2023 Enero Alegoría: de lo visible a lo invisible

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Alegoría: de lo visible a lo invisible Francesca Conti | Curaduría Tiempo de lectura: 5 minutos.

La palabra «alegoría» deriva del griego «ἀλληγορία», de «ἄλλος», «otro», y «ἀγορεύω» que significa «hablar». Su etimología sugiere la carga alusiva que hace que su interpretación se distinga de su significado aparente. El empleo de esta expresión abstracta del pensamiento y del lenguaje se difundió a partir de la Edad Helénica.

Si bien hay una fundamental pertinencia con la metáfora, la alegoría no se adscribe únicamente a la esfera literaria, sino que trastoca el ámbito artístico, como figuración de una idea abstracta que se expresa sobre todo mediante símbolos y personificaciones.

En Occidente la alegoría se empleó para representar los más diversos conceptos: la vida y la muerte, estaciones, pueblos, continentes, virtudes, triunfos y su contraparte, las derrotas, entre muchos otros. Cada noción sugiere otra que amplía y multiplica sus significados: las personificaciones de las estaciones, por ejemplo, podían aludir a las revoluciones del tiempo y así simbolizar el ciclo de nacimiento, muerte y dar sentido a la creencia en un más allá. Además de ser una alegoría de la eternidad, del evo, también podían referir a la armonía entre el macrocosmos y el microcosmos.

La alegoría como género artístico tuvo un nutrido y complejo debate ilustrado a partir del siglo XVIII. En su anhelo por descubrir el significado de la obra de arte más allá de la primera visión hedonística, el investigador Johann Joachim Winckelmann distinguió entre «el contenido literario» y «el contenido alegórico». De acuerdo con el escritor, este último es el que hace posible que las figuras cobren un particular significado más allá de su apariencia. La reflexión fue ahondada por el filósofo Gotthold Ephraim Lessing, quien separó a los pintores “prosaicos” de aquellos “alegóricos”, al señalar cómo los segundos atribuían a lo visible un significado ulterior: una distinción entre figuración natural y contenido intelectual.



Con la llegada del siglo XIX se renovó la exigencia de definir las características de la alegoría en el ámbito artístico. Para el filólogo Georg Friedrich Creuzer, la alegoría se distingue del símbolo que significa per se (Bedeutsam), por «su anhelo a significar» (Will Deuten). El arqueólogo Hugo Blümner excluyó de las representaciones alegóricas aquellas que pueden ser interpretadas alegóricamente en su conjunto, pero que no poseen nada de alegórico por sí mismas. Blümner distinguió entre las personificaciones surgidas de manera espontánea a partir de la tradición popular y aquellas dictadas por la reflexión filosófica: de hecho, según el escritor solo estas últimas pueden ser consideradas alegóricas. Bajo este precepto, por ejemplo, las armas de Marte –independientemente de la situación en que se le represente– son las que una persona usaría en un combate, mientras que las de Cupido, un infante con alas, tendrían un significado muy distinto en manos de otro niño. Es así que los personajes de una escena alegórica cobran sentido a partir del contexto en el que se encuentran. Sobre el tema siguieron numerosas contribuciones como el escrito de 1887 de Jacob Burckhardt, Die Allegorie in den Künsten [La alegoría en las artes].

Más allá de las disertaciones sobre el tema, es importante tener presente la relación entre la alegoría figurativa y la cosmovisión relacionada con esta. Si por un lado el mecanismo de la alegoría parece distinguirse del simbolismo –que se da cuando un objeto refiere a una idea general– y de la personificación –que ocurre al expresar términos abstractos mediante figuras–, al mismo tiempo incluye esos dos aspectos y, sobre la base de una relación convencionalmente acordada entre concepto y representación, refiere a una idea que trasciende la obra de arte.

Su carácter puede desvelarse de manera tanto latente como patente. Con sentidos morales, éticos, políticos e incluso satíricos, las alegorías se han encargado de expresar la tradición de cada época y es por eso que, para una correcta interpretación, es necesario conocer el código cultural de las diferentes etapas y contextos históricos. Incluso hay casos en los que la exégesis alegórica surgió independientemente de la intención del artista. A tal propósito, vale la pena destacar su preciosa función mediadora: la posibilidad de interpretar de manera alegórica datos procedentes del pasado fue una de las soluciones adoptadas por el pensamiento crítico de diferentes épocas, ante la necesidad de analizar la tradición anterior a partir de las nuevas investigaciones filosóficas, científicas, históricas…

Allá donde materia y forma no pueden ser separados, se dan connubios entre ser y apariencia, profundidad y superficie, misterio y transparencia, esos renovaron el carácter trascendente del arte, como un instrumento que permite hacer visible lo invisible.

Alegoría, abstracción, significado, personificación, filosofía

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