Revista / 2023 Enero / Alegorías de la Paz y la Victoria
La guerra terminó (Si tú quieres)
John Lennon (1940-1980), músico británico, y Yoko Ono (1933) artista visual japonesa, en Happy Xmas (War is Over) [Feliz Navidad (La guerra terminó)], 1971
Niké, la diosa griega de la victoria, se ha representado como una hermosa mujer alada vestida de blanco, quien corona a los héroes con los laureles de gloria en los que la ninfa Dafne se transfiguró. De acuerdo con Hesíodo en su Teogonía (entre los siglos VIII y VII a. C.), es hija del titán Palas y la ninfa del océano, Estigia. Tanto ella como sus hermanos Bía (la violencia), Zelo (el fervor) y Cratos (la fuerza) son personificaciones de conceptos abstractos. Generalmente se le representa cercana a Zeus, pues Estigia y sus hijos fueron las primeras divinidades en jurar lealtad al «padre de los dioses» durante la Titanomaquia, es decir, la batalla que libraron los olímpicos contra los titanes. En la mitología romana se llamó Victoria. Su representación más conocida es una escultura de mármol realizada hacia 190 a. C., descubierta en la ciudad griega de Samotracia en 1863 y que se encuentra en el Museo del Louvre de la capital gala.
Desde la Antigüedad aparece en múltiples alegorías sobre el fin de las guerras y el triunfo de los pueblos sobre la opresión. Sus alas también la vinculan simbólicamente con la libertad, por lo que su presencia es más constante en escenas de revoluciones sociales que en otro tipo de conflictos bélicos.
En la gliptoteca de Museo Soumaya destaca Gloria Victis [Gloria a los vencidos] del escultor francés Marius-Jean-Antonin Mercié (1845-1916), en la que una Victoria alada sostiene a un soldado caído mientras levanta el vuelo. El hombre lleva el mango de una espada partida, símbolo de la derrota. El modelo de yeso tamaño natural de la obra ganó la medalla de honor en el Salón de París de 1874, no solo por la maestría técnica que implicó el equilibrio de las figuras sostenidas en un solo punto de apoyo, sino por su contenido patriótico. La obra de Mercié celebra la resistencia y el heroísmo del pueblo francés a pesar de su derrota –aún reciente y dolorosa– en la Guerra Franco-prusiana (1870-1871).
Iconográficamente cercanas resultan las alegorías de la paz ya que de nueva cuenta, estas se encuentran con frecuencia en obras que conmemoran la firma de tratados, el final de algún conflicto bélico y la restitución de la armonía.
Si en la literatura la alegoría se logra a partir de la suma de metáforas y otras figuras retóricas que le dan un sentido figurado al texto en su conjunto, en las artes plásticas su interpretación parte del análisis de los símbolos, figuras y escenas no de forma aislada, sino dentro de un contexto. Tal es el caso de Minerva aleja a Marte para proteger de la Guerra a la Paz y la Abundancia (1576) de Jacopo Robusti, il Tintoretto (1518-1594), sito en el Palacio Ducal de Venecia. En sentido alegórico: la razón, representada por Minerva, puede alejar a la violencia y preservar la abundancia y la paz. La obra fue encargada por el duque Girolamo Priuli para comunicar a sus súbditos la defensa que hacía la República ante las amenazas turcas y prusianas.
Peter Paul Rubens (1577-1640) retomó este modelo iconográfico para su óleo Minerva protege la Paz de Marte (c 1629-1630) que el propio pintor barroco, en su calidad de diplomático al servicio de Felipe IV de España, regaló al rey Carlos I del Reino Unido como parte de una misión de paz durante la Guerra de los Treinta Años (1616-1648). Al igual que en la obra del Tintoretto, Minerva protege con su escudo a la Paz quien, en este caso, también podría ser Ceres, diosa de la agricultura, las cosechas y la fecundidad. La Paz lleva la mano a uno de sus senos con el que amamanta a un niño, mientras un grupo de infantes se refugia a su lado del embiste de la guerra personificada en Marte. Un sátiro –ser mitológico vinculado con Baco– sostiene una cornucopia, símbolo por excelencia de la abundancia; a sus pies retoza un jaguar que también se asocia con el dios del vino y la fertilidad.
Es probable que Alegoría de la Paz y la Abundancia sea un fragmento de un lienzo de gran formato comisionado a François de Troy (1645-1730) en 1716 para celebrar las gestiones de Luis XIV durante el Tratado de Utrecht (1713-1715). La interpretación iconográfica de esta obra es más directa que en los casos anteriores. La Paz, vestida de blanco y coronada de olivo, prende fuego a un tambor para indicar que la guerra terminó, mientras entrega una cornucopia a la deidad protectora del río Sena. En escorzo, una Fama alada –personificación de los rumores– anuncia la bienaventuranza. A lo lejos se atisba la catedral de Nuestra Señora de París. Aunque el diseño fue proyectado por François, es muy probable que la factura sea de su hijo Jean-François (1679-1752) dadas las similitudes que guarda con Apolo y Dafne (1728), obra sita en el Museo del Hermitage.
No es de extrañar que las alegorías de la paz se acompañen de símbolos de abundancia, entusiasmo y alegría, pues la armonía es la condición necesaria para el florecimiento y bienestar de los pueblos. En este año que inicia, hagamos votos porque se restituya la paz en todos los rincones de la Tierra.