2022 Julio De libros y saberes

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De libros y saberes Tiempo de lectura: 15 minutos
El pensamiento en el Medioevo, normado por la vida monacal y las grandes pautas de la Escolástica, dictó las vías del conocimiento a través de los grandes compendios bibliográficos reunidos en los acervos conventuales y, más tarde, en las primeras universidades catedralicias de Europa. Sus máximas de conocimiento llegaron a América. Con las órdenes religiosas de franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas, entre otras, que modelaron las formas de pensar y de sentir en los reinos allende ultramar. Santos como Francisco de Asís, Agustín de Hipona y Domingo de Guzmán fueron representados con libros como testimonio de su fe, erudición y búsqueda de Dios. En el género del retrato, hombres y mujeres del fuero civil o eclesiástico también aparecen con libros como símbolo de conocimiento, oración, vida piadosa y ejercicio espiritual.


Libro de cantos para la misa de la Virgen La antigua tradición monástica de elaborar minuciosos libros de gran formato para las ceremonias litúrgicas encontró cabida en colegios y conventos fundados en Nueva España, donde los religiosos conocidos como «amanuenses» o «copistas» desarrollaron sus habilidades de caligrafía, dibujo e iluminación.

Desde el siglo XVI, el método evangelizador de los franciscanos refiere una profunda relación con las costumbres de los pueblos indígenas, quienes tenían una extraordinaria capacidad musical y una larga tradición pictórica. De este modo los misioneros recurrieron a ambas manifestaciones para que la religión penetrara y se arraigara en el corazón indígena. El llamado «método audiovisual» contribuyó a la elaboración de magníficas piezas musicales y pinturas, a partir de las cuales se enseñaron los preceptos cristianos.

Los libros de coro tuvieron especial atención en unir ambas disciplinas y en este caso, con la voz –el instrumento musical por excelencia– en polifonía cantar a la Madre de Dios.

AM



Éxtasis de san Agustín A partir de la conocida estampa del grabador renacentista Mario Kartarius, sobrevino el auge de las representaciones de san Agustín en éxtasis. La especialista Nelly Sigaut suscribe: La sangre que sale de la herida del costado de Cristo y la leche del seno de María, se dirigen hacia la boca entreabierta del santo como un sutil alimento místico. Al pasaje se suma la imagen barroca del obispo de Hipona con pluma en mano para dar testimonio filosófico sobre la ciudad terrena y la Ciudad de Dios, símbolo por excelencia de la filosofía neoplatónica medieval. Escribió el santo: Todo el uso de las cosas temporales en la ciudad terrena se refiere y endereza al fruto de la paz terrena, y en la ciudad celestial se refiere y ordena al fruto de la paz eterna.

HP



San Buenaventura Fue el más destacado teólogo de la Orden Franciscana. A partir de su canonización en 1482, los hermanos menores dispusieron bajo su nombre y patrocinio un conjunto conventual en Sevilla y ya en el Nuevo Mundo, el convento novohispano de Cuautitlán (hoy catedral).

El libro alude a la calidad y profundidad de su pluma por la que Sixto V lo proclamaría, en 1588 Doctor de la Iglesia, y que luego le ganaría el sobrenombre de «Doctor Seráfico». Si bien la anécdota de la visita del célebre fraile dominico Tomás de Aquino a Buenaventura refiere que el conocimiento de Dios venía directamente de un crucifijo, aquí Antonio de Torres subrayó el papel intercesor de Santa María.

Esta obra guarda relación con el modelo iconográfico creado en el taller de sus parientes los Juárez, a partir de estampas renacentistas como la de Mario Kartarius. Un Buenaventura (1640-1660) de José Juárez en la pinacoteca de Museo Soumaya marcó la sobriedad del Barroco que retomaría Antonio Rodríguez.

AM



San Bernardo Abad Bernardo de Claraval (1090-1153) fue el gran promotor de la orden reformada cisterciense en el contexto de la Segunda Cruzada. Ferviente devoto de la regla monástica benedictina, buscó llevar a la Iglesia al modelo original del cristianismo primitivo. Miguel Cabrera representa al santo –en este lienzo destinado a la Real y Pontificia Universidad de México– en un momento de exaltación de las virtudes marianas con su célebre tratado De Laudibus Virginis, donde aludió a María como Notre Dame [Nuestra Señora], haciéndola partícipe de la dolorosa expiación del género humano con la que se alcanzó la reparación de la falta de Eva y la completa satisfacción del Padre, apunta el investigador Rogelio Ruiz Gomar.

HP



San Antonio de Padua con el Niño Antonio de Padua perteneció a la orden de san Agustín y, tras el martirio de cinco hermanos franciscanos en Marruecos, cambió su hábito por el del santo de Asís, tal como se aprecia en el sayal que porta en este lienzo manierista que se aleja de la Escuela flamenca.

Se le representa con tres atributos: el lirio blanco, símbolo de castidad; el libro que celebra su fama como predicador y que recuerda que el papa Gregorio IX lo nombró doctor evangelicus de la Iglesia y «Arca del Testamento» por su amplio conocimiento de las Sagradas Escrituras; y el Niño Jesús, en referencia a su más importante milagro. Poco antes de morir, el monje recibió asilo en la propiedad del conde Tiso en Camposampiero, Italia; su anfitrión lo espió y presenció la aparición del Hijo de Dios ante el fraile. El santo le pidió no desvelar la visita hasta después de su muerte.

LG



San Francisco de Asís La escena barroca suprime al hermano León. El artista flamenco vecino de la Puebla de los Ángeles no dispone al «ovejuela de Dios», confesor de Francisco. El santo de Asís ya ha experimentado el dolor místico en los estigmas que abrazan dolor y fe.

Ejercicio espiritual, la oración desdeña al mundo y sus vanidades, representadas por la calavera. Símbolo de la cultura y los saberes superiores, el libro revela los misterios, exégesis del conocimiento del universo. La Biblia, «libro de los libros», deriva etimológicamente de la ciudad de Byblos, emporio del papiro –sostiene Hans Biedermann–, como soporte matérico de las ideas. Para el siglo XVII, el libro también es símbolo de modernidad, pues en tipos, prensas y tinta dejó atrás los frágiles rollos del mundo antiguo.

AM



San Gregorio El santo patrono de los mineros adquiere especial devoción en la región argentífera de Zacatecas y sus alrededores. Es por ello que el autor, oriundo de San Miguel el Grande (hoy de Allende) y estrictamente contemporáneo a Miguel Cabrera, legó un sólido corpus pictórico para el Bajío y el Occidente.

San Gregorio nació en Roma en 540 proveniente de una reconocida familia de senadores. En 572 fue nombrado prefecto. Al final de su vida se retiró al monasterio que posteriormente recibió el nombre de San Andrés.

En 579 fue diácono de Pelagio II y por 7 años lo representó en Constantinopla. Hacia 590 ocupó el trono de Pedro.

Mitra, báculo, libro, pluma y unas singulares zapatillas rojas son símbolos del papa, teólogo y doctor de la Iglesia, y refieren a su Teología moral inspirada por la ruptura de gloria que atraviesa la paloma del Espíritu Santo.

AM



Facultas Sacra Estas obras sobre vidrio pudieron formar parte de un conjunto realizado para alguna biblioteca. Ambos paneles siguieron como modelo la serie de las cuatro facultades, grabada en Augsburgo por los hermanos Joseph Sebastian y Johann Baptist Klauber sobre diseños de Johann Wolfgang Baumgartner. En Facultas Sacra, santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico –ataviado con el hábito de la Orden de Predicadores, sol y cadena en el pecho–, escribe la Suma Teológica inspirado por el Espíritu Santo. La escena de scriptorium sucede en una biblioteca de techos encasetonados, con estantes dedicados a la Patrística, la historia eclesiástica y las sentencias morales. Abundan en ella elementos simbólicos relacionados con el conocimiento y la defensa de la fe, pasajes de la vida del santo, sus obras y pergaminos.

LR



Facultas Inclyta Este segundo panel de Juan de Sáenz –artista que figuró entre los primeros profesores de la Academia de San Carlos– sigue igualmente la técnica de églomisé o pintura sobre vidrio, de la que se conservan escasísimos ejemplos, dada la fragilidad del soporte y la dificultad de pintar por el reverso. La composición tiene un fondo arquitectónico en el que destaca un púlpito que alude a la prédica, junto al que se abre una vista urbana. En el centro, san Alberto Magno, el Doctor Universal, escribe un tratado sobre ética inspirado por una visión de la Virgen María con su Hijo en brazos. Al lado, su discípulo, santo Tomás de Aquino, dialoga al pie de una escalinata con un busto que pronuncia Salve, ante la sorpresa de un par de acólitos. Completan la escena numerosas rocallas y símbolos de la filosofía y la ciencia.

LR



Retrato de Josefa Rosa de Sardaneta Legazpi Ojeda Espejo Torres Luna La hermana del primer marqués de Rayas, se casó en el poblado abajeño de Marfil en 1721 y tuvo una sola hija. Su padre fue alguacil mayor del Santo Oficio y regidor de la Villa de Santa Fe, Real y Minas de Guanajuato, además de benefactor de la Compañía de Jesús. Fue retratada por un pintor local, sentada de tres cuartos, delante de un cortinaje rojo; de cerca de setenta años y como una mujer culta. Sostiene un grueso volumen, mientras que sobre la mesa quedan el devocionario con guardas de nácar, una cigarrera o una caja de rapé, y una medalla con la efigie de un santo. Esta obra debió formar parte de las estrategias visuales de la familia de ricos mineros para crear una identidad aristocrática. El estilo del traje, un poco anticuado para la década de los 70, da cuenta de tal búsqueda de arraigo y del decoro de una mujer mayor.

LR



Retrato del virrey Martín de Mayorga Este retrato del virrey interino Martín de Mayorga (1779-1783) como protector de las artes, supone una renovación del género y del gusto acorde con la Ilustración. Atribuido al pintor catalán Francisco Clapera, hizo pendant en los salones de la Academia con el de José de Gálvez (1783-1884). Sobre la mesa descansan el bastón de mando y los protocolos fundacionales de la institución, mientras ofrece una medalla conmemorativa a tres putti que personifican las nobles artes. Entre planos, escuadra y cartapacios, estos se ejercitan en el uso del compás (la geometría) y disertan sobre un busto clásico (el dibujo), persiguiendo el bello ideal descrito por Anton Raphael Mengs. En el fondo, el cortinaje deja ver el Valle de México.

LR



Retrato de Manuel Ignacio Beye Cisneros y Quijano Este retrato de aparato fue realizado para la Real Universidad en memoria de uno de sus miembros ilustres, don Manuel Ignacio Beye Cisneros (1718-1787), quien también fuera canónigo doctoral de la Catedral de México y colegial de San Ildefonso. Se le mira con traje talar, bonete y muceta de doctor, y rodeado de los volúmenes que conformaban su universo intelectual y que donara para la fundación de la biblioteca universitaria. Sobre la mesa: las Constituciones, los instrumentos de la escritura y un libro cuya lectura ha interrumpido. La sentida cartela consigna su celo, amor a la patria y al bien público, al tiempo que la imagen destaca su personalidad adusta y linaje. Por medio de su galería de retratos, la corporación buscaba dar muestras de permanencia y vitalidad en una época de cambios políticos que amenazaban sus privilegios.

LR



Las musas Clío, Melpómene, Euterpe y Terpsícore
Biombo de cuatro hojas
Fruto del intercambio comercial y cultural con Oriente, los biombos, además de su uso decorativo, manifestaban el estatus económico y social de las familias principalmente criollas de la sociedad novohispana.

La exuberante vegetación, los diseños rebuscados en sus estampados, así como la delicada anatomía facial, evocan el estilo típico de la Escuela poblana.

En el Monte Parnaso, de izquierda a derecha: Clío, musa de la historia, sostiene un libro; Melpómene, musa de la tragedia, con diamantes en la cabeza, porta una daga y un cetro. La corona de olivo y la flauta relacionan a la tercera joven con Euterpe, musa de la música. A la extrema derecha, Terpsícore, musa de la danza y de la poesía, aflora como una ninfa con la mirada al cielo, quizá en busca de una doble inspiración, para ella misma y para quien la observa.

FC

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