Agnus DeiTiempo de lectura: 4 minutos
Símbolo de la tradición judeocristiana, el Cordero de Dios representó la limpieza de los pecados de la colectividad a través de su inmolación. En la liturgia católica tuvo un papel de enorme trascendencia al analogarlo con la figura de Cristo, quien con su entrega para la salvación de la humanidad, es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. En las representaciones sacras desde el Medioevo acompañó diferentes pasajes bíblicos y, como en esta obra de Andrés de Concha, exalta la redención por medio del bautismo al lado de Juan, primo de Jesús. Para el caso del retrato de don Juan Francisco de la Luz Hidalgo, la inocencia del infante se hace tangible al acariciar al animalito como símbolo de amor divino.
La Sagrada Familia y san Juan Bautista niño
Esta obra es señera del Manierismo novohispano por su correcta proporción anatómica y discurso simbólico, mismo que centra la atención en la figura del Cordero místico. Heredado de la tradición judaica, suele acompañarse de la cruz como referencia a la victoria sobre la muerte y el pecado. En esta pintura de Andrés de Concha, se vuelve enlace entre Jesús y Juan Bautista ante la promesa de la redención. La investigadora Helena Carvajal González señala: El cordero es uno de los símbolos cristológicos más habituales y frecuentes. En el arte paleocristiano […] aparecerá fundamentalmente como símbolo del martirio y la muerte de Cristo.
HP
Retrato de Juan Francisco de la Luz Hidalgo
Dentro del retrato novohispano destacó notablemente la pintura de infantes. Ataviado como adulto, según la tradición de la época, el niño Juan Francisco de la Luz Hidalgo luce casaca encarnada, chupa bordada con hilo de seda, calzas y mangas de volante. El retratado sujeta una rosa con la mano derecha, al tiempo que con la otra acaricia a un Agnus Dei como símbolo de virtud, distancia del pecado, obediencia y mansedumbre. Estos códigos de importantes valores iconográficos tuvieron gran significado para la sociedad virreinal. La representación pictórica de la mirada, el gesto, el rasgo, la actitud, el temperamento, la prenda y el adorno, todos ellos elementos vinculados para definir la figura y construir la efigie del modelo, apunta el investigador Víctor Rodríguez Rangel.
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Santa Inés
Venerada en Roma desde el siglo iv, su nombre deriva de agnós, agné, es decir «lo puro y casto». De ahí que su atributo iconográfico sea el cordero que en su misericordia dirige la mirada hacia la joven.
El hijo del prefecto de Roma pidió a Inés en matrimonio, pero ella, consagrada a Cristo, lo rechazó. Fue perseguida en tiempos de Valeriano en 258 o 259, o bien con Diocleciano hacia 304. Martirizada en la hoguera, sobrevivió y fue decapitada.
Con ecos zurbaranescos y en soberbio drapeado, la santa patrona de la castidad, las vírgenes, los prometidos y los jardineros, destaca en un barroco sobrio de herencia sevillana que dominó la estética de Nueva España a partir de Sebastián López de Arteaga.
AM
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