Símbolo de dominio político y mercantil entre Oriente y Occidente, epicentro de la efervescencia creativa europea, tránsito de los estilos Gótico, Bizantino, Renacentista, Manierista, Barroco y el Neoclasicismo, Venecia fue el destino por excelencia del Grand Tour, aquel viaje de placer y cultura que debían realizar desde fines del siglo XVII, los jóvenes aristócratas ingleses hacia las principales ciudades de los Reinos italianos. La Venecia de Bellini y Lotto, de Tiziano, il Tintoretto, il Veronese y los Tiepolo. La ciudad sobre la laguna emerge entre canales encima de un bosque de pilotes, con su esplendor en seis centurias de fecunda representación artística.
A partir de una de las colecciones más grandes en el mundo sobre el tema, Museo Soumaya.Fundación Carlos Slim presenta una selección de 183 obras de 68 artistas, entre óleos, acuarelas, pasteles, dibujos, estampas y fotografías, que dan cuenta de la magnificencia de una ciudad que se dejó acariciar por la mirada y la emoción de los más importantes autores.
El territorio único rodeado por las aguas del Adriático, en el que se concentró la preciosidad, es también un mundo de evocaciones festivas: el Día de la Ascensión con aquel portento de embarcación que fue el Bucintoro, que realizaba el trayecto del dux para celebrar el matrimonio de la ciudad con el mar; la regata; la batalla de los puños; y el carnaval, escenario de mascarada y de los personajes de la Comedia del Arte.
Encontraremos la Venecia que fue el teatro perfecto para desarrollar los impulsos creativos de literatos, músicos, arquitectos, escultores, pintores, escenógrafos y fotógrafos.
Aguda sensibilidad del entorno, ejercicio de contemplación, refinamiento y nostalgia, esplendor y decadencia.
Desde los caprichos hasta los elocuentes rasgos topográficos de vistas imposibles para el ojo humano, solo resueltas a través de la cámara oscura y la imaginación, con palacios, iglesias y puentes; vistas matinales, atardeceres, crepúsculos y noches de luna que encienden con reverencia plástica, el contorno del enlace único entre una urbe y su manto de mar; canales, plazuelas y callejones con tendederos y vida cotidiana; para culminar con pinturas de trazos vibrantes y vanguardistas, así como un gran sentido del espacio de artífices quienes sintieron el espectáculo de la Serenísima a través del vaporetto o la góndola, en el recurrente trayecto por el Gran Canal.
Como pasajeros de Venecia. Una travesía por seis siglos, esta es una invitación a encontrar la luz y la atmósfera de nítidos celajes, además de la exquisita descripción arquitectónica, el color y sus reflejos en el agua. Es a la sombra de estos cuadros que se cumple la narrativa imaginaria del viaje con ese acento puesto en el Romanticismo. Sugestivo paseo en una barca por canales y debajo de hermosos arcos, desde los que se suspiran leyendas, relatos históricos y romances.
Lugar de Vivaldi y sus estaciones; espacio donde Goethe contempló por primera vez el mar; sitio donde Gustav von Aschenbach, el personaje de Thomas Mann en Muerte en Venecia, se dio cita y quedó hechizado por la hermosura del joven Tadzio –a quien después inmortalizaría el director de cine Luchino Visconti—; enclave del bellini y Hemingway; encuentro único en el que convergen la realidad y la fantasía. Eso hace de Venecia y su representación artística, una experiencia especial para la contemplación y la celebración de la belleza.
Bienvenidas, bienvenidos, al viaje.