Revista / 2023 Noviembre / Marek, hecho de corazón
Mónica López Velarde Estrada | Curaduría
Marek Keller (1946-2023) llegó a Museo Soumaya del brazo del escultor y pintor, Juan Soriano (1920-2006), quien había realizado para Plaza Loreto la obra La sirena (1994). Desde su llegada a esta institución fue amigo, asesor y cómplice de proyectos conjuntos. Con la desaparición de Soriano, Marek conservó un fervor por los temas y asuntos artísticos; se convirtió en un importante gestor cultural que lo mantuvo cercano a los propósitos expositivos y de divulgación del Soumaya. Aquí un recuerdo de aquellas andanzas y convivencias.
El encuentro, en la ya mítica dirección: Ámsterdam número 70, colonia Condesa, Ciudad de México. Marek, apacible, Marek Michal Keller Kolodziejczak, afable, se asomó por la ventana del segundo piso de la casa de profundo gris, ventana que correspondía con la oficina, y en un momento abrió la puerta.
Subamos, que todavía tengo cosas por terminar. Vio mi grabadora y la pregunta tajante: ¿Vas a grabar? E inmediatamente después, ¡no sé qué va a salir de esto!
Alto, vestido de manera discreta, informal… Ya sentados, frente a frente en el escritorio lo pude ver mejor. Sus ojos azules a través de las gafas de grandes aros. Recibió llamada tras llamada: el curador del Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía, José Miguel Ullán, quien hablaba de su próxima exposición, Juan Soriano. Aves de paso; algún proveedor; alguien más quien solicitaba información sobre el artista, un interlocutor quien habló con Marek en polaco. Conmigo, su castellano estupendo.
Empezó la entrevista sin que me volteara a ver: él, absorto en los avalúos de las piezas que comprenderían la muestra en Museo Soumaya. Comencé:
Mónica: Cuéntame de ti, de tu niñez, ¿quiénes fueron tus padres?, ¿qué estudiaste?, ¿en dónde trabajaste? Inmediatamente dejó de escribir, se quitó los lentes y empezó a hablar con su mirada fija en la nostalgia.
Marek: Trabajé más o menos hasta cuando tenía 22 años y salí de Polonia. Era el momento de la situación política del comunismo puro. Todo el mundo en Polonia pensaba que iba a ser para siempre, entonces salí un corto rato a Estados Unidos pasando por París. Decidí: no voy a regresar a Polonia, arreglaré mi situación en Francia. Me dieron papeles y ahora tengo la nacionalidad francesa. En París conocí a Juan.
Mi padre en Polonia era jefe de una estación. Vivíamos en la primera ciudad en donde paraba el tren que salía de Varsovia camino a Cracovia: Piaseczno. Mi madre trabajaba en casa, se ocupaba de nosotros, de mi hermano, mi hermana, de mí que nací el último, diez años después de mi hermano. Ellos eran excelentes estudiantes. Mi hermano Wieslaw siempre fue el primero en la universidad. Me ayudaba con las materias en la casa. Muchas veces, desesperado, cerraba el libro y me daba con él en la cabeza. Lo quise muchísimo. Yo estudiaba quince minutos antes del examen y lo pasaba.
Siempre tuve facilidades en la música, buen oído, parece que la voz bastante buena, entonces, desde joven iba en el mismo tren que pasaba por la estación de mi papá, yo creo que tendría ya quince o dieciséis cuando iba a Varsovia a tomar clases de piano.
En uno de esos viajes pensé que si no pagaba el pasaje me podría comprar un helado en Varsovia. Me metí al tren sin pagar y desde luego me agarró un oficial y me llevó a la cárcel de la estación. Yo dije que era quien soy, pero debía demostrarlo y esperaban que avisara a mis padres por ser menor de edad. Yo, muerto de miedo, no lo hice, así que decidí llamarle a mi maestra de piano, una mujer muy distinguida que pagó la multa y nunca le contó nada a mis padres. Imagínate, mi profesora de música me sacó del «bote».
Después, empecé a estudiar canto. Cuando me tocó el servicio militar inmediatamente me mandaron a un grupo que daba conciertos con orquesta y con coros de solistas y con bailarines, entonces ahí hice el servicio militar y pasé mi examen para ser miembro de un grupo que se llama Mazowsze, que existe todavía. Se puede decir que es un equivalente al espectáculo de Amalia Hernández en México. Representa bailes, cantos de varias regiones del país y viaja mucho al extranjero. Ahí canté, tengo la voz de barítono, y también bailé porque ahí todos cantan y bailan. Entonces viajé con ellos durante estos tiempos políticamente difíciles. Era como una «tarjeta de visita», la gente de Polonia podía salir, viajar por el mundo. Lo que no era verdad. Pero algunos tenían este privilegio como entre otros este grupo, y varios de mis colegas ya no regresaban a mi país. Yo durante mis primeras vacaciones que nos toca a todos, pedí mi pasaporte. Siempre regresaba porque yo no quería faltar a mi trabajo en el que me tenían confianza. La familia lejana que tengo en Estados Unidos me invitó y ahí me quedé un rato. Después regresé a París y ahí decidí me quedo.
A Juan lo conocí muy pronto, quizá tenía 23 años. Juan llegaba de Roma con un trabajo que tenía que hacer en París. Nos presentó Sergio Pitol que había conocido en Polonia y que estaba en la embajada de México en Francia como agregado cultural del embajador Carlos Fuentes.
Mónica: ¿Qué tomó Juan de tu mundo?
Marek: ¿Juan del mundo mío? Yo creo que bastante menos que yo en el mundo de Juan por las razones obvias, porque era como mucho menos contacto con Polonia. Yo era extranjero. Juan, cuando lo conocí, ya era una persona famosa. Donde iba él llegaba la gente. Su mundo era mucho más amplio, mucho más grande que el mío porque yo tenía pocas amistades fuera de mi patria, pues mi mundo era mis intereses por ella, el amor a la música de Juan, lo compartía. Las pocas personas polacas que conoció le caían muy bien. Se adaptaba, aunque era muy difícil la comunicación. Nunca aprendió polaco, nada más algunas frases. No es un idioma fácil. Una de las primeras palabras que aprendió de mis amistades fue stara kurwa, en español vieja puta y Juan las decía como saludo. Cuando en alguna recepción le preguntaban si sabía hablar polaco, él orgulloso pronunciaba su expresión aprendida. Ya cuando supo su significado la siguió diciendo, sobre todo en situaciones de alto protocolo que hacía que a alguna distinguida señora se le cayera el canapé de la boca. Otras, con más humor le preguntaban ¿por qué lo de stara [vieja]?
Juan no tiene mucha facilidad para aprender los idiomas nuevos, entonces yo creo que Juan en mi mundo, lo más importante fue compartir los intereses comunes que descubrió en mí: la música, la comida, el interés por el arte. Por los museos yo lo tenía, no muy desarrollado, pero Juan me lo fomentó de una manera impresionante. Siempre me interesaba, pero después de oír a Juan hablando del arte o visitar los museos junto con él, era un goce impresionante.
Cuando conocí a Juan yo no hablaba nada de español, hablaba francés y hablaba inglés, y nos comunicábamos primero en inglés y eso se prestaba a muchas situaciones chistosas porque, por ejemplo, para Juan era muy difícil distinguir Wednesday [miércoles] y Thursday [jueves], entonces nos citábamos el Wednesday [miércoles] y Juan llegaba el Thursday [jueves], porque para él era absolutamente lo mismo. A mí siempre me gustó el español, entonces decidí tomar clases en Berlitz en París. Después con las amistades de Juan que a cada rato llegaban, empecé a hablar mal, pero empecé a hablar. Me corrigen. Entonces voy a aprender, y así fue. Juan cuando necesitaba, hablaba francés, hablaba inglés, pues era una persona de gran inteligencia y nos comunicamos. También creo que en aquellos momentos él se sentía solo y yo también.
Marek es una mezcla natural y espontánea de ternura y eficacia. Marek puso orden en mi vida, perdí exotismo pero gané tranquilidad.
Juan Soriano
La educación de Juan era bastante mexicana, aunque no era una familia muy rica, siempre hay nanas, entonces los niños crecen, y todo alrededor de ellos lo hacen otras personas. Después, ya cuando se liberó solo tenía su estudio, pero es lo mismo, siempre hay otras personas que te hacen muchas cosas. En Polonia eso no existía, además yo terminé el servicio militar que también te educa de cierta manera a organizarte. Yo creo que nací bastante organizado entonces sí, a mí me gusta organizar las cosas, organizar la casa, organizar el trabajo… Juan estaba completamente perdido y yo creo que no le interesaba. Además, en el fondo qué bueno porque lo que le era más importante era estar en su estudio y trabajar, pues gracias a Dios, ¡imagínate!, Juan todavía metiéndose en otras cosas, en la cocina, si la renta del departamento está pagada o no o si hay dinero en el banco. Yo nada más le decía de vez en cuando: Juan, por favor, termina este cuadro porque ya estoy comprando la mitad de una baguette de pan; para una entera no me alcanza. Él se dio cuenta bastante rápido que yo hago todas estas cosas muy bien. Esto fue desde el principio muy claro y a Juan lo que de verdad le interesaba siempre era estar en su estudio y trabajar. Entraba temprano, salía un rato a la hora de la comida, regresaba inmediatamente. Después salía hasta la noche y así prácticamente toda su vida.Mónica: ¿Se quedó algo por hacer con Juan Soriano?
Marek: Sí, se quedan cosas que podrías hacer y no hiciste. Pero no podemos volver atrás aquellos momentos y tratar de hacer lo que no hicimos. Mejor concentrarse en las que hiciste e hiciste bien.
Viajamos mucho, puedo decir que muchísimo, porque primero siempre eran estas dos casas, desde hace muchos años, París-México, pero también estando en Europa y estando aquí siempre hay viajes. Algunos por las exposiciones y otros por simple placer, o interés de que Juan o los dos queríamos ver algo. Juan era capaz de atravesar el mundo entero para ver alguna obra de arte en algún lugar, en algún museo de alguna provincia de algún país. Era algo impresionante. Entonces eso hacíamos. Después decía que los viajes no le gustaban. Recuerdo muy bien la frase que Juan decía: me gustaría ser tan rico, tan rico para poder ya no viajar nunca. Pero era un poquito difícil en decidir, pero ya cuando se decidía lo disfrutaba muchísimo, era maravilloso compañero de viaje. Varios viajes hicimos con algunos amigos, con Teodoro González de León, con nuestra amiga Pancha, los Davidoff, los Abedrop, los Leites, Yolanda Quezada, Gina Soni, José-Miguel Ullán y Manolo, la familia Castiglione. ¡Qué cantidad de amigos formidables! En algunos países, Juan disfrutaba mucho viendo a los amigos. Con ellos estaba feliz. Entre los viajes siempre trabajaba, traía algunas libretas de apuntes, se sentaba, apuntaba las ideas. Disfrutaba muchísimo los viajes.
A la pregunta ¿faltó algo de hacer con Juan Soriano? Siempre se puede hacer más y trabajar mejor. Pero también ¿se puede hacer más después de que pasó lo que pasó? Te preguntas ¿por qué no fuiste con otros médicos, por qué no fuiste a otro hospital cuando Juan ya se sentía mal? Creo que es legítimo tenerlas, pero también estoy tratando de explicarme a mí mismo de que quizás simplemente le llegó su hora. Entonces estuve cerca de él todo el tiempo e hice lo que yo consideraba que hay que hacer. Pues si estuvo bien, si se podría hacer más… siempre tengo estos pensamientos que me pasan por la cabeza.
Mónica: Juan no tenía pieza preferida, pero tú, seguro sí.
Marek: ¿La mía? Pues fíjate que tampoco tengo. Quizás por egoísta, el retrato que me hizo, el de la ventana, porque en este cuadro encuentro mucho de nuestras conversaciones. Juan antes de ir por primera vez a Polonia, yo le contaba del invierno, y es tan característico en los países en donde hay mucho frío, que muchas veces las ventanas se cubren completamente de hielo. No se puede ver a través de los vidrios y este hielo tiene como unos dibujos y de esto veo un poco en mi pintura. En esa ventana hay como un ángel. Esta ventana tiene el dibujo, que se hace cuando hace frío. Después Juan lo vio cuando fuimos a Polonia. Este cuadro lo encuentro muy íntimo, muy nuestro. Me gustan todas las demás obras, las esculturas y los dibujos. Tengo este comentario solo de mi retrato, pero no tengo tampoco una favorita.
* Entrevista publicada en el catálogo que acompañó a la exposición temporal Juan Soriano- Santo y seña que se presentó en Museo Soumaya-Plaza Loreto, en 2006. Títulos parafraseados a partir de fragmentos de los libros de Elena Poniatowska. Juan Soriano Niño de mil años, 1998; y de los catálogos de las exposiciones del Museo Amparo, Juan Soriano la rebelión y la libertad y Celebración a Juan Soriano de 2005.