Revista / 2022 Mayo / La Virgen de la ternura
Por lo que concierne a la nomenclatura de este tema, la literatura científica no es unánime. En la mayoría de los textos contemporáneos sobre el argumento se acepta el término «Glykophilousa», del griego bizantino «del dulce beso», mientras que en el ámbito cultural eslavo se ha mantenido la antigua denominación de origen ruso «Umilenje». Su raíz también se ha relacionado con la Madona Eleúsa, del griego «Eλεούσα», es decir, «Ella, quien muestra ternura». Sin embargo, esta tesis fue rechazada por la mayoría de los estudiosos porque se demostró que este epíteto de la Virgen, inspirado en la poesía litúrgica, aparece en inscripciones de diferentes imágenes marianas y por lo tanto no define una iconografía específica.
Este tipo de representación en momentos de afecto e intimidad se difundió en el periodo medieval, cuando el cambio de prácticas religiosas promovido por las órdenes mendicantes durante los siglos XIII y XIV, transformó los símbolos de las imágenes sagradas. Después de las Cruzadas, la importación de iconos bizantinos originó un cambio en los códigos expresivos mediante la humanización de los personajes.
El tema asumió numerosas variantes que se clasificaron de acuerdo con las diferentes posiciones del Niño. El género tuvo particular auge durante el Renacimiento, sobre todo entre los pintores florentinos del siglo XVy en el Barroco, que apelando a los sentimientos, encendía la devoción en los fieles.
En un gesto sin tiempo, la imagen provoca empatía en el espectador, quien percibe el valor universal del amor de una madre hacia su hijo.
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Esta tabla con la Virgen en pie de cuerpo entero da cuenta de una composición bastante inusual para el siglo XIV. La proximidad de mejilla con mejilla entre la Madre y el Niño confiere a la obra una especial empatía y remite al modelo iconográfico originario de la Madona Eleúsa. Entre los iconos del siglo XIImás conocidos en el Oriente cristiano destaca La Virgen de Vladimir, que debe su nombre a la ciudad al norte de Moscú en la Rusia central. En ambas obras se puede notar cómo la mirada de Jesús es serena y consuela a su Madre al anticipar cuánto tendrá que sufrir. El cuello de Jesús se presenta ligeramente henchido por el hálito o «aliento», que contiene el Espíritu Santo dentro de sí mismo.
La obra, hoy en Museo Soumaya, anteriormente había sido atribuida por el especialista Richard Offner al Maestro del Retablo. Sin embargo Laurence Kanter, hacia 2019 después de haber examinado el panel de primera mano, ha concluido que se trata de una pintura temprana de Jacopo di Cione, lo que constituye una adición importante a un periodo de la carrera del artista sobre el que hay escasos datos biográficos.
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Esta tabla muestra, con delicadísimas facciones y ataviada en rojo y azul, a la Virgen, quien sostiene al Niño de pie sobre un cojín de terciopelo. Dulcemente, la Madre del Salvador lo cubre con un velo de exquisita transparencia.
Hay una versión muy similar en la Galería Nacional de Londres, Reino Unido, realizada entre 1480 y 1490. En la obra británica, un árbol se eleva a la izquierda de la composición en el punto donde termina el sinuoso camino que corre detrás de la Virgen.
Los dedos alargados y las carnaciones en ambos personajes nos dejan frente a una de las más hermosas representaciones marianas del Renacimiento florentino. La especialista Jean Cadogan advierte que el drapeado en las telas y el estilo curvilíneo de sus figuras es más sutil incluso que en los trabajos de su hermano.
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