Revista / 2023 Febrero / El legado de Tiziano
Laura González Eguiarte | Curaduría
Evité deliberadamente los estilos de Raffaello y Michelangelo porque anhelaba una distinción más alta que la de un astuto imitador.
Tiziano Vecellio (hacia 1488/1490-1576) al emisario español Francesco Vargas, c 1545, citado por Joseph Archer Crowe y Giovanni Battista Cavalcaselle en The Life and Times of Titian with Some Account of His Family [La vida y tiempos de Tiziano y algunos apuntes sobre su familia], 1881
Tiziano Vecellio di Gregorio fue uno de los pintores más audaces del Cinquecento veneciano. De acuerdo con el historiador de arte Mark Roskill, ya desde 1557 en su Dialogo della pittura [Diálogo de la pintura], Ludovico Dolce (1508/1510-1568) reconoció que solo Tiziano reunió a la perfección todas las excelentes características que hasta entonces se habían presentado en casos individuales. Por su parte, la investigadora Catherine Whistler sostiene que la práctica del dibujo de Tiziano fue, sobre todo, un catalizador para el desarrollo del dibujo en Venecia. Esta afirmación puede extenderse a toda la práctica pictórica: composición, pincelada suelta, manejo de la luz, el fascinante colorido… Así, Tiziano recuperó las mejores cualidades de los maestros renacentistas y sentó las bases del Manierismo que nacería justamente en Venecia; incluso anticipó algunos de los rasgos predominantes del Barroco.
No hay certeza sobre su fecha de nacimiento –su partida de defunción sostiene que llegó a los 103 años–; es muy probable que el artista deliberadamente modificara, en cartas y documentos oficiales, ciertos datos para ganarse mayores consideraciones por parte del monarca español Felipe II. Tanto sus contemporáneos, Ludovico Dolce y Giorgio Vasari, como los historiadores Harold Wethey (1902-1984) y Sydney Freedberg (1914-1997), estiman que el maestro nació entre 1488 y 1490, mientras que el investigador Ian Chilvers (1900-1999) sostiene que fue en 1485. Proveniente de una familia acaudalada de Pieve di Cadore, una pequeña localidad italiana en la provincia de Belluno en el Véneto, mostró talento artístico desde muy temprana edad, por lo que a los diez años fue enviado a Venecia junto con su hermano Francesco. Ambos fueron aprendices del mosaiquista Sebastiano Zuccato. Al cabo de dos o tres años, Tiziano se incorporó al célebre taller de Giovanni Bellini, padre de la pintura tonal. Durante su juventud conoció a los pintores Lorenzo Lotto (1480-1556), Sebastiano Luciani (1485-1547) y Giorgio da Castelfranco (1477-1510), mejor conocido como «Giorgione», con quien colaboró en la realización de frescos en el Fondaco dei Tedeschi, sede del comercio alemán en la Laguna.
En 1510 la peste azotó Venecia y cobró la vida de Giorgione. Mientras tanto, Tiziano se refugió en Padua. Volvió dos años después y fue nombrado superintendente de obras gubernamentales, cargo que ostentaría hasta su fallecimiento en 1576. A la muerte de Giovanni Bellini en 1516, concluyó los frescos de la Batalla de Spoleto en la sala del consejo del Palacio Ducal que el maestro dejó inacabados. A partir de entonces, Tiziano fue el pintor más reconocido e imitado de la capital véneta.
Entre 1530 y 1560 su estilo se volvió progresivamente dramático. Además de príncipes, duques, cardenales y otros aristócratas, en 1530 y 1533 realizó sendas efigies de Carlos I durante su estancia en Bolonia, lo que le ganó ser nombrado pintor primero de la corona de España, conde del Palacio Lateranense y caballero de la Espuela de Oro, además de ser comisionado para múltiples obras tanto por el emperador como por su sucesor, el rey Felipe II.
Es considerado uno de los mejores retratistas del siglo XVI como da cuenta el Posible retrato de Jan van Haanen en la pinacoteca de Museo Soumaya. En él se advierte la atención del pintor en la incidencia de la luz sobre el sujeto retratado y cómo hace emerger, a partir de una pincelada suelta y veladuras, el rostro y las manos. A pesar de ser un cuadro de tonalidades sobrias, destaca el brillo en los labios y sobre todo, en la camisa blanca del personaje. El atuendo, los guantes que sujeta con una mano y la presencia de su perro revelan el gusto por la cacería del mercader de Flandes, quien fuera uno de los clientes más importantes del artista.
Tiziano empleó el dibujo del natural para capturar la expresividad real de los cuerpos. Tal es el caso de su Magdalena Penitente (c 1534) en la que, si bien retomó el gesto de una escultura clásica de Venus Púdica, convenció a una joven para que posara mientras lloraba copiosamente, de manera que pudiera estudiar tanto su expresión facial como el efecto de las lágrimas en su rostro. El resultado fue tan positivo que a lo largo de los siguientes 30 años realizó, en conjunto con su taller, numerosas versiones del lienzo como la que conserva Museo Soumaya y que procede del óleo autógrafo sito en el Museo del Hermitage en San Petersburgo, Rusia.
La influencia de Tiziano se dejó sentir no solo en Venecia sino en el resto de Europa y, mediante la estampa, incluso en América. Su peculiar estilo abrió brecha para algunos de los grandes pintores barrocos como Rubens y Rembrandt. En palabras de Alfonso Pérez Sánchez (1935-2010), director emérito del Museo del Prado, con el paso del tiempo la corriente «neoveneciana» se redescubre y asume a Tiziano y a los más líricos maestros del mundo de la Laguna como componentes fundamentales de una pintura nueva, donde la luz y el color, en toda su vibración atmosférica se integran en una única unidad expresiva.
De acuerdo con el investigador Tom Nichols en The Master as Monument: Titian and his images [El maestro como monumento: Tiziano y sus imágenes, 2013], la muerte de Tiziano supuso una momentánea pérdida de rumbo en el arte veneciano, puesto que ni su hijo Orazio ni otros pintores de su taller lograron alcanzar la calidad y libertad creativa del maestro. Correspondió a pintores más jóvenes y talentosos continuar con su legado como ocurrió con il Tintoretto –quien probablemente fue su alumno por corto tiempo–, Paolo Caliari, il Veronese, y Doménikos Theotokópoulos, el Greco, por ejemplo, le rindió homenaje en su célebre lienzo Las Bodas de Caná (1563) al caracterizar a los músicos que se encuentran en primer plano con un retrato de Tiziano y su autorretrato. Por su parte, en La purificación del templo (1571-1576), Theotokópoulos dio testimonio de sus principales influencias al retratar en el extremo inferior derecho –donde habitualmente se encontraría la firma– a Tiziano, seguido por Michelangelo y el miniaturista croata Giulio Clovio. Aunque algunos investigadores sugieren que el cuarto personaje es Raffaello, Nichols afirma que se trata del propio Greco en una suerte de presentación simbólica de sus credenciales pictóricas. De modo que las siguientes generaciones, independientemente de haber sido o no sus discípulos directos, verían en Tiziano al padre de la nueva escuela veneciana o incluso, como Veronese, al «padre del arte».