

AM



Compendio gramatical para la inteligencia del idioma tarahumara Los franciscanos relevaron a la Compañía de Jesús en su labor misionera de la zona más septentrional del virreinato de Nueva España. Fray Miguel Tellechea se formó en el Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe de Zacatecas, fue ministro del pueblo de Chinipas (actual Chihuahua) y presidente de las misiones de la sierra Tarahumara en tiempos de la Independencia de México y los primeros años de la República, de 1816 a 1828.

Puente entre realidades, este compendio aborda la doctrina cristiana, oraciones, pláticas, y otras cosas necesarias para la recta administración de los santos sacramentos.

Si bien es un estudio referencial, para el siglo XIX y ya restituida la orden de Loyola, el ignaciano español Leonardo Gassó (1865-1936) redactó una nueva gramática del tarahumara y tachó a su predecesora de desorientada, pues confunde a quien la tome en sus manos.

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Fray Francisco Rousset El venerable, ilustrísimo señor obispo don fray Francisco Rousset fue natural de la Habana, de donde vino a México a dedicarse al comercio. Después de varios viajes comerciales emprendidos hasta Sonora, y habiendo establecido un almacén con un capital cuantioso, sufrió una enorme pérdida; pues se le incendió su establecimiento. Ingresó al Colegio de Guadalupe, Zacatecas, donde profesó el 3 de mayo de 1775. Fue uno de los grandes misioneros en la lejana Tarahumara y se le condecoró por sus méritos con el cargo de «presidente» de aquellas misiones, mismo que ejerció hasta 1796, año en que fue nombrado obispo de la diócesis de Sonora. Murió el 29 de diciembre de 1814 durante la Guerra de Independencia.

La maestría de Juan de Sáenz coloca al fraile en pose de bendición delante de un grupo de indígenas. En la parte superior se puede ver el emblema eclesiástico utilizado por el padre Rousset, en el que destacan la imagen de la Virgen de Guadalupe, el escudo de la Orden Franciscana y la frase De mi Desiderio Godo.

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Fray Margil de Jesús Hacia 1682 un grupo de veintidós franciscanos encabezados por fray Antonio Linás viajaron de España a América para establecer colegios donde los misioneros tuvieran una formación adecuada, entre ellos, Nuestra Señora de Guadalupe en Zacatecas, fundado el 12 de enero de 1707 por el fraile valenciano Antonio Margil de Jesús, quien se distinguió por su labor misional en Querétaro, donde evangelizó parte de la Sierra Gorda, aunque también dejó huella en Michoacán, Chiapas, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras.

El artista pintó el verdadero retrato del llamado fraile de los pies alados, quien desde el bastión misional zacatecano impulsó a numerosos grupos de frailes para evangelizar las tierras del norte, e incluso las alas del heraldo lo llevaron a comunicar Texas y Nuevo México.

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Retrato de Francisco Xavier Alegre con la personificación de Nueva España Sobre un alféizar se mira la efigie del padre Francisco Xavier Alegre, dentro de un medallón de acantos y listón encarnado en el formato oval propio de los hombres ilustres. El cronista ignaciano viste túnica talar y sostiene en las manos un volumen de su Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España. Un angelito señala las páginas de un tomo abierto, mientras otro se apresta a coronarlo con laurel. La figura alegórica de América Septentrional como noble cacica, que simbolizaba la existencia jurídica del reino, porta carcaj y arco, diadema o xiuhuitzolli (atributo de autoridad del tlatoani mexica), y trompeta que cantará la fama de tan célebre y erudito hijo.

LR



Alegoría de san Juan Nepomuceno como patrono de la Real Universidad de México Este cuadro –de estilo cercano al de Morlete Ruiz o Vallejo– ha sido relacionado por Jaime Cuadriello con la jura de san Juan Nepomuceno como patrono de la Real Universidad de México en 1745. La devoción al santo checo, tutelar del secreto de la confesión y de la buena fama, fue introducida por los jesuitas y arropada por los cabildos y otras corporaciones. Se le mira triunfante, coronado con los cinco astros que acompañaron su cadáver en el río Moldava. A su lado, dos angelillos sostienen su birrete borlado de doctor y la palma del martirio, y uno de ellos se lleva el índice a los labios como seña del sigilo. Dos matronas diademadas personifican los reinos bajo su patrocinio: España, con cetro; Nueva España, de tez más oscura, con la mano en el pecho en ademán de consentimiento.

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La aparición en el Tepeyac El milagro de las rosas fue repetido de forma incansable en Nueva España sobre todo a partir de 1648, siendo evidente que, existiendo primero la imagen, fruto de un milagro, solo posteriormente se narró su historia, en palabras de la investigadora Juana Gutiérrez Haces. La tercera aparición guadalupana muestra a san Juan Diego arrodillado, y en su tilma se aprecian las rosas mientras él aguarda obediente las nuevas indicaciones de la Madre de Dios.

Para el último tercio del siglo XVIII fueron comunes las escenas que mostraban el amplio celaje y los accidentes del cerro de Tepeyac. No aparece la Colegiata de Guadalupe ni el poblado. Ante el patriotismo criollo estas imágenes muestran, amén de tan regia aparición, la tierra en dignidad.

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Escudo de armas de México, celestial protección de esta nobilísima ciudad Nacido en Nueva Galicia, el discípulo de Juan Correa encontró un lenguaje propio en los primeros años del siglo xviii. El maestro de Miguel Cabrera inventó un dibujo que recordara que entre 1737 y 1739, Nueva España fue azotada por la epidemia de matlazáhuatl, tabardillo o tabardete. Pudo tratarse de peste, tifus o fiebre tifoidea con la presencia de pústulas en el cuerpo. El brote epidémico habría iniciado en un obraje de lana del pueblo de Tlacopan. En 1746, el erudito novohispano Cayetano de Cabrera y Quintero recopiló valiosa información histórica sobre los recursos médicos empleados para combatir la epidemia. Proporcionó la sintomatología y las medidas adoptadas por los gobernantes para evitar su propagación, entre ellas, la solicitud de la protección celestial de Santa María de Guadalupe. El libro editado por la viuda de Joseph Bernardo de Hogal tuvo el diseño del frontispicio de José de Ibarra, grabado por Baltasar Troncoso.

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El patronato de la Virgen de Guadalupe sobre América Los procuradores jesuitas comisionaron imágenes alegóricas para celebrar la declaración pontificia de la Virgen de Guadalupe como patrona de Nueva España. Grabada por los hermanos Klauber en Augsburgo, la estampa sirvió como base para al menos una docena de óleos realizados por artistas novohispanos.

La Virgen Morena, acompañada por santos y patriarcas, reina entre un coro celestial; los ángeles volanderos le ofrecen sendas coronas. En la parte inferior se encuentran Benedicto XIV y una indígena cacica que sostiene la imagen del águila, emblema de la América Septentrional. La ausencia de la personificación de España y la dignidad del símbolo del Imperio Mexicano dan cuenta del fervor del patriotismo criollo.

LG



La proclamación pontificia del patronato de la Virgen de Guadalupe sobre el reino de Nueva España Atribuida al pincel de Miguel Cabrera por el investigador Jaime Cuadriello, esta obra narra un evento religioso cardinal en la historia de Nueva España. El procurador jesuita Juan Francisco López presenta al papa Benedicto XIV la imagen de Santa María de Guadalupe, pintada por el oaxaqueño sostenida delicadamente por ángeles volanderos. El pontífice reconoce el patronazgo, mientras que los testigos de espaldas son dos canónigos de la Catedral de México: los hermanos Torres, criollos, teólogos y donantes de la Biblioteca Turriana.

Inscrita en la tradición de los Atlas o Mapamundis Mariales, la obra está enmarcada por diez advocaciones marianas que le otorgan un carácter alegórico; según la cultura novohispana, en particular la jesuítica, cada imagen podía ser interpretada como metáfora de los signos zodiacales que reconocen a su Hermana en espejo constelar.

FC



Visión de San Juan en Patmos–Tenochtitlan La proclamación pontificia del patronato de la Virgen de Guadalupe sobre el reino de Nueva España tuvo lugar en Roma en 1754. Luego de intensas diligencias y el empeño de la Compañía de Jesús, se solicitó a Antonio Vallejo la elaboración de esta lámina.

Transición del Barroco al Neoclasicismo, el autor muestra la visión de un Juan Evangelista joven, en la Isla de Patmos, en una trasfiguración del patriotismo criollo. El águila –su símbolo del Tetramorfo– posa sobre un nopal de reminiscencia mexica. Como un nuevo códice, la Virgen del Apocalipsis es María de Guadalupe, presidida por la Trinidad. San Miguel Arcángel; san José, patrono de Nueva España; y san Juan Nepomuceno flanquean a la Madre de Dios, quien se convertiría en Patrona de América.

AM

Antes de imprimir este artículo, se debe pensar bien si es necesario hacerlo: el medio ambiente es cuestión de todos.