De bondad y malignidadTiempo de lectura: 15 minutos
La pareja primordial encontró en la creación divina abundancia y plenitud. En el Jardín del Edén se bifurca el destino del alma humana ante un libre albedrío que hubo de optar por el camino del Bien o del Mal. Frente al Árbol de la Ciencia, Eva toma el fruto prohibido e induce a Adán a desafiar a Dios. Es en este escenario donde, de acuerdo con el relato bíblico, la mujer deberá padecer los dolores del parto y el hombre, el cansancio del trabajo como expiación por su desacato. Será el ángel caído, causa e inspiración del supremo acto de soberbia, el que será condenado a vivir como sierpe…reptar y morder el polvo.
La plástica novohispana, con sus grandes cometidos evangélicos y pedagógicos, echó mano de un amplio universo de representaciones de las bondades y virtudes que podían conducir al reino de Dios. Asimismo, los bestiarios medievales –que dieron lugar a las muchas y variadas imágenes del Maligno– ocuparon su lugar en la arquitectura, pintura y escultura novohispanas para recordar de modo permanente a la feligresía, la cercanía y vulnerabilidad que el hombre tiene ante el poder del Mal.
El Árbol de la vida
Presidido por Dios Padre y la paloma, símbolo del Espíritu Santo, sobre la cartela que señala al Rey de los judíos, el tao-árbol de la vida se transfigura en un fértil vergel pletórico de vides y rosas al tiempo que vence al mundo, a la carne y al demonio.
Los primeros padres, tras cometer la falta y vestidos en pieles, se arrodillan ante la Eucaristía con la presencia de los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel.
Pecado y salvación hermanados, del plexo de Adán-Jesús y Eva-Magdalena brotan sendos sarmientos de los que nace la devoción tanto de la Inmaculada Concepción como del Hijo del Hombre en la Cruz, misma que puede ser símbolo de la fundación del conjunto zacatecano desde el colegio de la Santa Cruz de Querétaro.
AM
El Jardín del Edén
Esta obra del Barroco tardío captura el instante posterior al pecado original. En la esquina superior izquierda, Dios Padre, en actitud de amonestación, ocupa la parte más luminosa del cuadro. Adán y Eva, tras comer del Árbol del Bien y del Mal, expresan vergüenza por su propia desnudez.
Destaca la ausencia de los dos símbolos del Mal. Por un lado, la serpiente que con astucia sedujo a Eva para que desobedeciera la orden divina; por el otro, el fruto prohibido. A pesar de que en la Biblia no haya una referencia específica, a partir del Medioevo se representó como una manzana, quizá por la cercanía entre las palabras latinas mãlum [manzana] y mâlum [mal].
FC
Tota PulchraElecta ut sol [brillante como el Sol] y Pulchra ut luna [bella como la Luna], María es símbolo de pureza, vestida de Sol y coronada por doce estrellas, como la refiere el apóstol san Juan en el Apocalipsis. La Virgen aparece enmarcada por las devociones lauretanas (espejo, azucena, escalera, torres, puerta y fuente), que la exaltan sin mácula sobre la representación demoníaca –herencia de los bestiarios medievales– que aparece bajo su planta. Para el investigador Jaime Cuadriello, estos seres pisciformes encarnaban el «vicio de la carne» y que es el motivo causal del pecado original. Baltasar de Echave Orio pintó el rostro y su hijo, el de los azules, la representa en la Gloria como el triunfo del Bien sobre el Mal.
HP
Tota Pulchra
Este modelo iconográfico, precursor del de la Inmaculada Concepción, representa a la Mujer descrita por san Juan en el libro de las Revelaciones. La Virgen María se ve ataviada con túnica blanca, manto azul con una rica cenefa terminada en puntas, y velo traslúcido; el rostro inclinado y las manos en oración, coronada con doce estrellas y rayos dorados. Junto con el Sol y la Luna, un coro angelical (acorde con los modelos vigentes en la pintura del siglo XVII) presencia la hierofanía y tañe instrumentos musicales. María pisa el orbe y la figura del demonio –mezcla monstruosa de hombre, felino, dragón y serpiente–. En el fondo del paisaje se ven distribuidos varios símbolos marianos: escalera al cielo, puerta del cielo, fuente de la Divina Gracia, pozo de aguas vivas, nave de la Iglesia, huerto cerrado, espejo de justicia, azucena de pureza.
LR
Virgen del Apocalipsis
De especial devoción jesuita, para el siglo XVIII el culto a la Virgen del Apocalipsis se extendió por el Camino Real de Tierra Adentro. El modelo iconográfico de José de Ibarra encontró en los pinceles de Miguel Cabrera y su estela contemporánea grandes ejemplos. El arte novohispano analogó la visión de san Juan Evangelista con la Virgen María. Siempre presidida por el Padre Eterno y protegida por san Miguel, jefe de los ejércitos celestiales, Madre e Hijo enfrentan al Leviatán, aquí un ser monstruoso de cuatro cabezas que con su cola intenta barrer las nubes y así crear tempestad.
En el fondo, la isla de Patmos refiere más a un centro argentífero novohispano y en sendas cartelas con roleos afrancesados se destaca que esta copia imaginada, si esta inanimada hechura es asombro y hermosura, fue realizada por un artífice de esta tierra.
AM
Alegoría de la Purísima Concepción como protectora de la fe
La obra narra la visión de san Juan en el capítulo 12 sobre el Apocalipsis, en la que una mujer parada sobre la luna, vestida de sol y coronada por doce estrellas ha librado una batalla con la bestia. La mujer apocalíptica, ataviada con una cartela que alude a la Corona española, sostiene en su mano izquierda las riendas del ser demoníaco y, del lado derecho, un látigo de cáñamo para mortificar la carne del animal que muerde dos llaves atadas en aspa, símbolo de la potestad dada por Cristo a san Pedro. Debajo de la mujer, del lado izquierdo de la composición, tres jóvenes, posibles donantes del cuadro, observan la escena vestidos a la usanza del siglo XVIII . Morlete Ruiz trabajó en la presente obra, proveniente de la Pinacoteca Virreinal, los detalles nítidos que permite la técnica del óleo sobre lámina de cobre.
AC
La Anunciación
El maestro y veedor del barroco exuberante llegó a firmar «Villalpando inventor», epíteto de un creador original de la estética occidental. El lienzo del Museo de Guadalupe es baluarte de los anales virreinales y de acuerdo con el investigador Guillermo Tovar de Teresa, integró un retablo junto con tres óleos más, conservados en la célebre pinacoteca del otrora Colegio de Propaganda Fide.
Un cuadro dentro de un cuadro. Representación elíptica del universo en el que el Verbo hará orbitar al resto de las geometrías celestes. Con un intrincado simbolismo, el autor se inspiró en las visiones de la Anunciación de sor María de Jesús de Ágreda: Solo este gran sacramento de hacerse Dios hombre pasible y mortal es la obra grande de todo el poder y sabiduría infinita, y la que excede sin medida a las demás obras y maravillas de su brazo poderoso; porque en este misterio, no una centella de la Divinidad, pero todo aquel volcán del infinito incendio que Dios es, bajó y se comunicó a los hombres, juntándose con indisoluble y eterna unión a nuestra terrena y humana naturaleza. […] Fue llamada y elevada en espíritu la divina Señora, llevada corporalmente por mano de sus santos ángeles al cielo empíreo, quedando en su lugar uno de ellos que la representase en cuerpo aparente. Puesta en aquel supremo cielo, vio la Divinidad con abstractiva visión como otros días; pero siempre con nueva y mayor luz, y misterios más profundos, que aquel objeto voluntario sabe, y puede ocultar y manifestar.
En un espacio entre mundo y bóveda celeste, el Padre Eterno de infinita bondad hace girar al universo y al Nuevo Sol de rostro dulcísimo que lo iluminará todo. La tribuna angélica acompaña a María, quien lee a Isaías y acepta su destino ante san Gabriel; ambas figuras posiblemente se inspiraron en una estampa del flamenco Cornelis Schut (1597-1655).
AM
Escenas de la vida de la Virgen
A partir de modelos iconográficos marianos cultivados por otros artistas en Nueva España, José de Ibarra presenta un ciclo narrativo que comprende la Natividad de la Virgen, la Adoración de los pastores, la Presentación de Jesús en el Templo, la Ascensión, Pentecostés, la Asunción y, como corolario, la poderosa imagen de la Virgen del Apocalipsis que encuentra espejo en esta galería De bondad y malignidad. Con el modelo rubensiano que inspiró a Miguel Cabrera y a José de Ibarra, la mujer vestida del sol recuerda a aquella realizada para el presbiterio de la Iglesia Catedral de Santa María en Frisinga, Alemania, de la autoría del pintor germano. El arcángel san Miguel, con espada flamígera, combate a la bestia apocalíptica entre contrastes lumínicos que dramatizan la escena. El gesto que Ibarra replicó en la obra que custodia la Pinacoteca de la Profesa, en el momento en que el Padre entrega la vara al Niño, evoca la visión de san Juan en Patmos: habrá de regir con una vara de hierro.
HP
Beata Viridiana Florentina
La santa originaria de Castelfiorentino (cerca de Florencia) y fallecida en 1240 es representada con hábito franciscano, debido al pasaje hagiográfico de una visita en la que san Francisco la admitiera en la Orden. Como modelo de compasión y ascesis para la vida conventual, se ve a Viridiana de hinojos, con corona de espinas y crucifijo entre las manos. A sus pies, el objeto de su contemplación: las Arma Christi (cruz, clavos, martillo, tenazas, lanza, cetro, columna, escalera y flagelo), y las serpientes y alimañas que la acecharan en su celda y que simbolizan el Mal. El tercer pintor de los Echave ha puesto especial cuidado en los matices de grises y pardos, así como en la textura del hábito raído, en las luces del rompimiento de Gloria, del halo y del rostro semicubierto por un sutil velo.
LR
San Camilo de Lelis
El Ángel de la guarda se convirtió en el dulcísimo vínculo con Dios. Presente desde la concepción, su compañía es perenne: Yo voy a enviar un Ángel delante de ti, para que te proteja en el camino (Ex 23:20-21). Su presencia rebasa la infancia y los seres angélicos asisten en cualquier peligro. De ahí la petición: no me desampares ni de noche ni de día. No me dejes solo, que me perdería. Acude en el gozo y ampara al alma en el tránsito del bien morir para regresar al Padre Eterno.
De este modo, san Camilo con nimbo socorre al moribundo con un crucifijo en la mano; patrono de los enfermos, a través de la oración y del examen de conciencia, muestra el camino del arrepentimiento en la extremaunción. Los demonios, símbolo del pecado, abandonan el alma del moribundo que recibirá una corona de Gracia.
AM
Alegoría de la Salvación
Este tríptico procede de la casa de ejercicios del Templo de la Concordia en Puebla. Sus temas derivan de la iconografía del Juicio Final y se insertan dentro de la tradición ignaciana y oratoriana de la meditación con imágenes, utilizadas como medio para detonar el arrepentimiento. El primer lienzo muestra a Cristo resucitado, con los signos de la Pasión y el estandarte, y rodeado de seis de sus apóstoles. Entre las nubes se distinguen una vía crucis y la Jerusalén celeste: el camino a la salvación. Del otro lado, en el registro que corresponde al pecado y la condenación eterna, una variedad de clérigos y seculares contempla la escena, mientras que un par de demonios, tras un cortinaje o estandarte encarnado, se apresta a reclamar las almas de los pecadores.
LR
San Jerónimo
De arraigo barroco, los opuestos se dan cita en este peculiar óleo. La vela apagada, símbolo de lo frugal de la vida, representa el artilugio de la luz. La iluminación no proviene de un objeto, sino del conocimiento, de los libros.
La túnica roja de Jerónimo de Estridón alude a la última etapa alquímica, rubredo: con luz se puede purificar la materia. El doctor de la Iglesia reunió saberes y en latín legó su Vulgata, la Biblia que tradujo en el año 382 del hebreo y del griego.
Sublimar la apariencia de fealdad. El libro del conocimiento ilustra un demonio. Conocer el Mal para combatirlo. Pecar y arrepentirse de la vanidad señalada en la dicotomía del discernimiento. Así, también es símbolo del libre albedrío.
AM
Alegoría de la Justicia Divina
Este segundo lienzo de la serie atribuida a Zendejas, en torno a la muerte, el Juicio, el Infierno y la Salvación, recurre al lenguaje alegórico. En un rompimiento de Gloria, aparece la personificación de la Justicia Divina como una mujer vestida de blanco y azul; con diadema, broche y cinturón muy del gusto de la pintura poblana de la época, y sus atributos de espada flamígera y balanza. Entre las llamas, las ánimas del Purgatorio aguardan su dictamen con expresiones de pena y arrepentimiento, entre ellas un clérigo con bonete y un fraile tonsurado. Del otro lado y entre las sombras, aguarda el demonio en la figura de un macho cabrío. Más abajo, yace un cuerpo en descomposición: una escena de pudridero propia del ars moriendi que advertía sobre la fugacidad de la vida.
LR
Alegoría del Infierno
El último panel de la serie poblana de la Concordia hace gala de la habilidad del pintor para lograr atmósferas e iluminaciones artificiosas. Las penas de la condenación eterna se ven enmarcadas por las fauces abiertas del Leviatán, ser monstruoso mencionado en las Escrituras y utilizado desde la Edad Media para representar la puerta del Infierno. Entre llamas, encadenados con grilletes y atormentados por un grupo de feroces demonios y serpientes: una mujer enjoyada (la vanidad) y un hombre que evita mirar un retrato (la lujuria); otro que expulsa humo por la nariz y uno más que es obligado a beber el líquido de una botella (los vicios); el que sostiene una alforja (la avaricia); y el último, unos naipes (el juego), mientras su compañero y él mismo lo muerden (la gula).
LR
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