2023 Enero Alegorías de los cuatro elementos

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Alegorías de los cuatro elementos Ana Paula Robleda Betancourt | Comunicación Tiempo de lectura: ¿? minutos

Los cuatro elementos han sido motivo de numerosas disertaciones a lo largo del tiempo. En los primeros siglos de la filosofía griega fue constante la búsqueda del arché, principio u origen, y los pensadores presocráticos concibieron en ellos el origen y permanencia del mundo. Ya Homero había mencionado que el inicio de las cosas y los seres estaba en el agua, la tierra y el aire. Anaximandro atribuyó el origen a «lo indefinido» o «lo ilimitado», el ápeiron. Para Tales de Mileto todo se constituía de agua. Anaxímenes señaló que todo venía del aire y Heráclito, del fuego. Sería Empédocles quien sostuvo que todo se conformaba por la mezcla de los cuatro elementos. Estos razonamientos inspiraron copiosas representaciones artísticas a lo largo de la Historia del arte mediante símbolos y figuras antropomorfas, que incluso se identificaron con el panteón Olímpico y su eco en el latino.

Así, la tierra que da sustento y nutre se representó con la diosa romana Ceres −Démeter para los griegos−, quien cuidaba del suelo y sus frutos; también la simbolizó Diana −la Artemisa helena− con las presas que servirán de alimento.

La idea de la abundancia otorgada por la tierra devendría en las pinturas de mesas rebosantes de frutos y flores realizadas a partir del siglo XVI y que acuñarían el género de la naturaleza muerta. Algunas de estas representaciones resultaron al mismo tiempo en vanitas, pues tales frutos maduros y flores abiertas, próximos a marchitarse, aludían al paso del tiempo. La invitación era entonces aprovechar el momento, carpe diem, y concentrarse en la vida espiritual.



El agua, elemento fundamental para la vida, fue considerada como el origen del mundo. Es representada por Tetis −reina de los mares− y está acompañada por un delfín, o bien, por el dios griego Poseidón –Neptuno en la mitología romana−. También se le relaciona con las figuras de ninfas y nereidas.



El aire, en ocasiones se ha plasmado como la esposa de Júpiter, Juno, la Hera griega, sentada sobre una nube y acompañada por un pavorreal. Otras veces aparece como Céfiro, dios del viento del oeste. Una de las representaciones de este elemento es la que pintara Sandro Botticelli entre 1482 y 1485 en El nacimiento de Venus, en la que aparece una pareja, quienes soplan el aire vital para que la diosa de la belleza pueda emerger de la espuma del mar en la venera. Es común encontrar también aves cantarinas que representan a la música como símbolo del viento; un ejemplo es Concierto en el bosque de Jan Brueghel, el Joven, en la colección de Museo Soumaya.







El fuego, la fuerza del espíritu, puede identificarse con la imagen de Vulcano, −Hefesto, dios del elemento y de la forja para los griegos− acompañado de trabajadores cerca de un horno, contenedor de llamas que funciona como su emblema. Sin embargo el elemento también puede ser representado con una sacerdotisa, quien cuida el fuego prometeico en los templos de Venus para evitar la destrucción del universo.





Si bien todos los elementos son necesarios para el origen, evolución y permanencia de la vida, su presencia en exceso resulta en la fuerza destructiva del orden. A los cuatro elementos fundacionales de Occidente, la filosofía nahua suma un quinto elemento que, desde el centro, movía al resto: el corazón.



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