Revista / 2023 Julio / Villa. Historia y mito
Ana Paula Robleda Betancourt | Comunicación
Aunque su historia cabalga a lomo de leyenda, Doroteo Arango Arámbula fue hijo de Agustín Arango y Micaela Arámbula. Algunas fuentes lo llaman erróneamente «José Doroteo» y nació en el rancho La Coyotada, en el municipio de San Juan del Río, Durango, el 5 de junio de 1878. Sus abuelos paternos fueron don Antonio Arango –quien en realidad usaba el apellido de su madre, mismo que trascendió en la familia– y Faustina Vela; los maternos fueron Trinidad Arámbula y María de Jesús Álvarez.
Doroteo creció con sus cuatro hermanos, Hipólito, Antonio, Martina y Mariana, en la rica Hacienda de Gogojito de la familia López Negrete en Canatlán, Durango. Su padre murió cuando eran muy jóvenes y Doroteo asumió, junto con su madre, la responsabilidad familiar.
El 22 de septiembre de 1894, al regresar a casa de sus labores de siembra, se encontró con una discusión entre su madre y Agustín López Negrete pues intentaba llevarse por fuerza a su hermana Martina, de quien presuntamente abusó. El hecho quedaría consignado hacia 1960 por el escritor, periodista y diplomático Martín Luis Guzmán en Memorias de Pancho Villa. Doroteo corrió por su arma y atacó a López Negrete. Herido, pidió a sus ayudantes que lo trasladaran a la Hacienda de Santa Isabel de Berros. Arango aprovechó ese momento para tomar su caballo y refugiarse en la sierra de la Silla. A la mañana siguiente se enteró que ya era buscado en el pueblo por el grave estado del hacendado López Negrete; fue así que se mantuvo oculto por un largo tiempo.
A los pocos meses de estar entre la sierra de la Silla y la de Gamón, en Durango, tres hombres lo capturaron y lo llevaron a San Juan del Río en donde lo encarcelaron. Villa cuenta en sus memorias que, al día siguiente, cuando lo sacaron de su celda para mover un barril de nixtamal, resolvió la manera de escapar y huir hacia el cerro de Los Remedios.
Martín Luis Guzmán escribió: A los diecisiete años de edad, Doroteo Arango se convierte en Pancho Villa y empieza la extraordinaria carrera de sus hazañas. Y es que, a pesar de que existen discrepancias en cuanto al nombre que obtuvo al nacer y el que se dio a sí mismo, en sus memorias menciona:
Como yo tenía noticias de cuál era el verdadero apellido que debía llevar mi padre, resolví ampararme de él cuando empezaron a ser cada día más constantes las persecuciones que me hacían. En vez de ocultarme bajo otro nombre cualquiera, cambié el de Doroteo Arango que hasta entonces había llevado, por este de Francisco Villa que ahora tengo y estimo como más mío. Pancho Villa empezaron a nombrarme todos, y casi solo por Pancho Villa se me conoce a la fecha de hoy..
El historiador Ángel Rivas López sugiere en su libro El verdadero Pancho Villa que, en realidad al nacer, el general se llamó «Francisco Villa» y posteriormente cambiaría su nombre a «Doroteo Arango»; incluso, que sustrajo su verdadera acta de nacimiento en Río Grande.Mientras dormía una noche de octubre de 1895, siete hombres lo capturaron. Al verse sin amenaza, estos decidieron tomar un momento para comer y fue allí cuando Villa, quien escondía un arma, subió a su caballo y los burló.
Sobrevivir por su cuenta se volvió cada vez más complejo así que decidió unirse a otros dos bandoleros: Ignacio Parra (¿?-1898) y Refugio Alvarado (¿?-1898). A su lado empezó a crear una fortuna que, como recordó: en alrededor de 9 y 10 meses, regresé a los pobres el dinero que los ricos les habían quitado. Gustavo Casasola mencionó en Biografía ilustrada del Gral. Francisco Villa, que tenía en su haber el no tener vicios; no fumaba, no jugaba, no bebía. Era generoso y de un gran desprendimiento especialmente con la gente humilde. Gran parte de esta etapa de su vida la pasó en las montañas de Durango, hasta que partió a Parral, Chihuahua, en busca de trabajo. Ahí fue minero, fabricó ladrillos y pudo establecerse por un tiempo en el número 500 de la calle 10ª en la capital del estado. Pero su identidad fue descubierta y huyó de nuevo. Intentó vivir del robo, así como de la venta de ganado y carne en Chihuahua, pero regresó a la minería hasta que fue encontrado y perseguido una vez más.
En el marco de la séptima reelección de Porfirio Díaz (1830-1915) como presidente de la República Mexicana, Francisco Villa fue invitado por Abraham González (1864-1913) a sumarse al Plan de San Luis, elaborado por Francisco I. Madero (1873-1913) para levantarse en armas con la finalidad de terminar con la dictadura. Su vida tomó un giro y ahora sería partícipe de la política regional con alcance nacional. Gustavo Casasola señaló que, en esta época, Francisco Villa vestía traje de charro, sobre su pecho, cruzaban gruesas cananas; no le faltaban su carabina, pistola y un buen caballo. Tres días antes del inicio del movimiento armado el 20 de noviembre de 1910, Villa conoció a Cástulo Herrera Valencia (1878-1957), quien fue su jefe durante los enfrentamientos. Junto con 375 hombres más, tomaron el pueblo de San Andrés en el que no encontraron gran resistencia. El 27 de noviembre atacaron el tren en el que viajaba el teniente coronel Pablo M. Yépez con tropas del 12.° Batallón. Unos días más tarde invadieron el poblado de Santa Isabel. También se enfrentaron en el Bajío del Tecolote con el 20.° Batallón comandado por Juan J. Navarro (1841-1934).
El don de liderazgo y las habilidades para escapar durante tanto tiempo, ayudaron a Villa a salir victorioso de varias batallas, sin embargo, su suerte acabaría en 1911 cuando lo derrotaron en numerosos enfrentamientos. En marzo de aquel año se encontró con Madero y Orozco en la hacienda de Bustillos para crear de nuevo un plan. Hacia abril, Pancho Villa fue nombrado coronel.
Al tiempo que Madero decidió ir hacia el centro del país, Pascual Orozco y Villa buscaban controlar el norte, incluida la frontera; así, atacaron la plaza de Ciudad Juárez el 10 de mayo de 1911 y dos días más tarde, ambos acordaron fusilar a Navarro, aunque fuera necesario retar a Madero. No llegaron a cumplir lo pactado pues cuando Orozco no se presentó al encuentro, Villa se dio cuenta del engaño en el que había caído para ponerlo en contra del entonces presidente.
El 28 de mayo se casó en Chihuahua con María de la Luz Corral Fierro (1892-1981). Se sabe que ella fue la séptima mujer del general, aunque en realidad, ante la ley se le considera la única esposa, pues su matrimonio se llevó a cabo por lo civil y no solo mediante ceremonias religiosas. Con ella tuvo a Luz Elena Villa Corral, quien murió poco antes de cumplir dos años.
Derrocado el gobierno del general Díaz, Francisco Villa viajó a Ciudad de México invitado por Madero, con quien se encontró en el Castillo de Chapultepec. Hacia 1912 Orozco se reveló en contra del presidente e inició una secuencia de ataques. En uno de ellos se enfrentaría con Villa y Fidel Ávila. Posteriormente, el duranguense se reunió con Raúl Madero (1888-1982) y más tarde iría a Torreón en donde, por orden del ejecutivo, se presentó ante Victoriano Huerta (1854-1916). De él recibió la instrucción de partir con sus hombres hacia Tlahualilo para combatir a los orozquistas a quienes lograron derrotar. Esta victoria lo hizo a recibir el nombramiento como general brigadier.
Villa continuó en batallas a favor del gobierno maderista pero un robo cometido por algunos de sus hombres lo llevó a ser acusado de insubordinación; lo capturaron y llevaron al paredón de fusilamiento del que fue rescatado por el coronel Guillermo Rubio Navarrete, luego de haber obtenido el perdón de Huerta. A pesar de aquel acto, fue enviado a la capital como prisionero el 7 de junio de 1912. Con ayuda de Carlos Jáuregui, un empleado del juzgado, el 26 de diciembre se escapó disfrazado, de la prisión de Santiago de Tlatelolco. Al lado de Jáuregui llegó hasta Toluca en donde rasuró su bigote para cambiar de apariencia, tomaron un tren a Celaya, pasaron por Guadalajara con dirección a Manzanillo y subieron hasta Mazatlán para llegar después a Nogales. El 2 de enero de 1913 Villa cruzó la frontera y el 8 llegó a El Paso, Texas. Desde ahí contactó a Abraham González y reafirmó su compromiso con Madero.
Durante febrero de 1913 en Ciudad de México estalló la Decena Trágica. En marzo, Francisco Villa regresó al país y reunió hombres para combatir a Huerta. Tras varios enfrentamientos camino al sur, el 29 de septiembre Villa fue designado como jefe de la División del Norte. A pesar de que se encontraba en un periodo de batallas, el 7 de octubre de ese año se casó con Juana Torres (¿?-1916), con quien tendría a Juana María Villa Torres.
Entre diciembre de 1913 y enero de 1914, Villa fungió como gobernador provisional del Estado de Chihuahua. Se convirtió rápidamente en un personaje de leyenda tanto en México como en los Estados Unidos. Sin tener claridad en la manera en que fue contactado, se sabe que, en enero de 1914, Mutual Film Corporation le ofreció filmar de manera exclusiva sus enfrentamientos en Ojinaga y contar las historias en torno a las batallas. Sin embargo, al ver el material, el plan cambió para crear la película muda The Life of General Villa [La vida del general Villa]. Como parte de los acuerdos para llevar a cabo el proyecto, se pactó que recibiría por su participación un monto que en realidad era muy bajo, más un porcentaje de las ganancias. El filme se estrenó ese mismo año en Nueva York.
En junio de 1914 ante los desacuerdos con Venustiano Carranza (1859-1920), renunció a la jefatura de la División del Norte. Si bien siguió con las operaciones, en septiembre lanzó, junto con otros generales, un manifiesto con el que desconocían a Carranza como Jefe de Ejército Constitucionalista. En octubre se acordó nombrar al general Eulalio Gutiérrez (1881-1939) como encargado del Poder Ejecutivo, quien designó de nuevo a Villa como jefe de la División del Norte para ir rumbo al sur y derrotar a las tropas de Pablo González. El 3 de diciembre se reunió en Xochimilco con Emiliano Zapata (1879-1919) para acordar que juntos lucharían por los intereses tanto de una realidad boreal minera e industrial, como por los de un sur profundamente agrario. Tres días después llegaron a Palacio Nacional, cada uno con sus tropas, y fue entonces cuando se tomó la célebre fotografía en la que aparecen ambos, rodeados de más personas, con Villa sentado en la que acaso era la silla presidencial. También participaron en el homenaje que se realizó a Francisco I. Madero, José María Pino Suárez y Aquiles Serdán en el que, entre otras cosas, desvelaron las placas conmemorativas que se colocaron en Ciudad de México en calles como la célebre «Madero», otrora Plateros, en el actual Centro Histórico capitalino.
Con la salida de Eulalio Gutiérrez, el coronel Roque González Garza (1885-1962), quien había sido representante de Villa ante la Convención Revolucionaria en 1914, fue nombrado presidente interino del 16 de enero al 9 de junio de 1915. Él a su vez designó a Francisco Villa como general en jefe de las Fuerzas Revolucionarias.
Los enfrentamientos no cesaron durante 1915 y tras su última derrota en Sonora, se replegó a Chihuahua en donde empezó a orquestar un golpe a los Estados Unidos ante el reconocimiento que hizo el país vecino, de Venustiano Carranza como presidente de México.
El primer ataque fue en enero de 1916 a un tren de la compañía Mexico North Western Railway. En la mañana del 9 de marzo un grupo de aproximadamente 1 500 hombres al mando del general Ramón Banda, atacó Columbus en Nuevo México. Ante la amenaza, el presidente estadounidense Woodrow Wilson (1856-1924) mandó tropas a cargo del general John Pershing (1860-1948) para capturar a Villa; la Expedición Punitiva penetró en tierras mexicanas y aunque su búsqueda se extendió por varios meses, logró escapar. La huida de Villa estuvo repleta de enfrentamientos hasta que terminó escondido en una gruta. Una vez repuesto, tomó camino con las tropas villistas.
En mayo de 1919 contrajo nupcias una vez más en Chihuahua. Con Soledad Seañez Holguin (1896-1996) tuvo un hijo. A fines de julio de 1920, Pancho Villa fue convencido por el entonces presidente, Adolfo de la Huerta (1881-1955), de dejar las armas y retirarse a la vida privada. Se acordó que Villa recibiría los títulos de la Hacienda de Canutillo y una escolta de seguridad personal. Aunque también se le ofreció viajar en tren a su nueva residencia, optó por ir a caballo. Poco a poco convirtió la hacienda, que recibió casi en ruinas, en un espacio productivo. El 22 de junio de 1921 se casó de nuevo, en Parral, con Austreberta Rentería (1894-1982), quien sería madre de dos de sus hijos: Francisco e Hipólito, quien nacería cuatro días después de la muerte del revolucionario. El paso del tiempo lo hizo cambiar sus caballos por un automóvil y se convirtió en un hombre dedicado a los negocios agrícolas.
El 20 de julio de 1923, al salir de Canutillo con destino a Parral, él y otros generales fueron emboscados y fusilados por órdenes del entonces presidente, Álvaro Obregón (1880-1928). Todos murieron en el momento. Años antes de este suceso, el Centauro del Norte había hecho construir una capilla en el antiguo Panteón de la Regla en Chihuahua para cuando muriera, sin embargo, fue sepultado en Hidalgo del Parral.
Pancho Villa fue bien conocido en el norte del país; sus gestas hicieron eco en el territorio nacional y aquella fama incluso llegó a los Estados Unidos. Su vida, amén del celuloide, protagonizó a su muerte, varios corridos revolucionarios como aquel de Amparo Ochoa: ¿A dónde van los trenes pasajeros?/ ¿A dónde van palomas del oriente?/ ¿A dónde irán los cantos más dolientes?/ Van a llorarle a un hombre guerrillero/ El más bragado, más cabal y más valiente.
Tres años después de su asesinato, su tumba fue profanada y robaron su cabeza, misma que se dice que fue trasladada a los Estados Unidos para ser vendida. De las más de veinte parejas que se le conocieron –aunque algunos investigadores hablan hasta de setenta y cinco–, fueron realmente pocas las que reclamaron ser sus legítimas esposas. Y es que como recordó Austreberta y quedara escrito por su posterior esposo Juan C. Valadés en 1935, Villa no podía ser un varón despreciado por las mujeres. De espaldas vigorosas, de ojos grandes, de mirada penetrante y con una sonrisa en los labios un poco sarcástica, de un bigotillo apenas visible y de frente espaciosa. En cuanto a su descendencia, se mencionan alrededor de veinticinco hijos más aquellos que la historia cuenta que adoptó.
A cien años de su asesinato, al compás de la pisada de la guitarra: Qué falta que hace que reviva Pancho Villa/ Qué falta que hace que reviva Pancho Villa.
La vida revolucionaria de Villa fue copiosamente registrada por fotógrafos mexicanos y extranjeros quienes desde 1911 hasta 1916, siguieron de cerca su participación en la Revolución.
De su etapa como guerrillero, que transcurrió de 1917 a 1920, casi no existen testimonios fotográficos ya que fue perseguido por los ejércitos carrancistas y estadounidenses. Sin embargo, una vez que Venustiano Carranza y Álvaro Obregón consiguieron la paz, ello permitió a Villa entre 1920 y 1923, vivir con su familia y compañeros revolucionarios en la hacienda de Canutillo ubicada en el municipio de Ocampo, Durango, dedicado a la siembra y a la cría de ganado, y de aquel periodo sí existen numerosas evidencias visuales.
Esta fotografía posiblemente fue tomada en 1911, tras la ocupación de Ciudad Juárez. En la parte inferior se lee: «FRANCISCO VILLA Y SU ESTADO MAYOR PROPIEDAD ASEGURADA ABRIL 10/911 FOT. I.H». Las últimas letras podrían referir a las iniciales del fotógrafo, quien aún está por ser identificado.
Villa aparece en el centro de la composición acompañado por un grupo de soldados, todos ataviados con sombrero y cartucheras.
Las fotografías del Centauro del Norte sumaron a la construcción de la idea del héroe revolucionario y son testimonio de las hazañas, así como de la personalidad de uno de los héroes nacionales.
SP
Francisco Villa mantuvo una lealtad hacia Madero “a prueba de balas”. Le fue fiel a pesar de todos los vaivenes del conflicto político militar que trastocó la vida del país. Madero fue el idealista; Villa, el operario con los pies en el campo de batalla.
Ambos revolucionarios se conocieron por intermediación de Abraham González hacia 1908. Se dice que fue el Plan de San Luis el que embelesó desde un principio al duranguense. La lucha maderista estuvo acompañada por el furor combativo del Centauro del Norte. Cuando mataron a Madero y en pleno apogeo del villismo, el general decretó el 22 de febrero como día de luto nacional para recordar el asesinato de su máximo líder.
La foto se tomó el 30 de abril de 1911 afuera de la llamada «Casa de Adobe», sede de la comandancia del Ejército Libertador. El momento da cuenta de la reunión que había convocado Madero, con el consejo militar y político, para realizar las negociaciones de paz con el gobierno del general Porfirio Díaz.
ML
Francisco Villa tomó Ciudad Juárez, Chihuahua, en dos ocasiones. La primera fue el 10 de mayo de 1911; en ese momento Villa formaba parte del movimiento maderista. Esta fue una victoria decisiva para las fuerzas revolucionarias, ya que les permitió asegurar una posición estratégica en la frontera, así como la recepción de apoyo logístico y armamento estadounidense, situación que orilló al general Díaz a capitular. Pese a su importancia, la batalla se consideró un desacato de Villa a las órdenes de Madero, por lo que fue encarcelado en Ciudad de México por insubordinación. En 1912 escapó.
Posterior a la Decena Trágica, Villa se rebeló contra el gobierno de Huerta y formó la División del Norte. Durante esta etapa el caudillo volvió a tomar Ciudad Juárez en noviembre de 1913. La imagen corresponde a ese momento: a la derecha de Villa se encuentra el temido Rodolfo Fierro, apodado Carnicero, uno de sus lugartenientes. Fierro no participó en la primera toma de Ciudad Juárez debido a que él se unió a fuerzas villistas apenas un año atrás. Villa y Fierro coincidieron en las batallas de Tierra Blanca (1913), Torreón (1914) y Zacatecas (1914).
Desde sus albores, la fotografía ha sido una fuente invaluable para el estudio de la historia. Como apunta el investigador brasileño Boris Kossoy en Elementos para el desarrollo de la historia de la fotografía en América Latina (1978):
La imagen de lo real que la fotografía retiene al ser preservada o reproducida da el testimonio visual de los hechos a los espectadores ausentes de la escena. La imagen fotográfica es lo que queda de un acontecimiento, es fragmento congelado de la realidad pasada, información mayor de los planos de vida y muerte, además de ser el producto final que caracteriza la intromisión del fotógrafo en un instante del tiempo.
LG
Este documento fue levantado el 24 de diciembre de 1913 por los militares huertistas Luis Gutiérrez Cámeron, teniente de ingenieros, y por Juan R. Molina, teniente coronel de ingenieros, como un plan de defensa ante los embates de los constitucionalistas sublevados contra Victoriano Huerta. Una nota manuscrita del propio general Felipe Ángeles señala: Este plano fue encontrado en Gómez Palacio [Durango] y sirvió para el ata/que de Torreón./ Abril de 1914. Sin duda, la batalla coahuilense fue una de las más feroces al sumar 7 500 bajas y un hito para el derrocamiento de Huerta. Villa había atacado Sacramento, también en Coahuila, donde diezmó a las fuerzas del general Ricardo Peña (¿?-1914). Avanzó hasta Gómez Palacio debilitando aún más al enemigo. Con este plano urdió la estrategia para la toma de Torreón. Así, el Centauro del Norte terminó con las fuerzas federales, en el preámbulo de la ofensiva final en San Pedro de las Colonias, que facilitó el avance hacia Monterrey y Zacatecas.
RM
La “carrera” cinematográfica del Centauro del Norte tuvo su momento cuando protagonizó el filme The Life of General Villa [La vida del general Villa]. La cinta desapareció y no se sabe nada de ella, es probable que haya sido destruida. Francisco Villa, uno de los rostros más reconocidos de la Revolución Mexicana, firmó un contrato el 5 de enero de 1914 con la Mutual Film Corporation –de los primeros conglomerados del cine estadounidense, surgido a principios del siglo XX– que le otorgaba la exclusividad de su imagen y la de sus tropas en el campo de batalla frente a cualquier otra productora, aunque sí excluía a periodistas de dicha restricción. La noticia fue reportada, entre otros, por el New York Times a los pocos días de la firma.
Villa cumplió con los acuerdos y proporcionó el traslado, así como la seguridad al equipo de filmación, que habían acordado que se sometería a sus órdenes, lo que posteriormente se convirtió en un obstáculo para la obtención de las tomas planeadas al inicio.
La batalla de Ojinaga en Chihuahua sería el escenario principal para el registro. El peso de las cámaras y el obligado uso del tripié, complicaron el escenario. La dificultad de acercarse debido al peligro que ello representaba, hizo que las tomas no fueran muy distintas de aquellas que ya los noticiarios de la época habían presentado, y sin la necesidad de un contrato. La intención de obtener imágenes dramáticas reales quedó por completo descartada. La solución entonces fue recrear las escenas dejando a un lado la autenticidad de las imágenes. Aquellas productoras que presentaron cintas con este tipo de reconstrucciones anunciaron siempre sus películas como “auténticas”. Los productores de la Mutual, al revisar el material e intentar armar una historia, se encontraron con que no había un argumento sólido, ni la fuerza de las escenas que se buscaba originalmente, por lo que cambiaron de parecer y decidieron hacer una película sobre la vida del personaje, aunque con bastantes “licencias artísticas”.
El contrato de facto señala la cantidad de 10 dólares como pago, más un 20 % de las ganancias netas del filme una vez proyectado; no obstante, incontables fuentes señalan que el acuerdo fue por 25 000 dólares, que muy probablemente correspondieron con el adelanto recibido. Las menciones de que Villa se había comprometido a filmar en un horario determinado y a repetir las escenas que no quedaran al gusto de la compañía, no están de hecho mencionadas en el documento, aunque a decir de los testigos, fue como se procedió en la práctica.
En palabras del investigador Mike Dash: […] la Revolución Mexicana fue un ejemplo temprano de una «guerra mediática» del siglo XX: un conflicto en el que los generales opuestos se enfrentaron no solo en el campo de batalla, sino también en los periódicos y en los «escenarios» del cine.
RG
Tras el triunfo de las tropas villistas en la toma de Torreón, el Ejército Federal se concentró en el poblado de San Pedro de las Colonias para esperar refuerzos. Ahí Francisco Villa y la División del Norte arremetieron contra los federales el 12 de abril de 1914.
Con este telegrama Villa informó el hecho al Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, y detalló que en su precipitada fuga, los federales abandonaron cañones, granadas útiles, carros de municiones y ambulancias, además de haber dejado varios heridos a su suerte. En el documento se especifica que a su paso por el pueblo, los federales obligaron a los habitantes para abandonar la plaza, incendiaron el mercado, el Hotel México y el almacén de Las Amazonas, así como todas las propiedades de los señores Madero. El Centauro del Norte catalogó el acto como «una barbarie» y apuntó que el resto de la localidad se salvó de arder porque sus tropas lo impidieron.
Esta victoria villista fue decisiva en el dominio del norte de México, debido a que San Pedro fue uno de los pasos del ferrocarril hacia Monterrey y Paredón, y el control de las vías les permitió mayor avanzada.
SP