2023 Los Israels, precursores de la pintura moderna neerlandesa

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Los Israels, precursores de la pintura moderna neerlandesa
Laura A. González Eguiarte | Curaduría
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El Millet holandés
Jozef Israëls nació el 27 de enero de 1824; fue el tercero de diez hijos en una familia judía sefardí avecindada en Groninga, al norte de los Países Bajos. Aunque desde niño mostró aptitud e interés por la pintura, su padre lo instó a seguir una carrera en el comercio. No obstante, con 18 años se mudó a Ámsterdam para incorporarse en el taller del retratista Jan Adam Kruseman (1804-1862), a quien siempre recordaría gracias a la libertad creativa que otorgaba a sus estudiantes. En 1843 ingresó en el Instituto Real de Ciencias, Literatura y Bellas Artes de los Países Bajos, como alumno del destacado pintor romántico Jan Willem Pieneman (1779-1853). Vivió en París de 1845 a 1847, en donde estudió con los academicistas Paul Delaroche (1797-1856) y Horace Vernet (1789-1863).

Aunque esta formación hubiera favorecido al desarrollo de los grandes temas históricos y la composición de escenas de batallas, el joven artista prefirió la vida sencilla de la campiña francesa en la obra de Jean-François Millet y el apego a la naturaleza de Gustave Courbet. Tanto el Realismo social francés como el romanticismo de los pintores de la Escuela de Dusseldorf, quienes también privilegiaron el paisaje y la pintura al aire libre, fueron sus principales influencias.

Mientras se recuperaba de una enfermedad en el pueblo pesquero de Zandvoort, cerca de Haarlem, Israëls presenció de primera mano el drama y la vida de los habitantes portuarios; el trazo de ese heroísmo cotidiano se convirtió en su sello distintivo.

Junto a la tumba de la madre (1856) marcó un hito en la carrera de Israëls. El óleo muestra a una familia que pasa junto a una humilde cruz de madera apenas perceptible entre la hierba y la luz crepuscular. Con el mar y el cansancio a sus espaldas, el joven pescador lleva a su hijo de la mano mientras que con el otro brazo sostiene a su bebé. En palabras de Merel van den Nieuwenhof, curadora del Museo Jan Cunen en Oss, Países Bajos:

Es excepcionalmente grande para una pintura de género y adquiere un significado distinto justamente por su tamaño. Probablemente se inspiró en la visita que realizó en 1855 a la Exposición Universal de París, donde los exponentes del Realismo social presentaron obras de campesinos y trabajadores en escalas monumentales. La imagen del humilde pescador descalzo en tamaño real y con el horizonte bajo, le brinda un sentido majestuoso y heroico a la obra.






En 1863 se casó con Aleida Schaap (1843-1894). El matrimonio tuvo tres hijos: Mathilda Anna (1864-1945) –quien se convertiría en una importante feminista, sufragista y defensora de los derechos de las madres solteras–, el pintor Isaac Lazarus (1865-1934) y Rebecca Maria (1866), quien murió a los pocos días de nacida. Atraída por una vida rural que estaba próxima a desaparecer en manos de la industrialización, la familia se mudó a La Haya en 1871. Ahí, Jozef Israëls presidió la asociación artística Pulchri Studio y en 1876 fundó la Sociedad Holandesa de Acuarelas. Israëls es considerado el máximo exponente de la Escuela de la Haya, término acuñado en 1875 por el crítico y también pintor Jacques van Santen Kolff (1848-1896), para denominar a un grupo de artistas fuertemente influidos por los movimientos artísticos modernos franceses, en particular la Escuela de Barbizon y el Realismo social.

El pescador (1883), en la colección de Museo Soumaya, da cuenta del estilo maduro de Israëls. El pintor eligió el gran formato para enfatizar la vitalidad del protagonista. La fuerza visible en la tensión muscular y la energía con que sostiene la red, se mantienen a pesar de su avanzada edad y hacen eco al subtitulo metafórico de la obra: La lucha por la existencia. La paleta austera y los tonos sepias también son característicos de Israëls y reflejan el cromatismo natural del pólder neerlandés –terreno pantanoso que una vez desecado sirve para cultivo–. Estos fueron retomados en los periodos tempranos de Liebermann y Mondrian. Jozef marcó una influencia tan notable para Vincent van Gogh, que incluso El pescador en el acervo mexicano fue dibujado por Vincent y hoy se encuentra en la Galería de Arte de Bremen, Alemania.

De acuerdo con Ronald de Leeuw, director emérito del Museo van Gogh, en 1885 Vincent acudió el recién renovado Museo Rijk en Ámsterdam, en donde admiró el trabajo de los grandes pintores del siglo XVII pero también el Pescador de Zandvoort (c 1863-1880) de Jozef Israëls, antecedente directo del óleo en el Soumaya.

Israëls nunca abandonó el ímpetu romántico e, inserto en el Realismo social, brindó un tratamiento emocional a sus sujetos. Los sobrenombres que muchas veces dio a sus obras favorecen una interpretación abierta como en el óleo de una mujer quien teje a los pies de una cuna, llamado El tesoro de una madre (c 1885), en el acervo de Fundación Carlos Slim, o el joven demacrado en el quicio de una puerta en Hijo de una raza antigua (1889), en el Museo Judío de Nueva York.


Aleida murió en 1894; para alegrar a Jozef, su hijo Isaac sugirió un viaje a España que emprendieron en compañía del escritor Frans Erens:

Las duras y agudas siluetas de las montañas se elevaban contra el aire gris como si se tratase de derrumbados castillos y torres, y algunas veces como el lomo de gigantescos animales. Cuando la línea se hundía, se elevaban en la lejanía otros picos montañosos y detrás de ellos otros más; inhóspitos valles desérticos era lo que mostraba este solitario paisaje bajo el cielo gris…

Israëls falleció el 12 de agosto de 1911. Ese mismo año, la Bienal de Venecia presentó una exposición de sus obras.

La huella de Israëls y otros realistas se dejó sentir en la pintura británica del último tercio del siglo XIX que, a pesar del auge de la Hermandad Prerrafaelita y ante la crisis económica de 1866, recurrió a paisajes desolados y escenas de pobreza de denuncia social.

Israels el cosmopolita
Desde pequeño, Isaac demostró grandes aptitudes para la pintura. Cuando cumplió 6 años, su padre escribió a su amigo, el coleccionista John Forbes White: es un astuto pintor de animales y con ayuda del Señor, se convertirá en un mejor colorista que su padre. Las palabras de Jozef tuvieron cierto sentido profético pues el tratamiento del color fue una de las principales diferencias entre padre e hijo.

Isaac estudió dibujo y perspectiva en el taller paterno de La Haya. A partir de 1878, cuando tenía 13 años, acompañó a Jozef en los viajes que realizaba para visitar exposiciones y talleres en la capital gala, en donde pudo conocer los temas y tendencias artísticas modernos. En 1880 ingresó a la Real Academia de Bellas Artes de La Haya.



Las obras más tempranas que firmó como Isaac Israels –sin las diéresis–, Funeral Militar (1882) y Transporte de Soldados Coloniales (1883-1884), fueron muy aplaudidas en el Salón de París.

A pesar de la admiración que sentía por su padre, Isaac anhelaba un estilo propio. En 1886 se estableció en Ámsterdam y entabló amistad con los Tachtigers [Los ochenteros], también llamados «El movimiento de los ochenta», jóvenes escritores, críticos y artistas quienes, como él, habían emigrado de La Haya a la capital neerlandesa en busca de estímulos, oportunidades y renovación artística. A este grupo pertenecía George Hendrik Breitner (1857-1923), a quien había conocido años atrás en el estudio de su padre. Juntos se matricularon en la Academia Estatal de Artes Visuales, pero la abandonaron a los pocos meses por considerarse artistas ya formados.

En este periodo Isaac Israels y Breitner retrataron la bulliciosa vida citadina, con trazos rápidos y apenas esbozados en plein air. Escenas luminosas, con colores claros habitadas por mujeres de trabajo: lavanderas, vendedores, pregoneros y trabajadoras del hogar, quienes cruzan el lienzo con premura. Durante esos años, los Israels, en compañía de Max Liebermann, veraneaban en la playa de Scheveningen. En aquel paraje costero, Jozef pintaba a los pescadores e Isaac la alegría de bañistas, mujeres con parasoles y en tumbonas, niños en el lomo de un burro, familias que chapoteaban…

El nuevo estilo de Isaac se consolidó a mediados de la década de 1890 y fue muy bien recibido tanto por la crítica como por el mercado.

En 1904 Isaac Israels arrendó un estudio en París en donde continuó con sus impresiones de la vida cotidiana –escenas de cafés, picnics en el Bosque de Bolonia, escuelas de ballet, cabarés, saltimbanquis del Circo Medrano– impregnadas de una sensación entusiasta del joie de vivre. En la primera década del siglo también pasó temporadas en Reino Unido en donde capturó a los transeúntes en Hyde Park y algunas peleas de box.


Se trata de imágenes reminiscentes del Renoir de los setenta y ochenta, pero con trazos más expresivos delineados con tonos oscuros. En las inmediaciones de la Primera Guerra Mundial su paleta y su ánimo se oscurecieron, como puede observarse en el gouache y acuarela En el café (c 1915) de la colección de Museo Soumaya.



Viajero incansable, Israels anhelaba conocer las colonias neerlandesas en Asia. Finalmente, en 1921 pudo conocer Java y Bali, en donde pintó escenas de danza y teatro al aire libre plenas de luz y colores vivos.



Isaac Israels también fue un agudo retratista. Si bien en sus escenas de playa, parques y cafés, los rostros son apenas perceptibles, en sus retratos solía capturar el gesto y otorgarle una dimensión psicológica a los personajes.



Cada Israels siguió su propio camino artístico en total libertad. Jozef en la Haya con conmovedoras muestras del valor del trabajo señero de los pescadores, e Isaac, quien se convirtió en una figura referencial del cosmopolitismo en el Arte Moderno neerlandés. La obra de ambos refleja las contradicciones propias del fin del siglo XIX: el dolor y el cansancio de los trabajadores del campo y los puertos pesqueros en los pinceles de Jozef, y en la variada paleta de Isaac, la alegría efímera de la vida citadina que más temprano que tarde sería engullida por la prisa y el estrés.

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