Revista / 2023 Febrero / Il Veronese
Mónica López Velarde Estrada
En un principio forastero en Venecia, Paolo Caliari llegó a la edad de 25 años a la ciudad del Gran Canal ya como un pintor hecho y derecho, para audazmente dialogar con aquellos monstruos venecianos del momento: Tiziano, Tintoretto y los Bassano. Acerca de su nombre, el investigador Giuseppe Trecca apunta que su apellido era «Spezaprada» [corta piedras], en relación con el oficio de sus ancestros, pero adoptó «Caliari» de una familia aristocrática de su natal Verona.
br> El también llamado «Paolo Veronese» ganó rápidamente prestigio como pintor a partir de la clientela de familias de comerciantes venecianas y con aquellos grandes encargos de obras decorativas de la aristocracia, como las realizadas en 1553 para la sala de consejo del Palacio Ducal.
Il Veronese lo tuvo todo para conquistar la escena pictórica: un espléndido dibujo, el protagonismo del color como lo exigía la escuela veneciana del momento, el manejo excepcional de la perspectiva con su ensanchada pirámide visual con hasta 7 puntos de fuga en un mismo cuadro –tal como lo realizó en 1562 en Las bodas de Caná, hoy en la colección del Museo del Louvre–, y desde luego, los grandes formatos de lienzos profusamente habitados por personajes, perros y otros motivos.
Si algo define al autor, en palabras del estudioso Gonzalo M. Borrás Gualis, fue su alta autoestima como artífice y una temprana y decidida conciencia de lo que significaba ser pintor en su tiempo. Lo sustenta aquel ya célebre episodio con la Santa Inquisición que, en 1573, ante la censura del cuadro La última cena (renombrado después Cena en la casa de Levi, hoy en la Galería de la Academia en Venecia), en el que el autor había integrado para el famoso episodio bíblico la representación de más de 35 figuras y un buen número de anécdotas, contestó mutatis mutandis: la pintura es autónoma y tiene licencia para actuar según le dicte el trabajo. El lienzo mide 5.55 x 13.05 metros. Ciertamente, espacio había para la representación, además de Jesús y sus apóstoles.
El pintor de Verona se convirtió en uno de los genios del estilo manierista. Si nos atenemos al primer significado del concepto según su gran propagador, Giorgio Vasari (1511-1574), il Veronese cumplió en su sentido más amplio y positivo cualidades de gracia, equilibrio y refinamiento. La maniera de il Veronese conquistó el lugar que vio nacer aquella noción, estilo que impactó a generaciones de autores.
Paolo fue dueño de una manera de hacer pintura que muy poco cambió a lo largo de su vida. Paleta de tonos puros, nítidos y limpios, donde predominan el azul, el naranja, el blanco y el amarillo limón. Mención especial merecen sus rojos, rosados y tonos purpúreos, que hoy sabemos por análisis químicos, que encuentran su origen en la grana cochinilla de la otrora Antequera de Oaxaca novohispana. Este pigmento también estuvo presente en la Laguna veneciana gracias a sus fructíferos intercambios comerciales.
El autor exhibió su excelencia plástica a partir de lienzos de compleja estructura formal y adicionados con la inclusión de arquitecturas, no como meros ambientes sino como, lo llama así Borrás, una «arquitectura objeto»; ciudades no como perspectivas sino como presencias.
La obra Judit y Holofernes de Museo Soumaya.Fundación Carlos Slim formó parte de la exposición La fabbrica del Rinascimento que tuvo lugar en la Basílica Paladiana de Vicenza en 2021. Para aquella ocasión, de manera inédita, dialogó con el lienzo de mayores dimensiones (195 x 176 cm) de los Musei di Strada Nuova – Palazzo Rosso. Las investigaciones que se llevaron a cabo para dicho proyecto sugieren que la pintura del recinto mexicano pudo haber sido preparatoria para la de mayor formato. Cumple con aquellos atributos esenciales de la obra del artista: una especie de “agobio espacial” en la distribución de los personajes en escena, énfasis en el erotismo que supone al desnudo femenino y una cierta «seducción contenida», recalca Gonzalo M. Borrás.
Reconocido por la representación de cenas y convites en pintura, uno de los más famosos óleos de il Veronese, Cena en casa de Simeón de 1556, fue citado por Vasari en la edición de Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos de 1568. Así, resulta probable que estos temas se hayan difundido entre sus contemporáneos e inspirado la pieza La cena de san Gregorio, el Grande, también en la colección mexicana.
Cuando ocurrió el incidente de la Santa Inquisición, le preguntaron a il Veronese a qué se dedicaba. Consta en actas que el autor de Apoteosis de Venecia respondió: —Pinto y hago figuras. Sus pinturas y figuras serían una profunda cita en la obra de maestros venecianos de los siglos venideros, en especial del xviii, con gran resonancia en Giovanni Battista Tiepolo.