Revista / 2023 Noviembre / Extracto de la entrevista a Marek Keller…
Por Alfonso Miranda y Francesca Conti
Alfonso: Muchas gracias, Marek, por reencontrarnos ante el centenario de un hombre vital, incansable, imaginativo, con profundo sentido del humor, artista excepcional. Muchas gracias por recibirnos en tu espacio para celebrar cien años de Juan Soriano.
Marek: Bienvenidos a su casa. Bienvenidos.
Alfonso: Cuéntanos de ese París de principios de los setenta, con la complicidad de Sergio Pitol… ¿Cómo lo recuerdas?, ¿cómo evocas ese primer encuentro con Juan Soriano?
Marek: Pues me acuerdo de él bastante bien porque Sergio [Pitol] me dijo que de Roma vendría un amigo de él, pintor mexicano, Juan Soriano. Es una persona maravillosa e interesante y lo tienes que conocer. Entonces un día fuimos al taller en donde Juan trabajaba haciendo las litografías para la firma Olivetti que le encargó estas obras, y de ahí conocí a Juan. Trabajaba, trabajaba, hacía sus cosas en piedras litográficas tremendas, grandes, pesadas. Los amigos que trabajaban, otros pintores, lo admiraban mucho porque Juan trabajaba mucho más que ellos. Juan desde temprano hasta tarde-noche hacía estas piedras, trabajaba, trabajaba. Entonces me impresionó mucho y después ya empezamos a vernos bastante, nos veíamos en la casa de Sergio Pitol, que conocí varios años atrás en Polonia. Era un tiempo maravilloso, sobre todo en la embajada de México porque con el embajador Carlos Fuentes todo era maravilloso. La embajada y sus recepciones estaban llenas de gente conocida, interesante, de las estrellas del cine, de los pintores conocidos. Entonces yo, de repente, puedo decir de esta «casi provincia polaca», entro al mundo que era maravilloso, inolvidable, distinto de todo, de todo lo que yo hacía hasta este momento y puedo decirte que todo gracias a Juan.
Francesca: Si, justo París era la capital del arte en aquel entonces. Cuando Juan Soriano solía describir el arte, decía que era algo profundamente humano, cargado de las bondades, de los errores, de todo lo que caracteriza al ser humano. Precisamente, ¿cómo fue vivir una vida de arte desde la danza hasta coincidir con Soriano, y convertirse en promotor de eventos culturales, no solo en México, sino a nivel internacional?
Marek: Pues mi vida anterior era la vida, primero llena de la música –y el amor a la música sigue–, aunque de cantar, de bailar, era lo que hacía antes en Polonia. Lo que empecé a hacer alrededor de Juan –tratar de organizar las cosas que eran tan desorganizadas, que ya no sabías por dónde agarrar– me gustó tanto que ya no me hizo falta lo que yo hacía antes porque entré a un mundo muy interesante, fantástico, desconocido hasta el momento; un mundo en el que cada momento yo descubría cosas interesantes, nuevos cuadros interesantes, nuevos pintores explicados por Juan, sobre todo, cómo vivían tantos años en Italia; el arte italiano estaba muy cerca de nosotros. En aquella época, Juan estaba un poco, puedo decir, un poco peleado con su país, con México, por las cosas feas de Tlatelolco y otros temas. Estos descubrimientos que conocías nada más de los libros de arte, los pintores, los artistas, escultores, sus cuadros, eran fascinantes. Entonces entré al mundo maravilloso y pronto se me olvidó el mundo y las ocupaciones que yo tenía antes.
Alfonso: En relación con el proceso creativo de Juan y de tu trabajo con él como gestor, ¿le costaba trabajo vender su obra, ese desprendimiento final? ¿Alguna vez pensó «me gustaría quedarme con ella, o lo pensaste tú?»
Marek: Bueno, la reacción de él y la reacción mía eran muy distintas. Él, preguntas por las ventas, yo puedo decir que él prácticamente no vendía porque si alguien por ejemplo quería algo, una escultura o un cuadro, y tenía un suéter bonito, se lo daba a Juan; cuando él aceptaba, le entregaba el cuadro, eso no estaba tan bien. También los asuntos de las finanzas con la gente profesional de ventas eran muy malos: no se acordaba en dónde había dejado el cuadro, si le pagaron algo o no le pagaron… Entonces era un momento bastante difícil; cuando en cierto momento yo vi esto y simplemente empecé a escribir a algunas galerías en México, diciendo, presentándome… un desconocido polaco te habla o te escribe una carta, y te pide dinero, ¡¿qué es esto?! Entonces yo preguntaba: usted parece que pagó a Juan Soriano los primeros quinientos dólares, pero quedaron tantos y tantos. ¿Qué pasa?, ¿cuándo los va a recibir? Entonces había unas cosas bastante desagradables, parece. Pero cuando yo llegué a México, conocí a todas estas personas, nos hicimos amigos maravillosos y seguimos hasta ahora.
Alfonso: ¿Y ahora este museo que lleva su nombre y este espléndido jardín?
Marek: De este museo, yo puedo decir que es un… como un logro, pues yo no soy la única persona que lo hizo, pero era mi… pues, mi sueño. No era sueño de Juan, para nada, que eso no le importaba nada, pero me importaba a mí. Por eso, desde hace muchos años, empecé a guardar algunas obras, no venderlas o no tratar de venderlas, pero guardar o comprar también algunas obras de los estilos y periodos anteriores, para tener una colección si se puede lo más interesante posible, que abarque todo. Entonces buscaba los cuadros de la época muy temprana, buscaba las cerámicas y con el tiempo se hizo una colección muy importante de todo en lo que Juan trabajó y toda esta colección está ahora en el Museo Juan Soriano en Cuernavaca.
Alfonso: ¿Y el jardín escultórico?
Marek: Eso fue otra idea y yo puedo decir que muy personal mía, porque en el último viaje que hicimos Juan Soriano y yo a Polonia, fuimos a este lugar cerca de Varsovia, más o menos a cuarenta y cinco minutos, una propiedad abandonada, todavía con unos puntos de la belleza anterior, hace muchos años, porque ahí existía un palacio muy bonito que antes de la Primera Guerra Mundial era la pensión para las niñas de buenas familias, ¿qué tal? Desgraciadamente fue destruido en la guerra; desapareció, pero quedó una casa más chica, muy bonita, en donde yo vivo ahora y bueno, Juan vio este lugar, le gustó muchísimo, y pronto regresamos a México y en pocos meses, falleció. Entonces yo después, en mi primer viaje a Polonia regresé ahí y caminé por el lugar, me recordaba a los comentarios de Juan y este lugar se hacía cada momento más cercano, más mío, más maravilloso. Bueno, empecé a hablar con la dueña, que era una señora maravillosa ya de cierta edad, para ver si ella podría vendérmelo. No quería, no quería, no quería, pero yo insistí e insistí y por fin me dijo que sí, pero en el momento que pasó esto, yo me dije a mí mismo: bueno, es mío, ¿y ahora qué? Ahora es el problema de qué voy a hacer con esto y pensando, se me ocurrió que esto podría ser como un lugar de Juan fuera de México, en un país muy lejano, muy raro, muy de todo, y pensé: esto que hice con varios amigos, que hay tantos pájaros maravillosos polacos y otros de aquella parte del mundo, que buscando los países calientes para pasar los crudos inviernos europeos, van hasta llegar a México y yo me decía y qué tal si yo podría llevar allá los pájaros grandes en bronce de Juan Soriano. Pueden hacer lo contrario, que vuelen aquí, a este lugar, que miren alrededor, que se queden, yo los voy a cuidar y ojalá y les gusta el paisaje, y aquí se van a quedar muy felices y muy contentos. Y así fue, era un trabajo, pero a mí el trabajo nunca me asustaba. Entonces las esculturas, empacar en México, mandar a Veracruz, en Veracruz los barcos, los contenedores, atravesar el mundo hasta Europa, Alemania, después Polonia, después por tierra hasta este lugar, hasta este jardín, pues era un trabajo fuerte pero maravilloso al mismo tiempo, porque yo veía cómo este lugar cambia y se hace cada momento como más de Juan Soriano y la gente que lo veía. Los primeros visitantes no lo podían creer…
Francesa: En 2004 nació la Fundación Juan Soriano y Marek Keller, que tiene como objetivo proteger la creación artística de Soriano, pero también promoverla, y vemos cómo a partir de estos cincuenta cuadros, un centenar de esculturas, cientos de dibujos, fotografías, programas de teatro, fueron donados para que se abriera el Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano. ¿Cómo ha sido la travesía?
Marek: La travesía, bueno, fascinante. Se juntaron varias instituciones, creo que cuatro: la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal, el Gobierno del Estado de Morelos, Banco Banorte y yo, como la fundación, con las obras. Entonces ya teníamos una base y después, es una cosa para mí fascinante, porque hay muchísimas cosas. Pues fueron varios años de mucho trabajo, también de muchas explicaciones, pero yo creo que el logro es que ahí está la institución. Ahí está el edificio, ahí está; ya recibe a los artistas, hacen exposiciones maravillosas.
Alfonso: Finalmente, para los jóvenes que están descubriendo el mundo, que están descubriendo el arte, desde tu complicidad, desde tu profundo amor, ¿cómo describir a Juan?, ¿qué decirles a estos jóvenes, chicos, chicas, que de pronto se van a topar por primera vez con el mundo fantástico de Juan Soriano?
Marek: En algunas ocasiones, unos artistas jóvenes le pedían consejos. Entonces cuando era de buen humor y quería hacer bromas, les decía: primero, búscate un trabajo serio, pero después se reía, ya cambiaba y decía: mira, la cosa, una de las más importantes, es que seas siempre tú, que lo que transmites, es de verdad tuyo, del fondo de tu alma. Olvídate de los trends, a donde la gente, las modas van; tú tienes que enseñar en verdad cómo eres tú, todo lo que estás haciendo porque solamente así, tus cosas van a ser distintas, buenas y auténticas, porque si entras en las modas, vas a tener éxito dos años y después la moda va a cambiar y nadie va a saber cómo te llamas y lo que hiciste.
Alfonso: Muchísimas gracias, sin duda, una coordenada. Cien años, Juan Soriano. Gracias Marek Keller por ser siempre tan generoso con tu palabra, con tu casa, con tu corazón para con Museo Soumaya, que la amistad que ha unido a la institución y a las personas que configuramos esta institución, siempre hemos encontrado en ti esa calidad y calidez de la excelencia artística de Juan, pero, ante todo, la amistad de Juan Soriano y Marek Keller.
Marek: Pues yo les doy las gracias por su visita y me dio mucho gusto porque de veras, a lo largo de la institución me recuerdo de la Plaza Loreto cuando empezaban ustedes con todo aquello, fuimos fanes, somos fanáticos del lugar, del museo, de su colección.
Francesca: Muchas gracias por recibirnos en tu casa, querido Marek.
Alfonso: Esa sirena sigue cantando, atrayendo nuevas almas a los rincones de la belleza.
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