Tablas Flamencas. Colección Museo Soumaya

Sala 5

Triunfo del paisaje. Estaciones del año y el trabajo redentor. Vida cotidiana y lecciones morales. Retrato. Naturaleza Muerta. Temas por excelencia de las escuelas flamenca y neerlandesa de los siglos XVI y XVII, derivados de la Reforma protestante, las revueltas campesinas, las guerras por el dominio territorial y el ansia por ganar suelo fértil al mar.

De profunda tradición portuaria mercantil y cuna del comercio del arte, el Condado de Flandes estaba agrupado en el territorio llamado Diecisiete Provincias del septentrión europeo: Holanda, Zelanda, Flandes, Artesia, Henao, Namur, Zutphen, Brabante, Luxemburgo, Limburgo, Güeldres, Overijssel, Groninga, Frisia, Utrecht, Malinas y Amberes.

La pintura de esta zona, actualmente comprendida por Bélgica, Países Bajos y una parte de Francia, abrevó en la tradición de las diferentes latitudes europeas con énfasis en la Escuela florentina, y durante el siglo XVII encontró en sus estudios de óptica, rumbos preciosistas que marcarían profundamente el arte occidental.

Si bien en aquellos talleres del norte no se inventó el óleo, la técnica maduró en colorimetría, brillantez y poder secante; se perfeccionó y a través de redes comerciales, pronto se exportó a todo el orbe. De herencia medieval, el arte flamenco muestra innovación en perspectiva y proporción; los lentes de aumento y los finos pinceles de pelo de marta permitieron el extraordinario ejercicio de observación y la representación de minuciosos detalles.

Antiguos Maestros cuya pasión por los detalles, las texturas y los sutiles efectos lumínicos, encontraron en los campesinos a los protagonistas de sus obras. Una selección de la pinacoteca flamenca de Museo Soumaya.

En palabras del historiador, músico y ensayista germano, Manfred Wundram, de la pintura flamenca surge una nueva relación entre obra de arte y espectador: el cuadro ya no solo se encuentra al servicio del observador, sino que también exige que se confronte con él.