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Del
20 de noviembre de 2004 a junio de 2005 |
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A
cien años del natalicio de Miguel Covarrubias, Museo
del Estanquillo y Museo Soumaya presentan una muestra de caricaturas,
bocetos, pinturas, autorretratos y libros que dan cuenta de
su prolífica carrera como ilustrador, caricaturista y
museólogo. |
Miguel Covarrubias (1904-1957)
La changuita
(1904-1957)
Gouache y lápiz sobre papel
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Miguel
Covarrubias, el chamaco, nació hace cien años.
Observador con agudeza excepcional, vivió poco más
de cincuenta. Con línea segura documentó y colaboró
en la construcción de la imagen del New Negro del Renacimiento
de Harlem, así como de la sociedad neoyorquina; recorrió
e investigó la isla de Bali, y después regresó
a México en donde encaminó su vitalidad creativa
a la investigación y exposición del patrimonio
popular, étnico y artístico de nuestro país. |
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Miguel Covarrubias (1904-1957)
Autorretrato
1946 Acuarela sobre papel
38.6 x 32.4 cm
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El
diverso y rico trabajo de Covarrubias en la colección
Monsiváis muestra dos horizontes: ¿en qué
forma plasmó a los suyos?, los mexicanos, y ¿cómo
se reconoció en ello? y ¿cómo miró
a los otros?, americanos, asiáticos, europeos y africanos.
El acervo da cuenta de la búsqueda artística de
Miguel Covarrubias, en el extranjero y de regreso a la patria.
Y bocetos de su estancia en la ciudad de Nueva York o la caricatura
del Príncipe de Gales hasta la del Burlesque del Manhattan
Casino; las ilustraciones de libros como Negro Drawings o La
cabaña del tío Tom; personajes del mundo del espectáculo
como Corinne Griffith, la reina del cine silente, de sus amigos
Diego Rivera y Roberto Montenegro; de personajes de la cultura
popular en México, la changuita y don Catarino; entre
los de la política, Hitler, Manuel Ávila Camacho,
Chiang-Kai-Shek. |
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Miguel
Covarrubias llevó la caricatura a una síntesis
excepcional compuesta de fina ironía, dibujo preciso
y percepción exacta de la personalidad del retratado;
su genio lo llevó al triunfo en México y en el
mundo, en especial en Estados Unidos. La colección que
Museo del estanquillo y Museo Soumaya presentan, del 26 de noviembre
de 2004 a finales de febrero de 2005 en Plaza Cuicuilco, es
representativa de su prolífica carrera como ilustrador,
caricaturista y museólogo. |
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Miguel Covarrubias (1904-1957)
Negro tocando guitarra con negra escuchando embelesada
(1904-1957) Boceto para forro de libro “Muleas and Men”
1935
Pastel, tinta y carbón sobre papel 21 x 21 cm
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Retratista de
las etnias rurales y de las urbanas, sus obras hacen de esta
exposición testigo de los cambios en la cultura y del
espíritu inquieto de la primera mitad del siglo XX. |
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Miguel
Covarrubias
Tehuana
(1904-1957)
Gouache y tinta china sobre papel
27.4 x 21.5 cm
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Miguel Covarrubias
Lindy Hop
(1904-1957)
Ca.1927 Lápiz sobre papel
34 x25.5 cm
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Esta
muestra es parte del Homenaje Nacional Cuatro miradas de Miguel
Covarrubias, que el CONACULTA a través del INBA, y los
museos Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo y Museo Mural
Diego Rivera realizan. |
Carlos Monsiváis
define a Miguel Covarrubias como el muy coleccionable y comparte
con nosotros, además de su obra, su visión sobre
ella:
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¿Desde
cuándo colecciono algo de la obra de Miguel Covarrubias?
Desde que dispuse de las mínimas posibilidades adquisitivas,
eso que en rigor se llama “entrar en razón”.
Del Chamaco (aún le decían así en la década
de 1950) conocí primero la fama y luego, pausadamente,
la producción admirable. Supe vagamente de su serie de
Harlem, y vi reproducidos algunos dibujos para la coreografía
Zapata de Guillermo Arriaga. Luego me enteré de su condición
autodidacta y su triunfo en Nueva York, en donde se instala
a los 19 años de su edad a trabajar en el consulado de
México. También leí de sus primeros apoyos:
el poeta José Juan Tablada, el mexicano más relacionado
en Nueva York, el escritor y fotógrafo Carl Van Vechten,
el promotor infatigable de Harlem y del arte de los negros norteamericanos,
que se entusiasma con los dibujos de este joven que apenas habla
inglés y a quien describe tímido, sonriente, silencioso,
y dueño de un inglés más bien difícil.
Van Vechten lo lleva a Vanity Fair (entonces, la revista), y
allí su talento es la recomendación ilimitada,
y lo demás es historia de la caricatura. En Vanity Fair,
Covarrubias trabaja de 1924 a 1936, conoce y frecuenta celebridades
y crea un estilo radicalmente distinto a lo conocido. |
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De inmediato
su imaginación (y la inteligencia interpretativa adjunta)
lo sitúa como un punto de vista indispensable (una sucesión
de puntos de vista). En su caso, la ironía es una función
de la forma, él nunca es despiadado, y su energía
la obtiene del movimiento de los trazos siempre memorables.
Covarrubias capta con elegancia y gracia la fiesta interminable
de la década de 1920, la era del jazz y las divas de
Hollywood, de la experimentación teatral y plástica
y del descubrimiento de los sectores marginados por el racismo
y el dinamismo urbano.
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Miguel
Covarrubias
Capitan,
(1904-1957)
diseño de vestuario para la obra de teatro Androcles y
el león
1925 Lápiz y gouache sobre papel
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Es naturalmente
prolífico, expone, hace escenografías para teatro,
ilustra libros y publica en 1925 la primera recopilación
de sus dibujos: The Prince of Wales and Other Famous Americans
(Editorial Alfred A. Knopf), una antología magistral. |
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He ido
entreverando los datos sobre Covarrubias con la contemplación
fascinada de su obra. Me admiran su espíritu viajero,
el vértigo dancístico de su serie Negro Drawings,
el donaire, la gracia, la urbanidad en el mejor sentido del
término, el señorío estético que
incorpora a Harlem, a Bali, al sur de México. Sin condescendencia
alguna, con asombro genuino ante la cultura que se resiste a
los rechazos y exterminios del racismo, Covarrubias no se confina
al cuerpo dancístico; recorre el paisaje humano de estos
ghettos, la fuerza expresiva de prostitutas, gángsters,
empresarios, trabajadores, cantan- tes, músicos, parejas
de amantes, (Harlem) o la belleza radical de los nativos y las
nativas (Bali).
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Miguel
Covarrubias
Eduardo VIII, Príncipe de Gales
( 1904-1957)
[1894-1972]
1925
Tinta china y lápiz sobre papel
18.5 x 10.7 cm |
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En
escala muy modesta (todo coleccionista que se respete debe aceptar
ese nivel), he adquirido los Covarrubias que el destino (ese
también modesto nombre del vago azar) me ha deparado.
Ahora los pongo a la disposición de miradas de seguro
más lúcidas pero difícilmente más
entusiastas que la mía.
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Galería de algunas piezas
de la colección
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