Revista / 2022 Julio / Editorial
Forma expresiva que introduce en las artes figuraciones representativas de valores y conceptos; así es como la Real Academia Española define la palabra «símbolo». Es precisamente esta cualidad la que se destaca en las sesenta obras novohispanas, por primera vez reunidas en una exposición de tres emblemáticos museos –uno privado y dos públicos– de Ciudad de México: el Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, perteneciente al Instituto Nacional de Antropología e Historia; el Museo Nacional de Arte del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura; y Museo Soumaya.Fundación Carlos Slim.
En el marco de los 500 años de la Conquista y a cinco siglos del nacimiento de Ciudad de México, los legados sincréticos del mundo virreinal –heredero de la fusión de cosmovisiones de los pueblos originarios, hispánicas, africanas, judías, y del medio y lejano Oriente– se expresaron mediante un rico lenguaje alegórico que en todo momento encontró en el símbolo la potencia de significaciones que se tradujeron en ideas de un primer mundo global. La estampa fue la Europa portátil, a decir del investigador Rogelio Ruiz Gomar; del espacio acotado del papel y la escala de grises, las y los artistas novohispanos abrevaron en el grabado para luego iluminar y escalar un lenguaje propio, original y sin parangón en Occidente.
Arquitectura, pintura, escultura, estampa y artes decorativas mostraron tanto en la tradición civil como en la religiosa, nutridas narraciones, descripciones y alegorías. Bajo las líneas didácticas y evangélicas del Barroco –que más que un estilo artístico se convirtió en una forma de vida–, los símbolos definieron el universo cotidiano de los siglos virreinales.
Hoy, las colecciones de tres museos se unen para indagar en algunos de aquellos elementos que articularon el pensamiento y la devoción en Nueva España. Con el Museo Nacional de Arte en Ciudad de México como la primera sede –en el marco de sus primeros 40 años–, esta muestra ha sido concebida para llegar a los públicos más amplios a lo largo de la República Mexicana.
La itinerancia sigue el Camino Real de Tierra Adentro y la primera parada tiene corazón de plata. El Museo de Guadalupe, sede del emblemático edificio barroco que fuera el Colegio de Propaganda Fide de Nuestra Señora de Guadalupe de Zacatecas, centro de conocimiento y fe, unió el septentrión novohispano.
Para celebrar los 21 años ininterrumpidos de su Festival Barroco, el diálogo curatorial ha integrado 20 obras procedentes de su acervo, cuyos orígenes se encuentran en los encargos que los franciscanos hicieron a los artistas más destacados de la época virreinal, así como técnicas y materiales sincréticos, amén de libros que al tender puentes de entendimiento, son la raíz de un México plural a través del arte y la historia.
Grandes pinceles de la talla de Andrés de Concha, Andrés Lagarto, Juan González, la dinastía de los Echave y de los Juárez, Diego de Borgraf, Juan Correa, Cristóbal de Villalpando, José de Ibarra, Juan de Sáenz, Francisco Antonio Vallejo, Miguel Cabrera, Nicolás Enríquez, Juan Patricio Morlete Ruiz y José de Alcíbar, entre muchos otros autores que siguen en constante investigación, orquestan las voces y sensibilidades que acudieron al símbolo como expresión y categoría estética.
La curaduría tripartita de Francesca Conti, Erandi Rubio y Héctor Palhares está organizada en cinco núcleos temáticos: De coronas, rosas y espadas; De bondad y malignidad; De libros y saberes; De ajuares e hilos; y De encuentros y sincretismos, donde el símbolo de una identidad criolla lideraría la batalla, justo hace 200 años, hacia el México independiente.
Un arte es tanto más verdadero cuanto más habla de lo Real. En él, utilidad y belleza, idoneidad y significación se juntan, pues el artista produce algo útil, algo para ser usado, un medio para una finalidad, apunta el filósofo Francisco Martínez Albarracín. En este binomio de función y belleza, creadores, motivos y temas novohispanos encontraron profundos significados que, al leerlos desde nuestra realidad, plural, sincrética e incluso virtual, acaso aún forman parte de nuestro imaginario colectivo y son potencia de memoria y reconciliación con nuestros pasados para crear discursos de paz.
Carmen Gaitán Rojo
Rosa María Franco Velasco
Salvador Rueda Smithers
Alfonso Miranda Márquez
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