Revista / 2023 Julio / El dinero de la Revolución
Dania Escalona Ruiz | Investigación
Bajo el lema positivista Paz, orden y progreso, el general Porfirio Díaz Mori (1830-1915) llevó a México a la Modernidad. Al tiempo que se implementaron avances tecnológicos e industriales, se efectuó una reforma monetaria. En 1905 la leyenda decimonónica «republica mexicana», establecida para el anverso de las piezas metálicas, fue sustituida por «estados unidos mexicanos». Además, se comenzaron a acuñar en oro con ley (pureza) de novecientos milésimos, monedas de baja denominación (diez y cinco pesos). Por primera vez en la historia de la numismática del país, estas piezas mostraron en el reverso las efigies de personajes históricos. En el anverso se estampó el águila del Escudo Nacional.
Paralelo con la última parte del gobierno de treinta y un años del general Díaz y su acuñación de efectivo, ya con levantamientos revolucionarios en el norte y sur del territorio, cada zona decidió crear su propia banca para hacerse de recursos. En la mayoría de las áreas rurales que estaban más afectadas por las confrontaciones armadas, desapareció la circulación del porfiriato.
Durante los primeros años de la Revolución Mexicana el sistema bancario continuó en funciones, sin embargo, con la renuncia de Francisco I. Madero y la toma del poder ejecutivo por Victoriano Huerta, el panorama cambió. En 1913 el Chacal envió a sus efectivos militares a saquear todos los bancos en el país. El entonces presidente “garantizó” a los banqueros la emisión de sus propios billetes sin que se respaldara la economía con metales preciosos; eran simple papel sin garantía de pago. Las notas bancarias fechadas antes de julio de 1913 eran consideradas como respaldadas por reservas de oro y plata, mencionó el coleccionista y especialista Don Bailey.
Los caudillos ingeniaron medios para tener efectivo, pagar los sueldos del regimiento, adquirir comida y víveres, así como armamento y municiones. Acerca de esa etapa, Bailey refirió: estas emisiones de necesidad eran válidas únicamente mientras una facción en particular ocupaba una región específica.
Periodo de gran interés para la numismática mexicana, la variedad de monedas y billetes que circularon durante la Revolución, es notable. Tanto las haciendas como los ciudadanos utilizaron vales hechos de cobre, hueso, cartón o madera, que la gente denominó «tlacos».
Líderes revolucionarios como Francisco Villa y Emiliano Zapata crearon sus propios ejemplares con cualquier material disponible y bajo condiciones extremas, por lo que emprendieron producciones limitadas. La acuñación del metal se realizaba en los vagones de los trenes en movimiento y eran martilladas dentro de molinos de azúcar o, en ocasiones, fundidas con moldes de arena.
Entre los numismas más importantes encontramos el célebre villista «Peso de bolita», nombre que popularmente adoptó por el relieve circular sobre el que aparece la denominación. Esta pieza se troqueló en Hidalgo del Parral, Chihuahua.
Con la pérdida del control sobre los territorios del norte, se vivía una incertidumbre acentuada por la situación financiera de Villa. Comerciantes y especuladores tanto de Chihuahua como extranjeros, particularmente de compañías estadounidenses, acaparaban y retiraban de la circulación monedas de plata y mercancías, lo que creaba caos. Se deshacían del papel moneda emitido por Villa dos años antes. Los precios de los alimentos se elevaban y al escasear, provocaban motines en las ciudades.
Otra pieza de gran estima es la conocida como «muera huerta», realizada en 1914 en Cuencamé, Durango. Debido a su elocuente consigna política, Victoriano Huerta decretó pena capital a quien portara dicha moneda.
Las fuerzas zapatistas acuñaron piezas en Guerrero, Morelos, México y Oaxaca. Entre las más importantes se halla la de sesenta pesos en oro. En el anverso aparece el busto de Benito Juárez con la leyenda «estado libre y soberano de oaxaca». Otra rareza con denominación de dos pesos –realizada únicamente en 1915– es la «Suriana».
Mención especial recibe el ejemplar de un peso del estado de Chihuahua impreso conforme al Decreto militar del 10 de febrero de 1914, popularmente conocido como «dos caritas». Las «sábanas» o «calzones blancos” sumaban más de 9 millones de pesos (9 621 440.00) en mayo de 1914; los «dos caras» o «dos caritas» llegaron a 417 millones de pesos a finales de 1915, más otros 150 millones de pesos que fueron impresos en los Estados Unidos porque las máquinas de Chihuahua no se dieron abasto, escribió la especialista del Colegio de México, Berta Ulloa, en su libro La encrucijada de 1915. Historia de la Revolución Mexicana.
Asimismo, las facciones emitieron todo tipo de billetes y papeles de necesidad, a los que popularmente se llamó «bilimbiques». Es probable que el vocablo haya derivado de la contracción del nombre William Creek (Bill Creek), quien era el encargado estadounidense de la controvertida mina Green en Cananea, Sonora. Los impresos generados en esta etapa son de gran variedad y se realizaba tanto en lino como en papel o cartón, en diferentes colores, diseños y sistemas de numeración.
El investigador Eduardo Turrent Díaz menciona que:
el periodo del papel moneda fiduciario, que va de julio de 1913 a diciembre de 1916, puede dividirse en tres etapas: 1) el periodo de los billetes de banco, que cubrió desde julio de 1913 a agosto de 1914, 2) el del papel moneda constitucionalista, que se extendió de agosto de 1914 a junio de 1916, y 3) la etapa del billete «infalsificable», que va de junio a diciembre de 1916..
Venustiano Carranza decretó la nulidad de los billetes emitidos por la Convención de Aguascalientes y dispuso la impresión de papel moneda bajo el nombre del Ejército Constitucionalista de México, en zonas como Chihuahua, Sinaloa, Tamaulipas y Nuevo León. Pero en realidad el Centauro del Norte fue el encargado de la mayoría de las impresiones de notas bancarias bajo el lema: si se necesita dinero, que se imprima, razón por la que, en ciertas regiones del país, el valor de los billetes dependía de quien estaba en el poder; de esta forma, para garantizar el valor y credibilidad en el dinero, las emisiones eran estampadas con sellos de revalidación.Fue hasta 1925 cuando Plutarco Elías Calles –por decreto nacional y para afianzar la economía– fundó el Banco de México como único emisor de papel moneda del país. Los periodos de inestabilidad monetaria fueron el antecedente que preparó la base de confianza con que ahora cuentan nuestros billetes y monedas en todo el país, y allende las fronteras.
Martín Luis Guzmán conoció a Francisco Villa en 1914. A lo largo de los años, sostuvo diferentes entrevistas con el Centauro del Norte; en 1934 el diario El Universal publicó en diferentes entregas Memorias de Pancho Villa, que serían más tarde compiladas y editadas en un solo volumen por la editorial Botas en 1938.
El escritor y periodista tuvo oportunidad de documentar los eventos históricos de primera mano; su fuente principal fue el propio Villa y los apuntes de Manuel Bauche Alcalde, sobre todo para los episodios relativos a la infancia y juventud del entonces bandolero. Por esta razón, no debe extrañar que el novelista adopte en su narración la primera persona en la construcción de su texto. A pesar de ello, la veracidad de los hechos ha sido cuestionada por sus contemporáneos, así como por historiadores. El célebre episodio en el que Doroteo Arango defendió a su hermana, quien iba a ser deshonrada por el hijo más joven del hacendado duranguense López Negrete, así como algunas anécdotas de cuando andaba a salto de mata, seguramente fueron ensalzados por el propio Villa.
Guzmán narró desde los orígenes del caudillo en el norte de México y su transformación en un destacado líder militar, hasta los eventos más importantes en los que participó. En su libro La novela hispanoamericana del siglo XX, John S. Brushwood afirmó que Martín Luis Guzmán fue un agudo observador, lo que le permitió desentrañar las personalidades de los distintos revolucionarios y adentrarse en su psique. La obra retrata la figura de Villa como un hombre carismático, valiente y buen estratega militar, pero también como alguien con un temperamento impulsivo y violento.
El entusiasmo por los ideales sociales que se perciben en las primeras novelas de la Revolución Mexicana, cedió el paso al desencanto que priva en la obra de Martín Luis Guzmán publicada en las décadas de 1920 y 1930. A este respecto Carlos Monsiváis apuntó:
De un modo u otro, los escritores que se dedican a explicarse y a explicar la Revolución, suelen condenar por principio. Para ellos, la Revolución falla porque no opera el milagro de redimir (en su sentido literal y cristiano) a una masa condenada a la esclavitud, por maldad ajena y parálisis propia. La Revolución, pese a todo, triunfa por encumbrar a una nueva clase. Entre aplausos, olvidos y menosprecios ideológicos, estos novelistas sugieren o anotan otras claves interpretativas. Y, en ocasiones, crean un mundo. Martín Luis Guzmán, un prosista admirable, es quien mejor profundiza en el fenómeno del dirigente revolucionario. […] Guzmán no acepta el tipo de hombre creado por la Revolución, lo considera básicamente un bárbaro, una irrupción. Para Guzmán, la historia de México es la búsqueda de una sentencia irremisible..
LG
El monumento, otrora cúpula del arquitecto francés Émile Bénard, que buscaba ser la casa del Congreso porfiriano de 1910 e inspirada en el Capitolio de Washington, d. c., sería proyectado por Carlos Obregón Santacilia en 1938, como mausoleo capitalino a la gesta revolucionaria.
La imprenta Galas de México creó cromos con los que buscaba reafirmar referencias visuales de un panteón identitario. Los héroes que nos dieron patria ilustraron las monografías que estudiantes adquirían en las hoy menguantes papelerías de barrio.
A la imagen del caudillo bandolero Villa, habría que sumar su preocupación por la generación de leyes que nutriría la Carta Magna de 1917:
Considerando que siendo la tierra en nuestro país la fuente, casi la única de la riqueza, la gran desigualdad en la distribución de la propiedad territorial, ha producido la consecuencia de dejar a la gran mayoría de los mexicanos, a la clase jornalera, sujeta a la dependencia de la minoría de los terratenientes, dependencia que impide a aquella clase el libre ejercicio de sus derechos civiles y políticos. […] En tal virtud he tenido a bien expedir la siguiente: LEY GENERAL AGRARIA [que entre sus artículos destaca]: Se considera incompatible con la paz y la propiedad de la República la existencia de las grandes propiedades territoriales. […] El gobierno de cada Estado tomará en consideración la superficie de este, la cantidad de agua para riego, la densidad de su población, la cantidad de sus tierras, las extensiones actualmente cultivadas y todos los demás elementos que sirvan para determinar el límite más allá del cual la gran propiedad llega a constituir una amenaza para la estabilidad de las instituciones y para el equilibrio social. […] Se expropiarán los terrenos circundantes de los pueblos indígenas en la extensión necesaria para repartirlos en pequeños lotes […]. La Federación expedirá las leyes sobre crédito agrícola, colonización y vías generales de comunicación y todas las demás complementarias del problema nacional agrario. Decretará también la exención del Decreto del Timbre a los títulos que acrediten la propiedad de las parcelas a que se refiere esta Ley.
[…] Dado en la Ciudad de León, a los veinticuatro días del mes de mayo de 1915. Francisco Villa.
AM
Francisco Villa fue un personaje polémico; desde su tiempo, hubo detractores, pero también personas que lo apoyaron y admiraron. Esta nota publicada el 25 de enero de 1920 en la revista La Semana, es testimonio de la imagen heroica y de poder que encarnó el revolucionario, cuya vida y hazañas se convirtieron en fuente de inspiración para la literatura y el cine.
Nuestra opinión categórica y expuesta con un valor que pocos han tenido, es que, actualmente, en el Gral Villa encarna la personalidad más poderosa de la Revolución; pero las ideas de esta carta nos ponen tan de relieve la modestia, patriotismo, y abnegación de este hombre tan inusitado de sus enemigos y tan mal comprendido aun de parte de los que fueron sus partidarios, que nos parece, y no tenemos empacho en declararlo, que este periodo de su vida que titánicamente ha estado en lucha con la adversidad, ha depurado su espíritu en una forma tal, que se antoja como la revelación de un hombre nuevo, modelado por las prodigiosas manos de la desgracia, que es tan habil artifice como cualquiera otra de las fuerzas gigantes de la naturaleza, y pueden hacer también de algunos hombres, verdaderas obras maestras de vigor, de templanza y de fortitud.
SP
La transcripción respetó la ortografía del documento.