HÉCTOR PALHARES MEZA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

Los puertos lusos eran indispensables para sus barcos y
Portugal ni tenía fuerza para impedir que continuasen sirviéndose
de ellos ni quería hostilizar
[a los ingleses]
porque
eso representaría el fin del comercio
[…] El gobierno español,
dirigido entonces por Godoy,
elpríncipe de la paz, procuraba
convencer al de París de que sólo existía una forma de resolver
el problema: ocupar militarmente Portugal
.

JOSÉ HERMANO SARAIVA, HISTORIA DE PORTUGAL


NAPOLEÓN EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

En los albores del siglo XIX, Napoleón Bonaparte (1769-1821) consolidaba su carrera política, militar y expansionista en Europa y el norte de África. Al amparo de la bandera del Liberalismo, el joven emperador afianzó a lo largo y ancho del Viejo Continente los mensajes de la Revolución Francesa: los Derechos del Hombre y del Ciudadano, las garantías individuales y las bases de la libre competencia económica.

Su gran rival en estrategia era el Imperio Británico de los Hannover. Luego de la derrota naval francesa en la Batalla de Trafalgar (1806), Napoleón había decidido neutralizar el mercantilismo inglés mediante la prohibición de relaciones comerciales entre todas las naciones portuarias con el Reino Unido, y cerrarse a la libre navegación de barcos ingleses en las aguas del Atlántico. De no acatar la orden, la invasión francesa sería inminente. Sólo un pequeño país –ahí donde la tierra se acaba y el mar comienza, como escribió Luís Vaz de Camões–, se negó a obedecer la línea de Bloqueo Continental dictada por el gobierno francés: Portugal.

Con la intención de salvaguardar no sólo su integridad política absolutista, sino también las amplias ganancias comerciales de la venta del oporto a los ingleses, el entonces rey Juan VI de Braganza ordenó la salida de la familia real y de sus súbditos hacia Brasil. A fines de 1807 se embarcaron en Lisboa con destino a Río de Janeiro en el comienzo de una incierta historia para la monarquía portuguesa.

Para llegar al reino luso, el ejército francés debía cruzar los Pirineos y, desde luego, España. Bonaparte ofrecería al Primer Ministro hispano Manuel Godoy (1767-1851), tras la ocupación portuguesa, el gobierno del Alentejo y los Algarves –en el centro-sur y sur del país de los fados y la saudade.1Asimismo, la parte septentrional quedaba en manos del nieto del rey de España, guardando la Estremadura y las Beiras para el control francés, amén de las colonias en África y en América. A esta negociación se le conoce como el Tratado de Fontainebleau de 1807.

Ante la salida de Juan VI de Braganza con un séquito de diez mil personas hacia Río, desde la cumbre de Lisboa –en el románico Castillo de San Jorge– se izaba la bandera de Francia.


1Saudade es un vocablo lusitano utilizado por primera vez en la obra poética del escritor judío-luso Bernardim Ribeiro (1482-1552). En literatura, se vincula frecuentemente con nostalgia o melancolía por la patria, por la mujer amada, por las glorias del pasado ultramarino lusitano. Resulta intraducible de forma literal al castellano pues evoca más que una palabra a un estado emocional del inconsciente colectivo portugués.

 

En los días que siguieron al dominio total de la Península, el emperador de los franceses logró la renuncia al trono español de Carlos a favor de su hijo Fernando, y luego la de éste para el propio Napoleón. Faltarían solamente unos días para la jura de José Bonaparte (1768-1844) como el nuevo rey de España y de sus colonias en ultramar.


UNIROS CON LA ESPAÑA PARA MORORIR POR LA PATRIA



Vuestra suerte ha sido quizá la mas dura de quantas ha sufrido ningun pueblo de la tierra. Se forzó á vuestros Reyes à que huyesen de vosotros, y lo sucedido al de España es una prueba irrefrenable de la necesidad absoluta con que lo hicieron [...] Habeis sido despojados de Reyes, de leyes, de usos, de costumbres, de bienes, de libertad, de la misma vida, y de la santa Religion, que vuestros enemigos no han respetado nunca por mas que, segun su costumbre, prometan protegerla, y aun finjan y aparenten que tienen alguna.



EL INTERREGNO DE FERNANDO VII DE BORBÓN
Luego de las renuncias sucesivas de Carlos iv y de Fernando vii a favor de Napoleón, Joachim Murat (1767-1815) –cuñado de Napoleón y lugarteniente de España–, aguardaba el nombramiento oficial de José Bonaparte, hermano del emperador francés,  como nuevo monarca español. A este periodo comprendido entre los meses de mayo y junio de 1808 se le conoce tradicionalmente como interregno.




 



Con estas palabras del pueblo español, a través del gobierno legítimo de la junta suprema instaurada en Sevilla da inicio el bando del 30 de mayo de 1808 a los afligidos portugueses, cuya nación se encontraba invadida por las tropas napoleónicas al mando de Nicolas Jean de Dieu Soult (1769-1851). El general sería tristemente célebre por el saqueo del patrimonio civil y religioso que ordenó durante la ocupación, además de los casi cien mil muertos que dejó al finalizar la guerra.

El bando a los portugueses firmado por los secretarios Juan Bautista Esteller y Juan Bautista Pardo –hoy en el Centro de Estudios de Historia de México CARSO – en un tono fraternal apunta:

España veia entre el dolor y la desesperación vuestra esclavitud, y todos los horribles males que la han seguido.
Sois sus hermanos, y suspiraba por volar á vuestro socorro […] morir todos en defensa de la Patria; pero hacer morir con nosotros á esos viles enemigos. Venid, pues, Portugueses generosos a uniros con la España para morir por la Patria. […] Portugueses: vuestra Patria no peligra ya, sino que ha perecido. Unios, y volad á restablecerla y salvarla.

Trece años pasó la familia real portuguesa en Brasil. Durante la prolongada estancia, los monarcas impulsaron la creación de la Casa de Moneda, la Junta de Comercio, el Banco de Brasil, además de astilleros, aseguradoras, carreteras, periódicos, centros de enseñanza y la primera Academia Militar. El pueblo brasileño, ante el regreso inminente de los reyes a Europa, reclamó su independencia en 1821. Esto se concretaría bajo la directriz de Pedro (1798-1834), hijo mayor de Juan VI, quien permaneció en América para ser coronado el 1 de diciembre de 1822 como Primer Emperador del Brasil bajo el grito: ¡Independencia o muerte!

 

JUAN VI DE BRAGAN
(Lisboa, Portugal, 1767 – 1826)

João Maria José Francisco Xavier de Paula Luís António Domingos Rafael de Bragança era hijo de la reina doña María Francisca de Portugal y del príncipe consorte don Pedro. Asumió el trono como regente en 1799 luego de la enfermedad mental de su madre, pero sería coronado formalmente hasta 1816.
Fue un rey de carácter débil para las apremiantes tareas que el reino demandaba. El mayor conflicto que tuvo que afrontar fue la invasión francesa a la Península Ibérica entre 1807 y 1808. Durante su exilio en Brasil, acostumbró a sus súbditos a la presencia de un monarca en tierras americanas –situación que jamás tuvo lugar en el caso español o inglés–, y que luego sería génesis de la independencia de aquel país sudamericano.
Juan tuvo nueve hijos con la princesa Carlota Joaquina de España, entre los cuales destacaron Miguel, fiel conservador, y Pedro, de ideas liberales, que sería coronado más tarde como el Primer Emperador del Brasil.
Juan VI murió en 1826 rodeado de muchos rumores sobre un probable envenenamiento, debido al consumo de arsénico suministrado por algún miembro de su familia.

Durante el viaje de vuelta a Lisboa, don Juan VI y su familia recordarían las líneas enviadas a propósito de la invasión napoleónica años atrás: […] á los pies de aquel que os ha causado tantos males y que por la mas horrible perfidia ha usurpado vuestro Imperio, y os rige con cetro de hierro.


[1], [3] y [4] Bando de la Junta Suprema del Gobierno Español en Sevilla a los portugueses ante la ocupación francesa | 30 de mayo de 1808 | Impreso | Fondo CCLXXXVII | Col. Centro de Estudios de Historia de México CARSO
[2] Ambrosio Colombo | Busto del emperador Napoleón Bonaparte en la campaña de 1812 | 1885 | Bronce con pátina café

 

Regresar