2023 Abril La crucifixión en los evangelios

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La crucifixión en los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan

Laura González Eguiarte | Curaduría

En febrero de 1996 el bibliófilo mexicano y estudioso de las Sagradas Escrituras, Ernesto de la Peña, concluyó la traducción de los cuatro evangelios canónicos directamente del griego al español. El también lingüista explicó que realizó esta tarea sin más pretensión que la de servir al pueblo de México en sus lecturas bíblicas.
De la Peña acercó los evangelios a una cotidianidad del siglo XX, evitó los hispanismos y modernizó el lenguaje para que los textos bíblicos fueran más próximos a la realidad latinoamericana. El traductor se acogió al principio de literalidad, es decir, que no optó por sinónimos ante el encuentro con reiteraciones en el texto para así conservar la cadencia e intención de los originales. De acuerdo con el estudioso del periodo paleocristiano Roberto Sánchez Valencia, este proceder consigue transmitir la sensación de antigüedad de los documentos, sin recurrir a términos castellanos arcaicos que no se emplean en nuestro país y podrían dificultar su comprensión. Asimismo, la traducción está acompañada de extensas notas aclaratorias que se caracterizan por su profundo conocimiento de las doctrinas filosóficas y teológicas del catolicismo.



Los episodios relativos a la Crucifixión de los cuatro evangelios traducidos por Ernesto de la Peña conservan la ortografía y puntuación del traductor. Algunos nombres que se han escrito siempre de una manera, aparecen aquí con la grafía que recomienda el buen uso del español, advirtió el erudito. Tal es el caso de «Zebedeo», que De la Peña consignó como «Cebedeo».
Al finalizar cada pasaje se presenta una breve glosa que conjunta algunas de las notas de Ernesto de la Peña con otras investigaciones e interpretaciones de los textos bíblicos, con el fin de brindar mayor luz sobre los mismos.



Mateo, 27:32-56 32Al salir, se encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo contrataron para que le cargara la cruz. 33Y fueron a un lugar llamado Gólgota, que significa «el lugar de la calavera» 34y le dieron de beber vino mezclado con hiel y cuando lo probó, no quiso beber. 35Y después de crucificarlo, dividieron sus ropas a la suerte 36y lo vigilaban, sentados allí. 37Y pusieron escrita, encima de su cabeza, la causa de su condena: «Éste es Jesús, el rey de los judíos.» 38Y crucificaron junto a él a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. 39Y los que pasaban, lo insultaban moviendo la cabeza 40y diciendo: —Tú, que derribas el templo y en tres días lo reconstruyes, ¡sálvate a ti mismo! Si eres el hijo de Dios, ¡baja de la cruz! 41Igualmente, los sumos sacerdotes bromeaban con los escribas y los ancianos, diciendo: 42—A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Es rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz y creeremos en él. 43Ha confiado en Dios, que lo salve ahora si lo quiere; porque dijo: «¡Soy hijo de Dios!» 44Y hasta los ladrones que estaban crucificados junto con él lo injuriaban.
45Desde la sexta hora cayó la oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. 46Y hacia la hora nona, Jesús gritó con fuerte voz, diciendo: —¡Elí, Elí, ¿lema sabajzani?, es decir: «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me abandonaste?» 47Algunos de los que estaban ahí, al oírlo, dijeron: —Éste llama a Elías. 48E inmediatamente corrió uno de ellos y, tomando una esponja, la llenó de vinagre y, poniéndola en una caña, se la dio a beber. 49Y los demás decían: —¡Déjalo! Veamos si viene Elías a salvarlo. 50Y Jesús, gritando de nuevo con voz fuerte, entregó el espíritu.
51Y entonces se rasgó en dos el velo del templo, desde arriba hasta abajo, y la tierra fue sacudida por un sismo y las piedras se partieron. 52Y se abrieron los sepulcros y muchos cadáveres de los santos que allí reposaban, resucitaron 53y, después de que él resucitó, salieron de los sepulcros y entraron en la ciudad sagrada y se aparecieron a muchos. 54El centurión y los que estaban con él, custodiando a Jesús, al ver el terremoto y lo que sucedía, se espantaron sobremanera, diciendo: —Verdaderamente éste era hijo de Dios. 55Y allí estaban muchas mujeres que miraban desde lejos y que habían seguido a Jesús desde Galilea, para servirlo. 56Entre ellas estaban María Magdalena y María, madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Cebedeo.



Notas sobre el pasaje En el apartado de notas, Ernesto de la Peña señaló que Cirene era una colonia griega en la costa norte de África. Más tarde, se convirtió en provincia romana, bajo el nombre de Barca o Cirenaica. Simón era uno de los muchos judíos que la habitaban y se cree que había ido a Jerusalén para celebrar la Pascua.
Por su parte, las palabras arameas gulgulta o golgolta y la hebrea gulgólet significan «cráneo» o «calavera». De la Peña apuntó a que el nombre quizá provenga de una roca con esa forma y señaló que el paraje era uno de los cementerios de Jerusalén. Según una interpretación de los textos de san Pablo, en dicha colina se encontraba la calavera de Adán y de acuerdo con una tradición popular, la cruz de Cristo, al caer sobre el cráneo de Adán y despedazarlo, terminó en cierta forma con la culpa original, y permitió a los seres humanos alcanzar la salvación.
Ernesto advirtió que pese a las palabras de los escribas quienes acusan a Jesús de hacerse llamar Hijo de Dios, Él solamente se nombró Hijo del Hombre.
La Crucifixión fue presenciada por varias mujeres quienes acompañaban a Jesús desde Galilea; entre ellas se encontraban la Virgen María y sus dos hermanas: María Cleofás, casada con Alfeo y madre de los apóstoles Santiago, el Menor, Simón y Judas Tadeo, y María Salomé, esposa de Cebedeo y madre de Juan y Santiago, el Mayor. La tradición cristiana ortodoxa las identifica como parte de las «santas miróforas», es decir, «portadoras de mirra», ya que ellas participaron del Santo Entierro y esta sustancia se empleó para ungir el cuerpo del Señor y embalsamarlo. Popularmente son conocidas como «las tres Marías».



Marcos, 15:21-41 21Y obligaron a un tal Simón de Cirene, padre de Alejandro y Rufo, que por allí pasaba de regreso del campo, a que cargara la cruz. 22Y lo llevaron al lugar del Gólgota que, traducido, significa «Lugar de la calavera», 23y le dieron vino mezclado con mirra, pero él no lo bebió. 24Y lo crucificaron y repartieron su ropa, echándola a las suertes para ver qué se llevaba cada uno.
25Era la hora tercera y lo crucificaron. 26Y estaba escrita la causa de su condena: «El rey de los judíos».27Y crucificaron junto con él a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda. 29Y los que pasaban, lo apostrofaban moviendo la cabeza y diciendo: —¡Bah! Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, 30¡sálvate, bajando de la cruz!
31Y de la misma manera los sumos sacerdotes, junto con los escribas, bromeaban entre sí, diciendo: —Ha salvado a otros, pero a sí mismo no se puede salvar. 32El Cristo, el rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos! Y también lo insultaban los que estaban crucificados junto con él. 33Y cuando llegó la hora sexta, toda la tierra quedó en tinieblas hasta la hora nona. 34Y a la hora nona, Jesús gritó con voz fuerte: —¡Elohí, Elohí, lema sabajthaní!, que, traducido, significa: «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?»
35Y algunos de los circunstantes, al oírlo, decían: —Mira, está llamando a Elías. 36Y uno de ellos corrió y empapó una esponja en vinagre y clavándola en una pértiga, se la dio a beber, diciendo: —¡Déjenlo!, a ver si viene Elías a llevárselo! 37Y Jesús, lanzando una grande voz, expiró.
38Y la cortina del templo se rasgó en dos, desde arriba hasta abajo. 39Y el centurión que estaba enfrente de él, al ver que había expirado así, dijo: –¡Verdaderamente este hombre era hijo de Dios!
40También estaban allí unas mujeres que, desde lejos, miraban. Y entre ellas estaban María Magdalena y María, la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé, 41quienes, mientras él estaba en Galilea, lo seguían y lo servían y, además, otras muchas, que habían subido con él a Jerusalén.



Notas sobre el pasaje Ernesto de la Peña advirtió que hay discrepancia entre las horas que señalan los evangelistas Marcos y Juan. Marcos sostiene que la Crucifixión ocurrió a la hora tercera mientras que Juan la ubica hacia la sexta hora. A este respecto, apuntó el traductor, es posible que Juan considerara el momento en que se pidió la condena y no el momento en que ocurrió. De acuerdo con el sistema romano, la tercera hora corresponde con las 9 de la mañana; la sexta con el mediodía y la nona con las tres de la tarde.
Tras la muerte de Jesús, el cielo se oscureció por tres horas y sucedió un temblor durante el cual se rasgó el velo del templo de Jerusalén. Este velo separaba la morada o plano que habitan los seres humanos del espacio en donde se custodiaban los objetos sagrados del culto judío y solo el sumo sacerdote tenía permitido acceder al recinto una vez al año. Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto (Hebreos, 9:3-4). El velo simboliza el pecado que separa al ser humano de Dios: vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír (Isaías, 59:2). De este modo, al rasgarse el velo, el ser humano ha sido salvado y puede acceder, por virtud de la gracia, al Paraíso.



Lucas, 23:26-49 26Y cuando lo llevaban, echaron mano de un tal Simón Cireneo, que venía del campo, le pusieron encima la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. 27Y una gran muchedumbre del pueblo y de mujeres iban siguiéndolo y éstas lloraban y se lamentaban por él.
28Y Jesús, volviéndose hacia ellas, dijo: —Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos, 29porque vendrán días en que dirán: «Dichosas las estériles y los vientres que no dieron a luz y los pechos que no amamantaron»; 30entonces comenzarán a decir a los montes: «Caigan sobre nosotras», y a las colinas: «Cúbrannos». 31Porque si con el leño verde hacen esto, ¿qué harán con el seco?
32Y también eran llevados con él otros dos, unos malhechores, para ser ejecutados. 33Y cuando llegaron al lugar que se llama Cráneo, allí lo crucificaron a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
34Y Jesús dijo: —Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y ellos se partieron sus ropas y las echaron a la suerte. 35Y el pueblo estaba mirando y los magistrados se burlaban de él, diciendo: —A otros salvó, ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías, el elegido de Dios! 36Y también se burlaban los soldados, acercándose a él, ofreciéndole vinagre 37y diciendo: —Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!
38Y había encima de él una inscripción que decía: «Éste es el rey de los judíos».
39Y uno de los malhechores que estaban colgados junto con él lo insultaba, diciendo: —¿No eres tú el Mesías? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros! 40Pero el otro, respondiendo, lo reprendió, diciendo: —¿Ni siquiera temes a Dios cuando estás con él sufriendo el mismo castigo? 41Porque nosotros recibimos lo que corresponde a lo que hicimos, pero éste no hizo nada indebido.
42Y a Jesús le dijo: —Señor, ¡acuérdate de mí cuando llegues a tu reino! 43Y Jesús le contestó: —En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
44Y ya era hacia la hora de sexta y cayeron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona 45y el sol se eclipsó y el velo del templo se rasgó por la mitad.
46Y Jesús, dando un fuerte grito, dijo —¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Y dicho esto, exhaló el espíritu.
47Y el centurión, al ver lo que había pasado, glorificó a Dios, diciendo: —En verdad que este hombre era inocente.
48Y todas las turbas que se habían congregado para contemplar este espectáculo, al ver las cosas que pasaban, se represaron, golpeándose el pecho. 49Y a lo lejos estaban viendo estas cosas todos los que lo conocían y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea.



Notas sobre el pasaje Si bien los cuatro evangelistas narran que Jesús fue crucificado entre dos malhechores, solo Lucas menciona el arrepentimiento de uno de ellos. Ninguno consigna sus nombres, aunque estos han llegado a nosotros como Dimas y Gestas gracias a las Actas de Pilatos. Este texto apócrifo también es conocido como «Evangelio de Nicodemo» porque afirma ser la traducción de un original en hebreo escrito por Nicodemo, miembro del sanedrín y amigo de Jesús, quien en el evangelio de Juan participa del Santo Entierro. Asimismo, apuntó Ernesto de la Peña, en el Evangelio árabe de la Infancia, sus nombres aparecen como «Tito» y «Dúmaco».



Juan, 19:16-37 16Entonces les entregó a Jesús para que fuera crucificado. Y se apoderaron de Jesús. 17Y él, llevando a cuestas una cruz, salió a un lugar que llaman de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota. 18Allí lo crucificaron junto con otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
19Pilatos escribió también un letrero y lo puso sobre la cruz; y allí estaba escrito: «Jesús Nazareno, Rey de los Judíos». 20Muchos judíos leyeron el letrero, porque el lugar en que fue crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad, y porque estaba escrito en hebreo, latín y griego. 21Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilatos: —No escribas: «El Rey de los Judíos», sino que éste dijo: «Soy el rey de los judíos».
22Pilatos contestó: —Lo que escribí, escrito queda.
23Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus ropas e hicieron cuatro partes, una para cada uno, y dejaron la túnica aparte. Era una túnica sin costuras, tejida de una sola pieza desde arriba hasta abajo. 24Y los soldados se dijeron: —No la rasguemos, ¡echémosla a la suerte, para ver a quién le toca! Esto fue para que se cumpliera la Escritura: «Se repartieron entre sí mis ropas y sobre mi túnica echaron suertes». Esto fue lo que hicieron los soldados.
25Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, la hermana de su madre, María, la mujer de Clopas y María Magdalena. 26Cuando Jesús vio a su madre y, a su lado, al discípulo que amaba, dijo a su madre: —Mujer, allí está tu hijo. 27Y después dijo al discípulo: —Aquí está tu madre. Desde entonces, el discípulo la llevó a su casa.
28Después, al saber Jesús que ya todo estaba terminado, a fin de que se cumpliera la Escritura, dijo: —Tengo sed. 29Había allí un jarro lleno de vinagre y, poniendo en un hisopo una esponja empapada en el vinagre, se la pusieron en la boca. 30Cuando Jesús tomó el vinagre, dijo: —¡Ha terminado! Y reclinando la cabeza, entregó el espíritu.
31Como era el día de la preparación, los judíos, que no querían que los cuerpos se quedaran en la cruz durante el sábado, porque era un día muy grande, le pidieron a Pilatos que les quebraran las piernas y los descolgaran. 32Así pues, llegaron los soldados y quebraron las piernas del primero que había sido crucificado con Jesús, y luego las del otro. 33Pero cuando llegaron a Jesús y vieron que estaba ya muerto, no le quebraron las piernas. 34Pero uno de los soldados con una lanza traspasó el costado de Jesús e inmediatamente después brotaron sangre y agua. 35El que vio esto dio testimonio y su testimonio es auténtico y él sabe que dice la verdad para que también ustedes crean. 36Todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: «No se le quebrará ni un solo hueso». 37Y otra Escritura, que dice: «Verán a aquel a quien traspasaron».



Notas sobre el pasaje El evangelio de Juan recuerda cómo el suplicio de Cristo cumplió con las profecías del Antiguo Testamento, es decir, aquellas que corresponden con la tradición judía. Destacan las realizadas por Isaías en el capítulo 53:

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.
(Isaías, 53:5-9)


Asimismo, los salmos 22 y 69 son considerados prefiguraciones de la Pasión:

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?
Dios mío, clamo de día, y no respondes;
y de noche, y no hay para mí reposo.
Pero tú eres santo,
tú que habitas entre las alabanzas de Israel.
En ti esperaron nuestros padres;
esperaron, y tú los libraste.
Clamaron a ti, y fueron librados;
confiaron en ti, y no fueron avergonzados.

Mi corazón fue como cera,
derritiéndose en medio de mis entrañas.
Como un tiesto se secó mi vigor,
y mi lengua se pegó a mi paladar,
y me has puesto en el polvo de la muerte.

porque perros me han rodeado;
me ha cercado cuadrilla de malignos;
horadaron mis manos y mis pies.

Contar puedo todos mis huesos;
entre tanto, ellos me miran y me observan.
repartieron entre sí mis vestidos,
y sobre mi ropa echaron suertes.


(Salmos, 22:1-5, 14-18)



También el hecho de que los soldados le ofrecieran vinagre cumple con las escrituras: Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre. En relación con este episodio, Ernesto de la Peña señaló que hay discrepancias entre las lecturas de los exégetas y que algunos de ellos apuntan a que la soldadesca romana era muy afecta a la posca, bebida hecha con agua mezclada con vinagre y que, al darle a Cristo a beber esta pócima, se habían compadecido de él. Sin embargo, otra posible interpretación es que la posca, al reconstituir el cuerpo, sería responsable de alargar la vida y, por ende, el suplicio del Salvador.



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