Revista / 2023 Junio / Pintura neerlandesa en el siglo XIX
Dania C. Escalona Ruiz | Investigación
Las doce provincias neerlandesas se integran por Groninga, Frisia, Drenthe, Overijssel, Güeldres, Utrecht, Holanda Septentrional, Holanda Meridional, Zelanda, Brabante del Norte, Limburgo y Flevoland. Hacia 1850, tras la anexión napoleónica a Francia y el breve gobierno de Reino Unido en los Países Bajos, se conformó una democracia parlamentaria con un monarca constitucional.
Países Bajos se ubica al noroeste de Europa; con 41 543 kilómetros limita al norte y oeste con el mar del Norte. Su nombre deriva de que el 26 % del territorio está a varios metros bajo el nivel del mar y alrededor del 50 % se encuentra a cien metros sobre él. Hace dos mil años la mayoría del territorio se conformaba por pantanos y el terreno comenzó a asentarse, a partir de los sedimentos que dejaron los ríos y el mar. Esta característica del paisaje ha distinguido el arte de la región. Hacia 325 a. C., el navegante y astrónomo griego Piteas de Massalia (siglo IV a. C.-c 289 a. C.) reportó al Imperio romano la precaria situación en que vivían los pobladores: murieron más en su lucha contra el agua que en la lucha contra los hombres. A lo largo de cuatro siglos los eventos climáticos asolaron las provincias, por lo que los pobladores desarrollaron el sistema de diques y presas con compuertas, que les permitiera controlar el agua y evitar así inundaciones para ganar el ansiado terreno al mar. Otra de las grandes obras de ingeniería del siglo XII fueron los pólders; por medio de diques los terrenos pantanosos fueron cegados y las áreas ganadas se convirtieron en tierra fértil. Colocados en los deltas de ríos o zonas costeras, actualmente conforman 18 000 m2 del territorio neerlandés.
Los molinos de viento, a su vez, fungieron como los primeros desagües. Estos elementos tan característicos del paisaje neerlandés llevaban siglos siendo utilizados para la molienda de semillas, pero también drenaban las áreas pantanosas y ayudaban en la preparación de la tierra. El molino siempre se construía sobre los diques, de tal forma que el viento al golpear con las aspas, producía la fuerza para hacer fluir el agua por los canales hacia el océano y así evitar su estancamiento. Gracias a estas obras, para el siglo XIX la naturaleza de los parajes era copiosa y el paisaje se enriqueció, hecho que incitó a que muchos artistas salieran de sus estudios y pintaran en plein air.
Herederos de la pintura preciosista y costumbrista flamenca, los creadores del Siglo de oro otorgaron al mundo una concepción de la luz que iluminaba, en ocres y blancos brillantes, fondos y espacios acotados y alejados de las representaciones individualistas, clásicas y aristocráticas de la época. Esta privacidad e intimidad psicológica se lograba en gran medida a su buen manejo de la óptica. Según el investigador Craig Harbison, el uso de espejos convexos dispuestos en los espacios, servían a los artistas como Jan van Eyck (1390-1441) para comprimir visualmente grandes espacios en las pequeñas tablas.
En Delft, Johannes Vermeer (1632-1675), luego de casarse con Catharina Bolnes, entró en contacto con la Compañía de Jesús; de hecho, el edificio contiguo a la casa de la familia Vermeer escondía del protestantismo, en su ático, un templo jesuita, ahí el artista pudo conocer las investigaciones del padre Isaac van der Mye, que mostraban los estudios de óptica y detallaban la funcionalidad de la camera oscura.
El arte decimonónico neerlandés abrevó en los recursos barrocos para retratar fidedignamente, aquellos aspectos de la vida que los ojos de la modernidad querían denostar: trabajadores, escenas domésticas y personajes menesterosos que al margen de la Revolución Industrial, encontraron representación y afirmación social.
El germen de la corriente artística de la Escuela de Barbizon comenzó a esparcirse con rapidez por toda Europa. Los pintores de Róterdam, Haarlem, Delft, Utrecht y Leiden, entre otros, ya trabajaban de manera muy similar a la de los galos, Théodore Rousseau (1812-1867), Jean-Baptiste-Camille Corot (1796-1875) o Charles-François Daubigny (1817-1878). Adaptar estos nuevos preceptos fue un proceso natural. Las pinceladas rápidas cargadas de luz también se influenciaron de la pintura moderna de Claude Monet (1840-1926). De hecho Johan Barthold Jongkind (1819-1891) conoció hacia 1861 al maestro de Giverny en París y forjó con él una gran amistad que resultó en una estancia de seis meses que tuvo Monet en 1871 en la provincia de Zaandam. El padre del llamado Impresionismo lo consideraba un gran maestro; admiraba sus marinas y playas que con muy pocas pinceladas representaban paisajes inundados de aire y luz. Muchas de estas obras estuvieron expuestas en los Salones de París.
Con el precedente de Jongkind, artistas del gremio como Anton Mauve (1838-1888), Gerard Bilders (1838-1865), Hendrik Willem Mesdag (1831-1915), Johannes Bosboom (1817-1891), Jozef Israëls (1824-1911), Jacob Maris (1837-1899) así como sus hermanos Matthijs (1839-1917) y Willem (1844-1910), por mencionar algunos, conformaron la Escuela de La Haya (c 1860-c 1890). El grupo sin aglutinamiento académico, al igual que el de Barbizon, tuvo como principal objetivo alimentar y fomentar la libertad para captar la luz y el paisaje al aire libre, en lugar de idealizar la realidad. En 1871 y durante los diez años posteriores, Oosterbeek fue la zona predilecta para realizar estudios de la naturaleza, por lo que fue bautizada como «Barbizon del norte» o «Barbizon neerlandés». Asimismo, fue el lugar donde se fundó el Pulchri Studio, institución análoga a los Salones franceses, precursora del Arte Moderno en Países Bajos, en el que se otorgaban espacios para la exhibición de pinturas, esculturas y fotografías, al tiempo de ofrecer contacto con mercaderes de arte.
Los artistas buscaron desaforadamente denunciar los estragos de la industrialización, así que miraron a la tierra y enaltecieron a sus trabajadores. Observaron los campos y otras campiñas costeras. La Escuela de La Haya se caracterizó por la sutileza con la que representaban atmósferas nebulosas –debido al mal tiempo que predominaba–, así como por los efectos del agua en áreas de tierra pantanosa, debajo de barcos, diques y canales, o la nieve sobre molinos, caminos y campos de cultivo. Los colores más utilizados fueron azules, grises, ocres, marrones, blancos y negros. De pincelada suelta, con trazos ondulantes o entrecortados, lograron una nueva manera de percibir y representar los motivos cotidianos. Y es que en la naturaleza no tiene cabida la línea recta.
A mediados de la década de los ochenta comenzó la disolución de la también llamada «Escuela gris». Esa fidelidad, en un entorno que afianzaba su industrialización, comenzó a quedar en el idilio, aunado a la gran diferencia del modo de hacer arte entre Países Bajos y Francia. La especialista alemana Karin Sagner refiere que, tras el apunte al aire libre, el cuadro al óleo era finalizado luego en el taller, sobre la base de esos estudios previos. Junto a la paleta –muy ligada a la tonalidad– y el aspecto temático, constituía una diferencia decisiva con la fase culminante del Impresionismo francés […]. Los artistas de La Haya no pudieron deslindarse de aquella práctica antigua que aún hoy los artistas enaltecen.
Para 1880, el paisaje de La Haya, Drenthe y Scheveningen cambió. Las escenas de interiores regresaron con más fuerza y con la misma luz del septentrión, pero acaso más intensa. Mauve, los hermanos Maris y Jozef Israëls fueron los máximos exponentes de aquel movimiento moderno. Este trágico realismo –como lo describe Sagner– giraba en torno a la vida de la gente del campo y la calle: buhoneros, carpinteros, pescadores, mujeres quienes ayudaban en las labores domésticas y madres al cuidado de sus hijos, pueblan los lienzos. Futuros exponentes de estas representaciones fueron Max Liebermann (1847-1935) y Vincent van Gogh (1853-1890). Todo es luz e intimidad. Escenas en correctísima perspectiva que se iluminan a través de las cortinas y las ventanas, nos asoman a un paisaje de pincelada efectista, menciona Alfonso Miranda Márquez.
El público, más que la crítica y que los autores mismos, se ha empeñado en nombrar como «“Impresionismo” fuera de Francia» a aquel capítulo moderno de la pintura que eclipsó los tonos sombríos típicos de esa región. Los canales neerlandeses proporcionaron a los artistas como Jan Hendrik Weissenbruch (1824-1903) y Willem Roelofs (1822-1897), travesías para sus estudios de luz. Esto les otorgaba una imagen de cómo los campos y diques se transformaban. ¡El cielo en una pintura, eso es lo más importante! El cielo y la luz son los grandes magos. El cielo determina lo que es la pintura. Los pintores nunca pueden prestar demasiada atención al cielo, escribió Weissenbruch.
Otro artista, quien destacó en sus ejercicios de figuras hasta convertirse en un creador con pincelada y paleta propia, fue Jacob Maris, siempre con gran influencia de Gustave Courbet (1819-1877) y Daubigny. Por otro lado, los lienzos de su hermano Matthijs, al haber estudiado en Londres, se apegan a los Prerrafaelitas ingleses o Pictorialistas escoceses.
Bernard de Hoog (1866/1867-1943), quien se formó en la Escuela de Artes Aplicadas Quellinus en Ámsterdam, privilegió los ambientes rurales y familiares, en una atmósfera ocre e inocente rodeada de la feliz infancia. En el caso de las representaciones de paisajes, su estilo fue espontáneo. Sus pinturas fueron muy bien recibidas por los públicos británicos, estadounidenses y canadienses.
Isaac Israels (1865-1934) heredó el talante paterno. Fue acuarelista, dibujante, grabador, pastelista e ilustrador, y se desarrolló siempre entre los círculos más prodigiosos de Países Bajos, Francia, Suiza e Italia. Desde su decimotercer cumpleaños asistió a lecciones en la Academia de Artes Visuales de La Haya bajo la supervisión de Jan Philip Koelman (1818-1893). Su estilo nunca se desvinculó del Realismo social, el cual le valió la mención de honor en el Salón de París de 1885.
Hacia 1889, muchos jóvenes artistas como Willem Bastiaan Tholen (1860-1931), Willem de Zwart (1862-1931) y el propio Van Gogh, se habían formado en la Escuela de La Haya y tendieron el puente hacia el llamado «Impresionismo neerlandés». La modernidad había llegado: ahora las ciudades y sus habitantes eran el centro de los cuadros. Muchos maestros se trasladaron a Laren, Ámsterdam, Amberes o Dordrecht y la vida urbana inspiró a los pintores. El color dominó las plazas para dar paso a las creaciones invernales de Jan Toorop (1858-1928). El pintor estableció contacto con el grupo belga Les Vingt [Los Veinte], y así la Escuela neerlandesa se unió al Neoimpresionismo francés. Toorop admiró las obras de Claude Monet, Edgar Degas (1834-1917) y Camille Pissarro (1830-1903) así como el arte japonés, mismas que lo llevarían a transformar sus creaciones con grandes reflejos y manchas de color.
La Escuela de la Haya nunca se extinguió del todo. Piet Mondrian (1872-1944) siguió las técnicas de cromatismo e incluso en sus albores plásticos las temáticas rurales y los soberbios molinos imperaron en telas y papel, hasta que incursionó en las propuestas vanguardistas del Cubismo y en los inéditos derroteros de la abstracción geométrica del De Stijl [El Estilo]. Por su parte, George Hendrik Breitner (1857-1923) siguió ligado a la paleta reducida de los ocres, marrones y negro. Fue hasta la Primera Guerra Mundial cuando estos modelos siguieron activos. Países Bajos fue sin duda la región que ofrecía a pintores nacionales y extranjeros, atractivos parajes con una luz y atmósfera únicas en el continente. Así lo señaló Vincent a su hermano Theo en la carta escrita el 14 de septiembre de 1883 en Hoogeveen:
No puedo describir con mayor precisión cómo se ve el exterior en el crepúsculo o justo después de la puesta del sol […] de tono profundo contra un cielo vespertino polvoriento y brumoso. Vi soberbias figuras en el campo, llamativas en su expresión de sobriedad. […] En el pueblo hay 4 o 5 canales, a Meppel, a Dedemsvaart, a Coevorden, a Hollandscheveld. Si los sigues, verás aquí y allá algún curioso molino, caserío, astillero o esclusa. Y como siempre, las barcazas van y vienen.