Revista / 2023 Julio / 2023, año de Francisco Villa…
El 20 de julio de 1923, el general Francisco Villa se retiró de un bautismo y fue emboscado mientras circulaba por las calles de Hidalgo del Parral, Chihuahua. En una intersección, un grupo de hombres apostados en un edificio cercano abrió fuego en contra del vehículo. El revolucionario hizo amago de tomar su pistola para repeler el ataque cuando una bala lo alcanzó. Quedó gravemente herido y fue trasladado a un hospital en donde murió a los pocos minutos.
La primera revolución del siglo XX se nutrió de distintos movimientos. Tras la primera etapa maderista, Venustiano Carranza persiguió al Centauro del Norte. También lo hicieron el entonces presidente Álvaro Obregón y quien este favorecía como su sucesor, Plutarco Elías Calles.
En la semana del 12 al 18 de junio de 1923, el diario El Universal publicó un reportaje de Regino Hernández Llergo titulado «Una semana con Francisco Villa en Canutillo». A partir de una serie de entrevistas, Villa insinuó su apoyo a Adolfo de la Huerta, adversario político de Calles: es una buena persona, muy inteligente, muy patriota y no se verá mal en la Presidencia de la República, y dejó entrever que, tras haber gobernado Chihuahua, habría gozado del favor popular en Durango.
En la misma entrevista, Villa hizo alarde de su poder militar y político: Soy un soldado de verdad. Yo puedo movilizar 40 mil soldados en 40 minutos. Los historiadores Friedrich Katz, Fernando Benítez, Jean Meyer y la misma Guadalupe Villa, nieta del revolucionario, coinciden en que esta frase fue su sentencia de muerte pues tras pactar su retiro, había prometido no inmiscuirse más en la política nacional. Sin embargo, de acuerdo con una conversación con Regino Hernández, habría sugerido que aquel acuerdo solo contemplaba el gobierno de Álvaro Obregón.
Pocas figuras históricas son tan atractivas en su personalidad como Francisco Villa y gran parte del interés en su vida es el fuerte contraste de luces y sombras que lo rodearon.
La historiadora Doreli M. Nava Gavilanez apunta:
El Centauro del Norte, rodeado de multifacéticas capas de leyenda y mito, es sinónimo de dualidad, el bandido que se hizo héroe poseedor de una utopía social, en ocasiones se convierte en la fiera cruel y asesina que busca equilibrio entre la venganza y esperanza, entre la destrucción y piedad, violencia y luz, entre fierro y… ángel..
Sobre la utopía planteada por Nava Gavilanez, expresó Friedrich Katz:Fueron los recursos provenientes de aquellas confiscaciones los que fundieron el conjunto de una coalición de fuerzas extremadamente heterogénea […]. Los habitantes de las ciudades de Chihuahua pudieron contar con la adquisición de carne y otros productos de las grandes propiedades a precios bajos, por la voluntad de Villa de ayudar a los pobres de las áreas urbanas del estado. […] La clase media a su vez esperaba acceder, con la victoria de Villa, a nuevas posiciones, ya sea en la estructura burocrática de Chihuahua, o bien en la nacional… .
Villa es, junto con Zapata, una de las figuras emblemáticas de la Revolución Mexicana. En los estados del norte del país abundan pueblos, calles, edificios públicos que llevan su nombre; incluso lo ha adoptado el Pancho Villa State Park de Columbus, en Texas, estado invadido por el Centauro del Norte, luego de su incursión en Columbus, Nuevo México.El centenario de Francisco Villa nos invita a estudiar su imagen y su lugar en la historia. Aunque Villa es a menudo recordado por su papel en la lucha armada, su periodo como cuatrero, bandido justiciero y la invasión a los Estados Unidos, su legado trasciende su carisma y habilidades militares. Fue un defensor de los derechos de los trabajadores y de los campesinos, luchó por la justicia social y la distribución equitativa de la tierra. Su compromiso con las causas populares y su enfrentamiento contra la opresión, dejaron una huella en la conciencia colectiva nacional.
Villa tomó las riendas de su propia narrativa. Los textos de Rafael F. Muñoz y Martín Luis Guzmán reprodujeron las historias que cabalgan entre realidad y ficción que el propio revolucionario contó. En palabras de Carlos Monsiváis:
Pancho Villa, mercancía exportable, es figura clave en la búsqueda de señas de identidad del machismo. La ferocidad del «revolucionario» (con su bigote y su sombrero gigantescos, su indistinción entre brutalidad y ternura, su indiferente o golosa relación cotidiana con la muerte y el asesinato) aparece, una vez catalogada, como incentivo turístico y factor de comprensión histórica. La Revolución es el trámite de barbarie del que podemos enorgullecernos: fue breve y fue mítico..