SI ME ESTUVIERA PERMITIDO ESCOGER DE ENTRE LA BASURA LO QUE SERÁ PUBLICADO EN CIEN AÑOS
DESPUÉS DE MI MUERTE, SABE LO QUE TOMARÍA?
[…] TOMARÍA UNA SIMPLE REVISTA DE MODA PARA
SABER COMO SE VESTORÍAN LAS MUJERES
[…] Y SUS FANTASÍAS ME DIRÍAN MÁS SOBRE EL FUTURO DE
LA HUMANIDAD QUE TODOS LOS FILÓSOFOS, LOS NOVELISTAS, LOS PREDICADORES O LOS CIENTÍFICOS.

ANATOLE FRANCE

 

La fiebre por las novedades, la celebración del presente social y de la singularidad del individuo, el ímpetu por la caducidad y lo efímero y lo que Charles Baudelaire definió como el continuo deseo de la belleza, son algunos de los principios de la Modernidad de Occidente que trascienden el terreno del vestir: la moda.

El filósofo Gabriel de Tarde escribió: En los momentos históricos en que prevalecía la costumbre, la gente estaba más infatuada del propio país que de la época, pues se vanagloriaba sobre todo de los tiempos anteriores. Por el contrario, en las etapas en que domina la moda se está más orgulloso de la época que del país. Un poema del siglo XII refrenda este modelo de pensamiento: Lo que cambia pierde su valor.

La vestimenta de la antigüedad clásica se alteró poco a lo largo de los siglos: la indumentaria de un aristócrata egipcio o un patricio romano le correspondía por tradición sólo a su clase. Las prendas religiosas, étnicas y de las sociedades rurales también se mantuvieron al margen de la esfera de la moda y su regla permanente: inconstancia de formas y ornamentación.

 

A fines de la Edad Media y principios del Renacimiento los cambios sociales que se orientaron sobre el interés del hombre por el bienestar terrenal.

El individuo se volvió tema central para la pintura, la escultura y las artes. El vestido, más allá de proteger al cuerpo de las inclemencias del tiempo, y salvaguardar la modestia y el pudor, comenzó a vivirse cual emblema de lo singular.

Museo Soumaya presenta a partir del 1 de noviembre de 2008 y hasta abril de 2009, Moda y Modernidad. Por primera vez exhibe en la Ciudad de México su colección de prendas masculinas y femeninas, vestidos, accesorios, joyería, revistas y mobiliario que van de 1780 a 1950 y que develan las fantasías y las aspiraciones de la sociedad.

En esta exhibición sorprenden las medidas de los hombres y mujeres que vistieron esas prendas, el preciosismo de su hechura o, también, los largos tiempos que tomaba el arreglo personal cotidiano. Hilos de oro, textiles de seda natural, drapeados de esmerada confección, ornamentaciones y suntuosos materiales, en su mayoría provienen de la colección de Daniel Liebsohn, hoy en Museo Soumaya; a ellas se han sumado piezas de colecciones privadas del Museo Nacional de Historia -


Castillo de Chapultepec, Casa Domit, el Museo del Calzado El Borceguí, y préstamos extranjeros de El Instituto del Traje de Kyoto y el Museo de Arte de Filadelfia.

Las salas

Al iniciar el recorrido, los valores de la modernidad en prendas y accesorios, muestran el cambio constante y la novedad; las costumbres y las fantasías de seducción masculinas y femeninas. Retratos magistrales de antiguos maestros como Tiziano, Alonso Sánchez Coello y George Romney recuerdan los primeros siglos de la moda. El testimonio plástico de la vida moderna y su atuendo se aprecian en las pinturas impresionistas y de las vanguardias que se exhiben: Pierre-Auguste Renoir, Henry Somm, Georges Rouault, Paul Gauguin, Isaac Isräels, Maximilien Luce, Marie Laurencin, entre otros.

La segunda parte de la exposición, dedicada al negocio de la moda, la integran las obras de casas de alta costura como Worth, Chanel y Lanvin, grandes almacenes, los objetos de costureros familiares y los dibujos publicitarios de Casimiro Castro.

En la última parte de la muestra, prendas confeccionadas por modistos anónimos y las creaciones de Paul Poiret, Christian Dior y Cristóbal Balenciaga dialogan con pintura y escultura de una época que los vio surgir, tomar vida y quedar atrás. Artistas del siglo XIX y mediados del xx como Corot, Rodin, van Gogh, Duffy, Vlaminck, Miró, Dalí y Tamayo muestran los puntos de encuentro entre la plástica, el diseño y la cultura. Sobresale la colaboración entre Dufy y Poiret, o la de Chanel con Bernard Shaw y Jean Cocteau.

 


Costura europea | Vestido estilo Segundo Imperio con corpiño de fiesta, fichú de tarde y manga larga para uso de día | c 1864 | Tafeta de seda, volante de terciopelo, encaje de blonda, encaje de chantilly y pedrería

 

Sobre el cuerpo no puede existir nada frívolo, todo importa.

ANTES DE SIGNO DE LA RAZÓN VANIDOSA, LA MODA ES TESTIMONIO DEL PODER DEL GÉNERO HUMANO PARA CAMBIAR E INVENTAR LA PROPIA APARIENCIA Y ÉSTE ES PRECISAMENTE UNO DE LOS ASPECTOS DEL ARTIFICIALISMO MODERNO, DE LA EMPRESA DE LOS HOMBRES: LLEGAR A SER LOS DUEÑOS DE SU CONDICIÓN DE EXISTENCIA.

GILLIES LIPOVETSKY


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