De hilos y ajuaresTiempo de lectura: 16 minutos
Con la representación de un obraje dieciochesco de la autoría de Carlos López, se da cuenta de la riqueza simbólica de los hilos virreinales, paráfrasis de la obra erudita de Juan Manuel Corrales, para hablar de los usos y costumbres a través de la indumentaria novohispana.
En el ámbito religioso, las tocas de monjas, los hábitos y su significación de hermandad en Dios, hacen espejo con la variopinta indumentaria del clero secular que en casullas, dalmáticas, capas pluviales, estolas y mitras señalaron con precisión la estructura estamental de los miembros de la Iglesia. Por su parte, la tradición civil, en su complejo y fascinante mosaico racial, echó mano de sarapes, rebozos, chupas, calzas, verdugados, fichús, encajes y accesorios para ver y ser visto. Los cuadros de castas, uno de los grandes prodigios de la escena virreinal, nos permiten el acceso al entorno íntimo y cotidiano del Siglo de las Luces.
Interior de un obraje con la presencia protectora del Espíritu Santo y el arcángel san Miguel
Esta obra de Carlos López es la única en su género que documenta el interior de un obraje novohispano. Dominada por el telar que articula geométricamente la composición, la imagen da cuenta de la organización gremial en la fabricación de tela, proceso que en estas tierras comenzó hacia 1526.
La labor del tejedor, de su ayudante y del hilandero está supervisada por el patrón vestido de azul; podría tratarse de Miguel Prieto, quien encargó el exvoto, obra generalmente realizada como agradecimiento. Protector de los comerciantes, san Miguel Arcángel con la frase Quis ut Deus [¿Quién como Dios?] presenta la escena; a su lado, simbolizado por una paloma, el Espíritu Santo custodia el taller gremial.
FC
La imposición de la casulla a san Ildefonso de manos de la Virgen
San Ildefonso, arzobispo de Toledo, aparece postrado ante la Virgen, quien desciende de los cielos para agradecer al pastor sus tratados y composiciones litúrgicas en loor de su perpetua virginidad, suscribe el investigador Jaime Cuadriello.
El hecho, exaltado en toda la iconografía del santo, celebra la llamada imposición de la casulla por manos marianas. Esta prenda, en la tradición católica romana, se coloca sobre el alba sacerdotal para la celebración de la misa. En el mundo virreinal, siguiendo los patrones europeos, cada elemento del ajuar litúrgico tenía un significado simbólico. Confeccionados con hilo de oro, plata y seda, los motivos de las casullas solían representar temas evangélicos, vidas de santos y pasajes marianos y cristológicos.
HP
Verdadero retrato del venerable Gregorio Lopes
Del linaje plástico virreinal, Juan Rodríguez Juárez realizó, en la madurez creativa, este retrato póstumo de uno de los personajes más controvertidos de la vida religiosa novohispana.
Gregorio Lopes, oriundo de Madrid, tuvo una visión ante la Virgen de Guadalupe de Extremadura, que lo motivó a viajar a América y encontrarse con nuestra homónima advocación mariana. Pese a su vida de ermitaño, no aceptó el hábito dominico. La ausencia de elementos religiosos, escapulario o rosario en su atuendo despertaron sospechas y fue acusado ante el Santo Oficio. Salió airoso del juicio e incluso se le otorgó el título de «venerable». Los monarcas Felipe III y Felipe IV abogaron por su canonización, misma que aún sigue pendiente.
LG
Santo Tomás de Villanueva
Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia, fue célebre por su incansable labor caritativa. El santo ofrece una moneda que ha extraído de su talega a un par de menesterosos –uno ciego y el otro tullido–, hecho que exalta sus grandes virtudes de desprendimiento y pobreza. El que fuera predicador favorito de Carlos V luce mitra episcopal, báculo y una capa pluvial –cuyo origen etimológico da cuenta de que servía para proteger de la lluvia a quien la portaba–. De ricos motivos vegetales y sinuosos, la capa queda sujeta por un broche de pedrería que alude a los bienes efímeros en la tierra, en pos de la salvación eterna que ofrece la fe en Jesucristo. Esta pintura recuerda un tema semejante, labrado en cantera en el antiguo Hospicio de los padres agustinos de la provincia de Filipinas, sito en el Centro Histórico de Ciudad de México.
HP
Nuestra Señora de los Zacatecas
En un trampantojo propio del barroco exuberante del autor mulato, la advocación mariana representa una escultura de bulto redondo, una vera efigie, por lo que la Virgen se yergue sobre una peana, mientras que un dosel enmarca la escena atestiguada por una donante que sigue la moda de los últimos Austrias.
La Madre de Dios, ataviada como reina, con corona imperial y cetro, viste una túnica en tono rosado con visos anaranjados pardos, ceñida por un cinturón de oro que lleva incrustada una esmeralda en la parte central. Su pie izquierdo se asoma ligeramente sobre el bies dorado y deja ver una de sus zapatillas. Encima de la túnica se aprecia el manto de cauda en tono azul adornado con galones perimetrales de hilos de oro. El velo se sujeta con un broche de rubí.
El Redentor, con potestades y una vara de azucena, está vestido con una túnica que se ciñe a la cintura con un listón rojo, símbolo de la Pasión.
AM
Retrato de sor María Manuela Margarita
Vinculado con el taller de, José de Alcíbar destacó por la dulzura de sus rostros, la precisión de su trazo y la nitidez en su manejo del color. Progresivamente dejó la exuberancia barroca para acercarse a la mesura del Neoclasicismo. Fue maestro fundador de la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos.
Sor María Manuela Margarita falleció apenas unos días después de tomar el hábito capuchino. La aspereza del sayal –trabajado con gran detalle– y la sobriedad del entorno dan cuenta de la austeridad y rigidez de esta regla conventual. Los retratos de monjas fueron populares en Nueva España, ya que las familias los conservaban como recuerdo de sus hijas cuando entraban en clausura.
LG
Exvoto del alférez Diego de la Parra
El término «alférez» refiere al grado militar inmediatamente anterior al de teniente. Diego de la Parra, quien fuera alférez y administrador mayor del Convento de Santa Clara de Querétaro, ha sufrido un desmayo que lo puso al borde de una muerte súbita, algo muy temido en el mundo virreinal ya que sus víctimas no alcanzaban el beneficio de los sacramentos, como la confesión y la extremaunción, dice Jaime Cuadriello. Para agradecer la mediación divina, de la Parra solicitó este exvoto que da cuenta de una gran riqueza descriptiva.
El personaje luce casaca oscura, cuello y mangas de encaje, sombrero de ala ancha –que ha quedado en el suelo por el accidente– y zapatos de hebilla. Todos los elementos del ajuar civil enfatizan su condición de militar al servicio de la Corona. La escena es presenciada por un grupo de monjas clarisas quienes, detrás de la reja del coro, han dispuesto la milagrosa imagen de Nuestra Señora del Destierro para interceder por la salud del retratado.
HP
Dama con rebozo (también conocida como Dama con caja de rapé con desposorio de indios)
Esta obra destaca por la modernidad de su formato, el tratamiento naturalista, el tema íntimo y cotidiano. Una dama «española» viste –como ha observado Ana Paulina Gámez– rebozo de seda con listas entrecruzadas (de añil, probablemente cochinilla e hilos de plata, realizado en Ciudad de México, Puebla o Oaxaca); camisa de tela fina o muselina de algodón con encajes (europeos, o bien, realizados en los colegios de niñas o por las viudas de la ciudad); pañoleta de tela de algodón estampada (de la costa de Coromandel); zarcillos y sarta de perlas. Inclina el rostro y dirige la mirada hacia la caja de rapé que sostiene en las manos, en cuya tapa se ve el Desposorio de indios que pintara Juan Rodríguez Juárez hacia 1720 como corolario de sus series de castas, a manera de celebración del orden social, pero también, de acuerdo con Jaime Cuadriello, como recordatorio de su fragilidad.
LR
Retrato de Pedro Barbosa Parreño
Pedro de Barbosa Gómez de Guzmán y Parreño fue contador mayor de la Real Audiencia de Nueva España. En un característico retrato de aparato, flanqueado por su heráldica, el personaje exhibe la rica simbología de una indumentaria que marcó la llegada de la influencia francesa a la Península Ibérica y a los virreinatos americanos. Luce casaca bordada con hilo de oro, cuello y mangas de chorrera, y la característica peluca borbónica; don Pedro sujeta un guante en la diestra con el garbo propio de su estatus nobiliario. Esta obra es compañera del lienzo de doña Ana de Quijano, esposa del retratado, también de los pinceles de Juan Rodríguez Juárez.
hp
Retrato de Juana María Cortés-Chimalpopoca
Doña Manuela Juana María Cortés-Chimalpopoca Cruz fue bautizada en 1709 en Tacuba, y retratada cerca de su ceremonia de profesión en el Convento de Corpus Christi para nobles indígenas. Se le mira ataviada con huipil influenciado por la moda europea (en los motivos y en la adición de cintas doradas); camisa de mangas henchidas rematada con encajes; paño prendido del hombro con una medalla (propio de las indígenas); saya de seda espolinada que deja ver con un delicado gesto de la mano; además de chiqueador, flor en el cabello, abundantes joyas de oro y perlas, abanico cerrado como símbolo de recato, y cirio con arandela. El escudo de armas copia con fidelidad el otorgado por Felipe II a su antepasado Antonio Cortés Totoquihuaztli, el gobernador indígena de Tlacopan.
LR
Retrato de Ignacia Dionisia de Ibargoyen y Miguelena
Frente a un cortinaje rojo y ventana, posa Ignacia Dionisia Josefa Francisca de Borja Ibargoyen Miguelena, nacida en 1743 en Hidalgo del Parral, Chihuahua. La dignidad de este retrato apela a la tradición de mostrar a los niños en los roles que habrían de desarrollar en la vida adulta, además de poner de manifiesto las aspiraciones de un grupo social en ascenso. La niña mira de frente al espectador, mientras sostiene el abanico cerrado en una mano y una rosquilla en la otra. Junto a ella y sobre una mesita, un platón con frutas. El vestido corresponde a los diseños entonces vigentes en Nueva España, confeccionado en seda «naturalista» con grandes motivos florales y colores vibrantes.
LR
Retrato de Francisca Javiera Tomasa Mier y Terán
Este retrato debió formar parte de la galería familiar, junto con el de don Fernando de Mier y Terán, padre de doña Francisca, firmado por Ignacio Berbeno (sito en el Museo Nacional del Virreinato). La cartela detalla la genealogía de la joven y menciona su profesión en el Convento concepcionista de San José de Gracia, motivo de la realización del cuadro y timbre de honor para esta familia de Jerez de la Frontera. Su traje está compuesto por casaca, saya, peto y sobrefalda (elemento poco común en los retratos novohispanos), y completado con chiqueador de carey o de terciopelo negro, hilos de perlas en las muñecas, así como abanico y pañuelo que eran instrumentos del lenguaje corporal femenino, y que aquí señalan el recato propio de esta futura esposa de Cristo.
LR
De español y morisca produce albino Pintura de castas
Invitado a Nueva España por Jerónimo Antonio Gil –primer director de la Academia de San Carlos–, el pintor español Francisco Clapera destacó en la última etapa del arte virreinal por sus célebres retratos de castas. Esta pintura de género, rica en simbolismo para dar cuenta de los usos y costumbres de la sociedad novohispana, fue producida para su exportación a la Península Ibérica. La fórmula era básicamente la misma: una pareja, su hijo, el paisaje de fondo y una cartela que indicaba su tipología social. En esta versión, el español de pura sangre –ataviado con calzas y jubón de campo– y su esposa morisca –con ascendencia mulata– presentan al niño «albino», es decir, con la genética imperante de su progenitor por la claridad de su piel.
HP
De mestindio y castiza produce coyote Pintura de castas
El género da cuenta del mosaico étnico que surgió del encuentro de dos mundos. Nutrido por el interés hacia la clasificación ilustrada propia del siglo XVIII, su fin era catalogar los diferentes grupos sociorraciales, además de satisfacer la curiosidad occidental hacia los territorios de ultramar.
Las escenas solían estar protagonizadas por una familia constituida por los padres y su hijo en un contexto de intimidad doméstica. Ocho, diez o más pinturas conformaban las series. Símbolo de una sociedad sincrética, compleja y mestiza, reflejan las identidades indígena, europea, negra y oriental en el crisol americano.
FC
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