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Los reflejos del
yo: mística y arte en
los autorretratos de Marte R. Gómez
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Cada
miembro [Rosacruz] recibe eseñanza
sobre el significado y la aplicación de las leyes cósmicas
y naturales en el universo en torno a sí, y en sí
mismo [y] busca también
para sus campañas pedagógicas liberar a la sociedad
de la esclavizadora influencia de la superstición.
¿Qué y quiénes son los rosacruces? folleto
oficial de la logia de San José.
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El autorretrato es imagen de reconocimiento del sujeto. Es espejo de la realidad
a la que se le escapan ciertos detalles que no captan ni lápiz
ni el pincel sobre un trozo de papel. El efecto que producen
es de unidad: el otro me mira, y así, yo me reconozco.
La tradición de este género de retrato está
ligada en ocasiones al valor social del artista y a su independencia
del gremio o institución que le encargaba la elaboración
de pinturas, como la Iglesia o el Estado. No obstante, la impronta
de las huellas sobre los muros de cavernas prehistóricas,
implicaba ya la presencia del sujeto y la aprehensión
del espacio. Parte de este misterio que encierran los retratos
en la historia del arte, al ver miradas penetrantes, posturas
de reto o gestos agresivos, es resultado de distintas prácticas
esotéricas que han alimentado la curiosidad del hombre
por conocer más allá de los límites de
la razón.
La colección de autorretratos ejecutados por los más
disímbolos artistas para el que fuera director de la
Escuela Nacional de Agricultura –hoy Chapingo– Marte
R. Gómez, nos llevan a conocer aspectos de la historia
mexicana de principios del siglo pasado que trazaron las directrices
del ser nacional.
Los grupos de poder estaban asociados a las logias masónicas
desde el siglo XIX, nuevas formas del conocimiento pudieron
entrar al país, una vez terminado el proceso revolucionario.
Antiguas prácticas científico-filosóficas
como la de la fraternidad de los Rosacruces, mundialmente conocida
como la Antigua Orden Mística de la Rosa Cruz (AMORC)
influyeron y formaron a políticos como Marte R. Gómez,
Plutarco Elías Calles, Vicente Lombardo Toledano, José
Mancisidor, Alfonso Teja Zabre o Lázaro Cárdenas
y a artistas como Diego Rivera, Jorge González Camarena
o al guatemalteco Carlos Mérida.
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...un
cuello perfectamente trabajado, sostén y
vértice de las concepciones místicas.
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Jorge González
Camarena,
Autorretrato
1946
Lápiz sobre papel
38.6 x 32.4 cm |
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A pesar de su
origen críptico, los rosacruces conjugan ideas mágico -esotéricas
y gnósticas con un contexto cultural cristiano. Ellos
mismos definen sus prácticas como un camino o filosofía
de vida que compromete de manera integral al ser humano y trasciende
su muerte. Postulan la posibilidad de una religión internacional,
universal, abierta a todos los hombres. En este punto se plantea
un “cristianismo esotérico” o verda- dero en
contraposición al “cris- tianismo exotérico”
o popular. Por ello, su saber se transmitiría de manera
secreta y privada, siguien-do la tradición de los grandes
iniciados.
Juan Miguel Ganuza, autor del libro Las sectas nos invaden,
explica que los rosacruces parten del platonismo y su mundo
de las ideas, mezclado con diversos principios ascéticos
y un misticis-mo de características panteístas
neopitagóricas y neoplatónicas. |
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Asimismo, retoman las concepciones cosmogónicas hindúes
y egipcias, junto con un cúmulo de ideas religiosas.Todo
esto permeado por preceptos cristianos como la redención.
Así, Moisés, Buda, Jesús o Mahoma eran
considerados los grandes maestros de la humanidad, pero para
AMORC "el más grande de los maestros no es otro
que el propio maestro interior, que es la encarnación
de Dios en cada ser humano". |
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Los rosacruces
reconocen en el hombre al menos tres partes constitutivas: cuerpo,
conciencia objetiva y conciencia inconsciente. De hecho, si
nos detenemos en el autorretrato de Jorge González Camarena
podemos distinguir un cuello perfectamente trabajado, sostén
y vértice de las concepciones místicas. La conciencia
objetiva evidencia la verticalidad y el inconsciente ve en el
gesto y la mirada una ventana hacia los secretos del universo. Se
puede sugerir lo mismo con el autorretrato de Roberto Montenegro,
donde se aprecian dos planos: uno superior ensombrecido y otro
inferior luminoso. Por la posición del rostro podemos
evocar la levitación de los cuerpos que estaba presente
desde distintas prácticas milenarias.
En el autorretrato de Roberto Montenegro se aprecian dos planos:
uno superior ensombrecido y otro inferior luminoso. Por la posición
del rostro podemos evocar la levitación de los cuerpos.
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En
el autorretrato de Carlos Mérida se evidencia uno de
los principios más importantes de los rosacruces: la
tierra sería una “gran escuela” a la que
el hombre retorna a través de la reencarnación.
Esta visión panteísta del universo |
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aunada a la astrología,
alquimia y otras disciplinas esotéricas que son muy importantes
para sus enseñan-zas, las podemos ver con la disposición
de astros y símbolos explícitos que le sirven
de fondo al artista. De manera recurrente aparece la estrella
de cinco picos, que parte de la esquematización arcaica
de lo masculino (^) en unión con lo femenino (v). La
constelación que aparece en la esquina superior izquierda
corresponde a la vista de un firmamento invernal que termina
en la esquina inferior derecha con el renacimiento de la primavera,
representado por lo vigorizante de los sencillos trazos de un
caballo. El aparente ocaso es en realidad el resurgimiento del
conocimiento. |
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Roberto Montenegro
Autorretrato
1946
Carbón y tinta sobre papel
38.6 x 32.4 cm |
En
el autorretrato de Carlos Mérida se evidencía
uno de los principios más importantes de los rosacruces:
la tierra sería una “gran escuela” a la que
el hombre retorna a través de la reencarnación. |
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El
ambiente mexicano de la primera mitad del siglo XX convivió
con estas prácticas que influyeron en los destinos de
una nación que buscaba consolidarse tras el doloroso
proceso de la Revolución. Si bien existen historiadores
que no consideran serios estos análisis, lo cierto es
que en el estudio de las mentalida-des estas disciplinas nos
abren expectativas de aná- lisis tan válidos como
nece-sarios para comprender la evolución de nuestro pensa-miento
y devenir en el tiempo y el espacio.
Carlos Mérida
Autorretrato
1951
Tinta sobre papel
38.6 x 32.4 cm |
ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN |
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