Ferrocarril mexicano

Sala 5

 

Emblema de la Revolución Industrial y, por ende, de la modernidad, la llegada de la primera locomotora al país en 1847 marcó el inicio de una profunda transformación en la orografía mexicana. La máquina de vapor es considerada el parteaguas definitivo para el cambio civilizatorio que implicó la conversión de las sociedades agrícolas en industriales.

El ferrocarril se erigió como el eje central del país y su construcción representó una proeza técnica que tuvo que desafiar sierras y valles, y transformar, de manera radical, la fisonomía de la nación. La naturaleza y los avances, tanto científicos como tecnológicos, se encontraron en la modernidad. La construcción de redes ferroviarias originó un nuevo mapa de movilidad social con profundas conexiones comerciales y culturales. El mayor reto de ingeniería fue, entonces, someter la geografía al desarrollo, lo que alteró para siempre la percepción de distancia, tiempo y territorio.

La pintura, la estampa y la fotografía del paisaje son, además de testigos de belleza, documentos históricos que permiten recrear la hazaña de abrir caminos. La imagen da cuenta de sitios donde aún no se había llegado, e invita a apropiarse del entorno y abrazar un territorio común. Artistas mexicanos y extranjeros capturaron la llegada del ferrocarril, sus imponentes puentes y túneles, la actividad en fábricas, aduanas y puertos, el levantamiento de presas y el trazo del alumbrado público, así como la paulatina transformación del paisaje natural.

Las estaciones se levantan airosas y risueñas […]. La locomotora agita su penacho de humo y lanza su grito agudo y simpático que va a despertar al perro que duerme el sueño del hambre […]. Los vagones […] se pavonean, fecundos en promesas de bienestar.

Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893) , escritor y periodista mexicano, en La vida en México, 1880