Revista / Diciembre / Adonis. La sangre derramada
Laura Adriana González Eguiarte | Curaduría
¡Oh!, Citerea, el tierno Adonis muere, ¿qué haremos?
¡Rásguense las túnicas, muchachas, golpéense el pecho!
Safo de Lesbos (hacia 620 a. C.-570 a. C.) , poeta clásica griega
Existe suficiente consenso entre los antropólogos para considerar que Adonis es la helenización de Tammuz, deidad babilónica de la fertilidad. Representado como un pastor, fue el consorte de Innana, la diosa del amor y la belleza quien, a su vez, originó el culto a Afrodita. Asimismo, su mito –como la divinidad quien muere y se regenera– también se ha vinculado con el egipcio, Osiris. En Religión griega arcaica y clásica, Burkert apuntó:
[…] las mujeres se sientan junto a la puerta llorando por Tammuz, sahúman el «Baal» en los tejados y siembran «plantas agradables». Estos son los elementos propios del culto a Adonis: un culto reservado a las mujeres, que se celebra en las azoteas, donde se colocan tiestos con hierbas verdes que germinan rápidamente, el «Jardín de Adonis». Los dulces aromas del incienso caracterizan la atmósfera de fiesta, pero su centro es el agudo lamento por el dios difunto. Tendían una estatuilla de Adonis en su lecho y lo llevaban a su tumba: la efigie y sus jardincillos se arrojaban al mar.
La versión más extendida del mito narra que Mirra, princesa de Esmirna o Siria o, en algunos casos, de Chipre, olvidó honrar a Afrodita. De acuerdo con el poeta griego Paniasis de Halicarnaso (¿?-468 a. c.) esto desencadenó la ira de la diosa, quien, en represalia, hizo que la joven se enamorara perdidamente de Círinas, su propio padre. En su libro, Los jardines de Adonis. La mitología griega de los aromas, Marcel Detienne explicó:
Por haber rechazado el matrimonio y negado la parte afrodítica que es inseparable de su condición femenina, Mirra será condenada por esta diosa a desear la unión con su padre y será empujada a seducir al único hombre que no puede desear de forma normal y legítima.
No obstante, de acuerdo con el poeta latino Ovidio (43 a. c.-17 a. c.), el castigo fue infligido por una de las Furias: con sus henchidas víboras, hacia ti sopló de las tres una hermana. Crimen es odiar a un padre; este amor es, que el odio, mayor crimen. Con ayuda de su nodriza, Mirra consiguió engañar a su padre para tener relaciones sexuales con él. Por este pecado, en la Comedia Dante la encontró en el octavo círculo del Infierno, donde moran los fraudulentos.
Al darse cuenta del crimen, Círinas intentó matar a Mirra, quien pidió a los dioses que la transformaran en árbol para evitarlo. Ovidio relató:
[…] sobre las piernas de la que hablaba
tierra sobrevino y oblicua a través de sus uñas por ella rotas
se extiende una raíz, de su largo tronco los firmamentos,
y sus huesos robustez toman, y en medio quedando la médula,
la sangre se vuelve en jugos, en grandes ramas los brazos,
en pequeñas los dedos, se endurece en corteza la piel. […]
La cual, aunque perdió con su cuerpo sus viejos sentidos,
llora aun así, y tibias manan del árbol gotas
Tienen su honor también las lágrimas y destilada de su corteza la mirra
el nombre de su dueña mantiene y en ninguna edad de ella se callará.
En el momento de su metamorfosis Mirra se encontraba encinta de Adonis, quien nació del árbol a los pocos meses. Detienne afirma que el joven, envuelto en el dulce perfume de la mirra que le dio origen, es la personificación de la seducción. Ovidio recuerda: sobre las mullidas hierbas las náyades [ninfas de agua dulce] imponiéndolo, con lágrimas lo ungieron de su madre. Podría alabar su belleza la Envidia incluso…
El atractivo sobrenatural del efebo cautivó a Afrodita, quien, herida accidentalmente por una flecha dorada de Cupido, se convirtió en su amante. Ovidio narró:
Pues, vestido de aljaba, mientras besa el niño la boca a su madre,
sin darse cuenta con una sobresaliente caña rasgó su pecho.
Herida, con la mano a su nacido la diosa rechaza: más profundamente llegado
la herida había que su aspecto, y al principio a ella misma había engañado.
Cautivada de tal hombre por la hermosura, ya no cura de las playas
de Citera, no, de su profundo mar ceñida, vuelve a Pafos,
y a la rica en peces Gnido, o a Amatunta, grávida de metales.
Se abstiene también del cielo: al cielo antepone a Adonis.
De acuerdo con Tolomeo Hefestión, también llamado Ptolomeo Queno, gramático quien vivió en los primeros siglos de la era cristiana, Erimanto, hijo de Apolo, descubrió a Afrodita mientras yacía con Adonis, por lo que la diosa lo cegó. Como represalia, Apolo se transformó en jabalí para acabar con la vida del efebo.
En el libro x, Ovidio relató el cruento acontecimiento con las siguientes palabras:
En seguida sacudió con su curvo hocico los venablos,
de sangre teñidos, y a él, tembloroso y la seguridad buscando,
el sangriento jabalí le sigue y enteros bajo la ingle los dientes
le hunde y en la rubia arena, moribundo, lo dejó tendido.
[…] en su sangre esparcida por el fango del suelo
brotó la flor más roja matizada de blanco
tal como eran sus pálidas mejillas y a la sangre
vertidas cual esféricas gotas sobre su albura.
[…]
«¡Pobre flor!» dice Venus, «dulce hija de un padre
mucho más dulce aún, que tu propio perfume; […]
Dolorida, Afrodita entregó a su amante a Perséfone, la consorte de Hades, el dios del Inframundo. No obstante, Zeus, el padre de los dioses, concedió la resurrección de Adonis. El bello mancebo pasaría dos tercios del año, los meses más cálidos, sobre la tierra, en compañía de Afrodita y, como ocurre con las semillas, los de invierno con Perséfone. De acuerdo con Marcel Detienne:
Adonis es el que es amado tanto sobre la tierra como en las orillas del Aqueronte: esta es la definición que de él da Teocrito, indicando de este modo que, tras celebrarse el juicio, presidido por Zeus, […] Adonis será a la vez el amante de Afrodita y Perséfone. […] La seducción permite unir dos términos que normalmente están separados: un mortal seduce a una amante de lo Alto, Afrodita, y una amante de lo Bajo, Perséfone.
De esta forma, Adonis simboliza el florecimiento de las plantas durante la primavera, la renovación de la tierra y el ciclo de la naturaleza. De nueva cuenta, Ovidio presta voz a Afrodita; el crúor al que se refiere hace alusión al color de la sangre que tiñó las rosas con el rojo de la pasión:
«De este luto los recuerdos permanecerán
siempre, Adonis, del luto mío y la imagen repetida de tu muerte
anuales remedos hará de los golpes del duelo nuestro.
Mas tu crúor en flor se mutará […]».