2023 Febrero La furia de Tintoretto

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La furia de Tintoretto

Laura González Eguiarte | Curaduría


Hasta que no se ha visto a Tintoretto, no se sabe lo que la pintura es capaz de hacer.
Vanessa Bell (1879-1961), pintora británica, en una carta dirigida a su hermana, Virginia Woolf, 1904


De acuerdo con una tradición popular sin respaldo documental, en el taller de Jacopo Robusti había un cartel que rezaba El dibujo de Michelangelo y el colorido de Tiziano. La sola cita brinda luz sobre el estilo de Tintoretto, quien pese a no haber congeniado personalmente con Tiziano, fue uno de los más dignos continuadores de sus lecciones coloristas. Por otro lado, su exploración manierista de la figura humana en arriesgados escorzos acusa los estudios anatómicos de Buonarroti.

El primero de veintiún hijos de una familia originaria de Brescia, nació en Venecia. La fecha es imprecisa dado que la fe de bautismo de Jacopo se perdió en un incendio; sin embargo, su obituario señala que contaba con 75 años, por lo que algunos especialistas deducen la fecha en 1518, mientras que Roland Krischel apunta que ocurrió en abril de 1519.


A lo largo de su vida fue llamado por diversos nombres. Su verdadero apellido fue Comin, como lo dio a conocer en 2007 el entonces curador de pintura italiana del Museo del Prado, Miguel Falomir. «Robusti» recuerda la fuerza y vigor con la que su padre, Giacomo Battista, defendió a la ciudad de Padua ante el embate de las tropas imperiales durante la Guerra de la Liga de Cambria, acaecida en 1509. No obstante, pasaría a la historia con el sobrenombre de il Tintoretto, que se traduce como «pequeño tintorero», quizá en alusión tanto a su baja estatura como a la profesión de su padre, quien teñía lienzos. También fue apodado il Furioso, no tanto por su temperamento como por su fuerza expresiva, estilo arrebatado y velocidad para componer.

De acuerdo con la investigadora Catherine Whistler, il Tintoretto se alejó progresivamente del método de Tiziano, quien generaba volumen a partir del sombreado y en su lugar, se concentró en los contornos flexibles de sus figuras, al dotarlas de una extraordinaria habilidad y elasticidad. En ocasiones incluso resaltó las siluetas con blancos o colores más claros para distinguirlas del entorno y brindarles una especie de brillo eléctrico. Si bien en el óleo Crucifixión (c 1550), los brazos de Jesucristo presentan un pentimento o arrepentimiento, algo de esa luz es propia del estilo del autor.


Al explorar las capacidades expresivas del cuerpo humano, puso especial atención en la gestualidad y el movimiento. Cabe destacar la construcción sinuosa en «S» de los personajes, en especial la de Dimas, «el buen ladrón», que sin duda estudió el joven Theotokópoulos, el Greco.

Además del dibujo del natural, para capturar sus figuras en escorzo y contrapposto empleaba pequeñas esculturas de cera que suspendía con alambres e hilos dentro de cajas alumbradas por velas. Este método le permitía lograr las poses extremas del Manierismo y observar la incidencia de la luz sobre los cuerpos.

En Llanto por Cristo Muerto (c 1555-1559) se aprecia el empleo de esta técnica. La composición parece seguir la trayectoria de la principal fuente de luz que cruza el lienzo de forma ascendente y de derecha a izquierda. Aunque la paleta es reducida y predominan los colores primarios con distintos matices, destaca el uso expresivo del blanco que aporta brillo y misticismo a la composición. La tensión de los cuerpos y el claroscuro contribuyen al dramatismo de la dolorosa escena. Tintoretto destacó por sus fuertes contrastes tonales que aíslan al personaje de un contexto real al tiempo que lo resaltan. Esta «artificiosidad» fue interpretada por los críticos del arte como un preludio a la sensibilidad barroca, sostiene la investigadora Francesca Conti.


Tintoretto también destacó como retratista. La efigie de un caballero veneciano en la pinacoteca de Museo Soumaya, fue inicialmente atribuida a Tiziano. En Retrato a tres cuartos de un hombre joven barbado con armadura, se percibe el manejo de las carnaciones y el estudio pormenorizado de la iluminación que hicieron célebre al maestro. Sus hijos Marco y Domenico siguieron los pasos del padre y sobresalieron en el género. Mención aparte merece su hija Marietta, quien también colaboró en su taller pero que lamentablemente al no firmar sus lienzos, se dificulta su atribución.


Robusti fue admirado por muchos de sus contemporáneos, sobre todo por el Greco, quien llevó al extremo los escorzos y la ondulación de las formas. Asimismo, su libertad creativa y su desafío ante los cánones estéticos vigentes parecen anteceder el espíritu del arte moderno.


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