2023 Noviembre José Clemente Orozco, realismo heroico

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José Clemente Orozco, realismo heroico, rico en fantasía y verdad A 140 años de su nacimiento

Mónica López Velarde Estrada | Curaduría

Su dibujo es el más rico, el más diverso,
el más sombrío, personal y apasionado de México.
Luis Cardoza y Aragón, poeta, ensayista,
esteta y crítico guatemalteco, en La nube y el reloj, 1940


De entre los protagonistas de la era del Muralismo Mexicano, José Clemente Orozco es el autor más oscuro. Trazó un litoral de paisajes y personajes que hicieron de la plástica nacional de los primeros cincuenta años del siglo XX, un territorio agreste por donde transitaron héroes, pobladores y sentimientos de un país que atravesó por guerras y hondas reinvenciones sociales y artísticas.

José Clemente Ángel Orozco Flores nació en Ciudad Guzmán (Zapotlán, el Grande), Jalisco, el 23 de noviembre de 1883. La historia del posible encuentro de dos gigantes del arte mexicano es muy conocida: la familia de Orozco se trasladó a Ciudad de México, donde el niño José Clemente inició sus estudios en la calle Licenciado Verdad, lugar en el que habría estado el primer taller en Ciudad de México del célebre grabador, José Guadalupe Posada (1852-1913). Es así como la leyenda urbana motivaría la idea de que los dos artistas, en distintos momentos de su trayectoria, se cruzaron por la misma acera y que la vena de la caricatura que marcaría parte de la obra destacada del jalisciense, resultaría a partir del influjo de este episodio circunstancial.


Orozco ingresó hacia 1904 en la Academia de San Carlos y con una formación genérica, no pudo competir con su talento natural, el virtuoso dibujo y la especial visión que lo llevaron a crear un arte construido con líneas de fuerza y tensión. Adelantado entre los adelantados, Orozco tomó pronto su camino personalísimo y José Vasconcelos no dudó en darle parte de los muros del Antiguo Colegio de San Ildefonso, lugar emblemático que resignificó las herencias de Montenegro en el Colegio de San Pedro y San Pablo, y en el que se inauguró la era del Muralismo Mexicano. A partir de 1922, la que fuera la Escuela Nacional Preparatoria se convertiría en el centro de irradiación estilística, catálogo de los programas iconográficos de la Escuela Mexicana de Pintura, que ilustrarían edificios públicos y lienzos que han cumplido la primera centuria.

Por lo pronto, Orozco abrió este brillante episodio del arte nacional con obra realizada a partir de 1923 en el patio principal, en donde la cercanía estilística con las resoluciones plásticas renacentistas de una madre y su hijo, habrían sido motivo para quererlos borrar. Vendrían profundas investigaciones del ser mexicano y tras una pausa, finalizó en 1926 los tres pisos del edificio más el descanso del cubo de la escalera con su tajante visión de la Conquista y la fusión de dos culturas en el fresco, Cortés y la Malinche.

Orozco siempre fue quien fue. Demostró tener talento y convicción. La crítica de arte, Raquel Tibol, le dedicó la monografía José Clemente Orozco: una vida para el arte. Breve historia documental, en la que escribió:

En su obra, José Clemente Orozco no ve literalmente la realidad, lo visible, sino que hace una interpretación de ella por medio de un estilo pictórico fuerte y discreto. El énfasis dramático de su pintura no desprecia los recursos de la caricatura, sino que los asume. La deformación caricaturesca refuerza la agresividad de la imagen con la cual pretende criticar vehementemente la sociedad de su tiempo. En casi toda su obra (pocas son las excepciones) Orozco es un expresionista en estado de protesta..

Solo como El hombre en llamas (1937-1939) del Hospicio Cabañas, Orozco fue fiel a su espejo diario. Prometeo del conocimiento y amor a México, la historia nacional tuvo en sus pinceles el fuego del juicio y la representación. Las personas más humildes, los campesinos, los obreros, los indígenas, los que fueron a la trinchera, los «miserables»… son los transcendentales motivos y asuntos de sus lienzos, tratados con un encomio y potencia sin parangón en el arte mexicano. Para Cardoza y Aragón, José Clemente es «la flor más áspera» de nuestro arte. Flor al fin, recordamos su 140 aniversario de nacimiento cuando su obra aún hoy nos representa y emociona.

El estudioso también advertía:

En José Clemente Orozco no es solamente una descripción de costumbres lo que hallamos, sino un realismo heroico, rico en fantasía […].Su obra es testimonio exacto y hondo de la verdad del arte de toda una época..


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