2023 Febrero Vedutismo

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Vedutismo

Ana Paula Robleda Betancourt | Comunicación

Desde el siglo XVI en los Países Bajos comenzó la tradición de insertar las escenas en paisajes y mostrar los exteriores de la región, así como la vida cotidiana y los fenómenos meteorológicos. Durante el siglo XVIII, debido a la iconoclasia adoptada a partir de la Reforma Protestante, el tema principal de representación pictórica fue el paisaje urbano. Hacia 1700 el Vedutismo, género que se caracterizó por la creación de vistas –vedute en italiano–, encontró terreno fértil en Italia. Fue en Venecia en donde cobró más fuerza gracias al artista holandés Gaspar van Wittel (1653-1736), también conocido como «Vanvitelli», quien plasmó el encanto de los edificios y canales de la Serenísima y sentó las bases para las siguientes generaciones de pintores, quienes incluso encontraron en los reflejos del agua una forma de estudiar el comportamiento de la luz. Uno de los primeros italianos en crear vistas fue Luca Carlevarijs (1663-1730), un matemático quien aplicó sus conocimientos de perspectiva para representar la arquitectura y heredero de los estudios de jesuitas neerlandeses, quien además utilizó la cámara oscura para proyectar los escenarios.


Durante el Grand Tour –ruta de viaje de los jóvenes aristócratas mayormente ingleses, a través de los principales centros culturales europeos– las vistas topográficas de Venecia así como las de Roma, Nápoles y París, se reprodujeron en diversos formatos y con distintos colores, para que los viajeros regresaran a sus países con un recuerdo de los lugares conocidos. Dichas pinturas, que en la actualidad sirven como registro visual del siglo XVIII, se crearon con frecuencia en talleres familiares; tal fue el caso de Bernardo Canal (c 1664-1744), un escenógrafo seguidor de Carlevarijs, quien encontró camino en la pintura de paisaje con puntual detalle en la arquitectura. Su hijo, Giovanni Antonio Canal, il Canaletto (1697-1768), retomó para sus obras los fenómenos atmosféricos con pinceladas modernas y al estudiar los fenómenos físicos, también empleó la cámara oscura hasta convertirse en el máximo exponente del Vedutismo. De la misma forma, pintó arquitecturas fantásticas en los llamados «caprichos», género que mezclaba en el paisaje espacios y tiempos distintos. Como menciona la investigadora Francesca Conti: de la sutil distinción entre realidad y fantasía, Canaletto fusionó poesía y exactitud. Su sobrino Bernardo Bellotto (1721-1780) siguió sus pasos en formatos más grandes y con colores más densos.


Michele Marieschi (1696/1710-1743/1744), con clara influencia de Canaletto, imprimió en sus lienzos paisajes y edificios muy detallados con un toque más decorativo que hacía recordar escenografías. Su nombre se mantuvo vigente debido a que, tras su prematura muerte, Francesco Albotto (1721-1757), uno de sus alumnos, se casó con su viuda y retomó su estilo, al punto de autonombrarse «el segundo Marieschi».


Con las vedute se buscaba replicar aquello que era visible en el paisaje urbano; casi como una fotografía. Sin embargo, hacia el final del siglo XVIII Francesco Guardi (1712-1793) −alumno del Canaletto− plasmó de manera más íntima y subjetiva paisajes melancólicos con luces y sombras. En su producción destacan los colores grises y azules que utilizó en los cielos. Giacomo Guardi (1764-1835), hijo de Francesco, continuó con el legado familiar. La etapa vedutista en el arte concluyó cerca de 1800, al morir quien Dario Succi consideró el último pintor de vistas, Francesco Tironi (c 1745-1797). El siguiente capítulo estético, inscrito en el Romanticismo, encontró en las vistas una constante creativa que a fines del siglo XIX, abrevaría en las novedades técnicas de la pincelada de toque y yuxtapuesta propia del Impresionismo.


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