Revista / 2023 Agosto / Los Gentileschi, pintores caravaggistas de estilo propio
María del Sol Piñeiro Martínez | Asistente de Dirección
Hijo de Giovambattista Lomi, un orfebre originario de Florencia, Orazio nació en 1563 en Pisa. Hacia 1576 se instaló en Roma bajo el cuidado de uno de los hermanos de su madre, de quien tomó el apellido Gentileschi. Las primeras obras que realizó muestran la impronta manierista de Agnolo di Cosimo, conocido como «Bronzino», y de Jacopo da Pontormo. En la Ciudad Eterna recibió importantes encargos como la decoración de Santa María la Mayor, la Archibasílica de San Giovanni in Laterano y en la Santa Sede, la Biblioteca Apostólica Vaticana.
La primera década de 1600 fue un periodo importante para el artista ya que su pintura se transformó al recibir la influencia de Michelangelo Merisi da Caravaggio, con quien posiblemente entabló amistad. Su obra se tornó más expresiva al utilizar una luz contrastante y colores intensos para plasmar personajes, quienes dan cuenta de profundas emociones. Al igual que el Caravaggio, Gentileschi hizo de personas comunes sus modelos.
Entre 1611 y 1612 colaboró muy de cerca con el también artista de aciaga memoria, Agostino Tassi. Juntos realizaron los frescos para el Palacio del Quirinal en Roma. Hacia 1620 Orazio se mudó a Génova para trabajar al servicio del duque de Saboya; tiempo después, María de Medici lo invitó a París. Los últimos años de su vida transcurrieron en Londres como pintor de la corte de Carlos I de Inglaterra, Escocia e Irlanda. En ese periodo ejecutó copiosas versiones de temas ya antes trabajados y en colaboración con su hija Artemisia, realizó los frescos para el Gran Salón de Casa de la reina Enriqueta María de Francia, en Greenwich.
En la pinacoteca de Museo Soumaya se encuentra una versión del Descanso en la Huida a Egipto, similar a la conserva la colección del Louvre. En La Virgen con el Niño, María sostiene a Jesús en primer plano sobre un fondo neutro. El árbol que se alcanza a ver en la obra parisina, aquí el ocre intenso recibe una luz que apenas ilumina una rama del lado izquierdo. La única fuente lumínica en la parte superior derecha impacta directamente en los personajes para lograr contrastes que generan volumetría, al tiempo que reflejan la ternura de la Madre quien alimenta a su Hijo. Esta característica muestra la importancia del claroscuro caravaggesco como herramienta expresiva en su trabajo. Inspirado en la obra de Michelangelo Buonarroti, más que una serie, esta tela podría versionar el pasaje del Nuevo Testamento tras la persecución de Herodes I. Tres lienzos más se han identificado: uno en una colección privada en Mantua, Italia, otro en Viena, y el más antiguo en Birmingham, Gran Bretaña.
Mostraré a Vuestra Ilustrísima Señoría lo que sabe hacer una mujer.
Artemisia Gentileschi en una carta de 1649 dirigida a su cliente, Antonio Ruffo, después de terminar un lienzo
El 29 de noviembre de 1612 Artemisia se casó con el pintor florentino Pierantonio Stiattesi, y se trasladó con él a Florencia. En 1616 se convirtió en la primera mujer en ganar una plaza en la Academia de las Artes del Dibujo. En poco tiempo aprendió a escribir –solo sabía leer– y consiguió entrar en el círculo intelectual del duque Cosme II. Entabló una relación epistolar con Galileo Galilei y con Michelangelo, el Joven, bisnieto del renacentista.
Tras la aparición de copiosas cartas estudiadas y publicadas en 2020, sabemos que mantuvo, con la venia de Stiattesi, una intensa relación amorosa con el noble florentino Francesco Maria Maringhi.
A pesar de haber tenido cuatro hijos con Pierantonio, hacia 1620 regresó sola a Roma y desde 1627 viajó en varias ocasiones a Venecia y Génova. En 1630 se instaló en Nápoles, donde dirigió un taller. Con el tiempo Artemisia se convirtió en una de las pintoras más importantes e influyentes de aquella ciudad, en la que cardenales y príncipes le solicitaban cuadros.
A esta época corresponde el lienzo Santa Apolonia en Museo Soumaya. La patrona de Portugal aparece casi de cuerpo completo y como menciona la investigadora Mónica López Velarde, con acento gestual en el rostro, que, ensombrecido por la mitad, mira al cielo…. Está ataviada con un elegante vestido rojo de mangas abullonadas; en la mano izquierda porta unas pinzas como atributo iconográfico de su martirio. A manera de pareja, se aprecia el óleo de Santa Lucía, quien está coronada con flores y ricamente ataviada. La santa porta en una mano el plato con los ojos que atestiguan su tormento y en la otra, la palma del martirio.
En ese tiempo recibió importantes encargos de Felipe IV de España y en 1637, Carlos I de Inglaterra la invitó a su corte, a la que se desplazó al año siguiente, para también reencontrarse con su padre.
Mantuvo una intensa relación con el músico inglés Nicholas Lanier, hasta que la muerte de Orazio en 1639 y las dificultades económicas la hicieron regresar a Nápoles y trabajar para el coleccionista siciliano, Antonio Ruffo.
En sus obras, Artemisia se decantó por el uso de tonos encendidos y dramáticos. El color y la luz fueron las herramientas para lograr relatos históricos y bíblicos con su propio sello distintivo. Poco a poco desarrolló un particular estilo de entonaciones lumínicas y cromáticas, que se diferenciaron de los llamados «caravaggistas» y la convirtieron en una de las transformadoras de la pintura napolitana.
En María Magdalena como la Melancolía, Artemisia pintó a una mujer triste y a la vez sensual. En la obra destaca el tratamiento de los paños tanto en el vestido como en el cortinaje del fondo, el detalle en las joyas, el cabello largo con el que ungió los pies de Cristo y en el fondo hacia la derecha, el perfumero, todos ellos atributos recurrentes en las representaciones de la Santa. De acuerdo con el investigador Enrique Valdivieso, a partir de la obra de Museo Soumaya derivó el lienzo que se encuentra en la Cámara del Tesoro de la Catedral de Sevilla, España; la diferencia sustancial es que la obra mexicana muestra el hombro de la santa y permite ver el pliegue de la axila que sí se aprecia en la obra de Fundación Carlos Slim. Sobre ella, Guillermo Tovar de Teresa mencionó el máximo erotismo frente a la desolación de llorar la ausencia de su amado. Este modelo iconográfico fue copiado por el círculo de la pintora y existen ejemplos en varias colecciones.
Las tres obras de la artista en el acervo mexicano dan cuenta de que al igual que il Caravaggio, colocó a sus personajes en primer plano sobre un fondo neutro y los iluminó desde la parte superior para generar contrastes e imprimir un profundo dramatismo en las composiciones.
Orazio y Atemisia, padre e hija, fueron figuras destacadas del más importante Barroco. Al observar sus trabajos se percibe la estrecha relación que existió entre ellos pero a la vez, se aprecia originalidad estilística en cada uno. Ambos contribuyeron a definir cuestiones colorísticas, lumínicas y compositivas, que si bien se habían planteado durante la revolución en la pintura que provocó Caravaggio en el siglo XVII, marcarían el epílogo de un estilo de contrastes, devoción, carácter, verdad, luz y sombra.