2023 Febrero La escuela véneta

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La escuela véneta


A fines del siglo XV la República de Venecia se encontraba en el apogeo de su expansión; debido a su posición estratégica en el mar, gozaba de relaciones comerciales con gran parte de Europa y sería el puerto hacia Medio Oriente. Su diplomacia abarcó también el ámbito artístico derivado de fructuosos intercambios sobre todo con Flandes y los reinos bávaros. A partir de la tercera década de 1400, este diálogo se enriqueció con intervenciones artísticas no solo del norte de la Península itálica, sino también de la Toscana.

El Gótico internacional que, particularmente en Venecia se fundía con la cultura bizantina, empezó a convivir con importantes innovaciones artísticas.

Figuras como la de Cima da Conegliano (1459/1460-1517/1518) y Giovanni Bellini (c 1429-1516), hermano de Gentile (1429-1507) e hijo de Jacopo (c 1400-1470/1471), se alejaron del estilo bizantino para acercarse a la manera paduana –asimilada de Piero della Francesca (c 1415-1492) y Andrea Mantegna (1431-1506)–. Esta influencia otorgó una particular profundidad que emergió del empleo de una amplia gama cromática.


De actividad breve pero muy intensa, Giorgione (c 1477-1510) –a quien Vasari identificó como alumno de Giovanni Bellini– fascinó por sus colores y paisajes armoniosos, que a menudo eclipsan el significado críptico de sus obras. El artista veneciano mejor cotizado de la época fue Tiziano Vecellio (1488/1490-1576); innovador y poliédrico, suplió la “primacía del dibujo” propio de la escuela toscana con un uso personal del color.

La atención por el detalle de Jacopo Bassano (c 1510-1592) y su taller, el carácter dramático de Iacopo Robusti, il Tintoretto (1518/1519-1594), así como la generosidad cromática de Paolo Veronese (1528-1588), se convirtieron en modelo de inspiración para otras latitudes europeas. En la arquitectura, figuras como la de Andrea Palladio (1508-1580) fungirían como modelo durante siglos en la construcción de edificios para todo el norte de la península.


El Settecento representó el gran proscenio del arte figurativo veneciano. El creciente gusto por temas paganos otorgó centralidad al ser humano, quien se fusionó con el paisaje en escenarios fascinantes. Venecia seguía vigente y eso lo demostraba al ser una parada obligada del Grand Tour.

Con su entusiasmo narrativo histórico, la figura que más destacó en el periodo culminante de la escuela veneciana fue Giambattista Tiepolo (1696-1770). Padre de los también pintores Giandomenico (1727-1804) y Lorenzo (1736-1776), su estilo se caracterizó por ser sofisticado e hiperbólico. Sus escenas evocan un mundo dilatado y ficticio representado por una paleta cromática brillante y una luz fría; así creó una atmósfera plateada que se refleja tanto en los objetos como en las figuras, con lo que pierden toda consistencia plástica.


De la etapa vedutista, Giovanni Antonio Canal, il Canaletto (1697-1768), combinó arquitectura y naturaleza con una cuidadosa representación atmosférica. En conjunto con el mayor momento de difusión de las ideas racionalistas de la Ilustración, adoptó criterios científicos al utilizar la cámara óptica para pintar sus obras. La herencia que legó sería desarrollada por su sobrino Bernardo Bellotto (1721-1780). Por su parte, Francesco Guardi (1712-1793) propuso una interpretación subjetiva y evocadora al crear imágenes de ciudades evanescentes; su sensibilidad –que llegaría a definirse como prerromántica– resultó en obras con carácter melancólico.

Tras el fin de la República con la invasión de Napoleón Bonaparte en 1797, la pintura véneta gestó una singular evolución del género del Vedutismo. Con el término de la edad imperial, el Ottocento se concentró en sujetos humildes, quizá en línea con la creciente pobreza que acompañó al periodo siguiente a la Unificación.


A la cabeza de una nueva generación de pintores destacó Pompeo Marino Molmenti (1819-1894). El término del siglo fue protagonizado por Guglielmo Ciardi (1842-1917) y su legado, que retomaba la manera francesa de pintar al aire libre, fue desarrollado por sus hijos Emma (1879-1933) y Beppe (1875-1932). Célebre fue el gabinete óptico de Luigi Querena (1820-1890) con su contundente uso del color.

Su original paleta cromática hizo que la escuela véneta generara una regia tradición artística. La aplicación gradual tono sobre tono en veladuras superpuestas se tradujo en una armoniosa fusión entre hombre y naturaleza, y así inauguró un estilo inédito que influiría tanto en el resto de Europa como en las generaciones venideras.


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